Sábado, 26 de septiembre de 2026
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El régimen cubano encarece el pasaporte para emigrantes ocho meses después de tildar el aumento de «falsa» información

El régimen cubano encarece el pasaporte para emigrantes ocho meses después de tildar el aumento de «falsa» información

El gobierno cubano aumentará a partir del mes de octubre el costo de los pasaportes y de la mayoría de los trámites consulares en el exterior, según una resolución publicada por el Ministerio de Relaciones Exteriores (MINREX). La medida, que eleva el precio del documento de identidad para mayores de 16 años de 180 a 200 dólares o euros, llega apenas ocho meses después de que la propia Cancillería cubana desmintiera cualquier modificación arancelaria y acusara de «desinformación» a quienes alertaban sobre el alza. El incremento se impone en medio de la peor crisis económica y migratoria de la historia reciente de la isla.

La Resolución 37/2026, firmada recientemente por el canciller Bruno Rodríguez Parrilla y publicada en el portal de embajadas y consulados, detalla un incremento generalizado que afecta directamente a la diáspora cubana. El pasaporte para adultos pasa a costar 200 dólares o euros, lo que representa un alza del 11,1 %. Para los menores de 16 años, el arancel se eleva de 140 a 160 (14,3 % más), mientras que el pasaporte provisional queda fijado en 120. El encarecimiento no se limita al documento de viaje, sino que se extiende a casi todo el arancel consular, convirtiendo cualquier gestión burocrática en el extranjero en un oneroso desembolso para los cubanos.

Lo más llamativo de esta decisión del régimen de La Habana es la flagrante contradicción con sus propios pronunciamientos. A inicios de este año, la directora general de Asuntos Consulares y Cubanos Residentes en el Exterior del MINREX, Ana Teresita González, utilizó su cuenta en la red social X para desmentir categóricamente los rumores sobre un alza. «FALSO. La información que circula sobre un aumento en el precio del pasaporte cubano para residentes en el exterior NO ES CIERTA», escribió entonces la funcionaria, exigiendo a los usuarios consultar «solo información de canales oficiales para evitar la desinformación». Este tipo de prácticas, donde las autoridades de la isla niegan realidades que poco después se materializan, socava aún más la ya mermada credibilidad institucional del ejecutivo cubano.

Una extorsión tarifaria contra la diáspora

El aumento de los aranceles consulares abarca una amplia gama de servicios vitales para los cubanos en el exterior. La solicitud de certificaciones de nacimiento, matrimonio, divorcio, defunción, soltería o antecedentes penales ahora cuesta 30 dólares o euros, más 110 por su expedición. En la zona euro, esto implica un incremento del 40 %, pasando de 100 a 140 euros. Si el documento requiere legalización, el ciudadano debe sumar 70 por el trámite en la embajada del país de destino en La Habana y otros 50 por el Ministerio de Justicia. Los documentos académicos figuran entre los más caros: la certificación de notas o planes de estudio cuesta 290, más 30 de solicitud, mientras que el certificado de graduado o título no inhabilitado vale 240.

(Captura de pantalla)

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Otros trámites reflejan el mismo patrón de extracción de divisas. Un poder general o para pleitos otorgado ante el cónsul tiene un precio de 220, y uno especial de 160. Celebrar un matrimonio en el consulado cuesta 210. Quizás el ejemplo más extremo de esta política de cobros es el trámite para renunciar a la ciudadanía cubana, que exige el desembolso de 1.000 dólares o euros en total: 500 por la solicitud y otros 500 por la obtención del documento final. Las exenciones a estos pagos son mínimas y se limitan casi exclusivamente a funcionarios de misiones diplomáticas, cooperantes, becarios oficiales y pacientes en tratamientos autorizados por el Ministerio de Salud Pública.

Justificaciones oficiales frente a la realidad interna

Para justificar el incremento, la nota informativa que acompaña a la resolución del MINREX atribuye el ajuste al «complejo panorama macroeconómico internacional actual, marcado por una inflación global sostenida con impacto en todos los sectores de la economía». Sin embargo, el texto legal ofrece una justificación diferente en su tercer considerando, omitiendo la inflación y argumentando la necesidad de «actualizar los derechos consulares que se cobran para que se correspondan con los nuevos procedimientos de tramitación de servicios». La dictadura cubana recurre así a la retórica habitual de culpar a factores externos por una crisis que es eminentemente estructural y producto de la ineficiencia del modelo económico centralizado.

Esta subida tarifaria revierte en parte las medidas adoptadas por el propio gobierno cubano hace tres años. En aquel momento, el régimen había ampliado la vigencia del pasaporte de seis a 10 años para mayores de 16 años, y a cinco para los menores, eliminando además la prórroga obligatoria cada dos años. Entonces, el MINREX anunció la reducción del costo a 180 y 140 dólares o euros, respectivamente. Aunque la nueva resolución mantiene la vigencia de 10 y cinco años, el aumento de 20 unidades monetarias por documento representa un duro golpe para las familias emigrantes que deben renovar sus documentos o realizar trámites urgentes.

El nuevo marco migratorio y el control del Estado

El encarecimiento de los trámites consulares llega en un momento crucial para la política migratoria de la isla. En las próximas semanas entrará en vigor el nuevo régimen migratorio, compuesto por la Ley de Migración, la Ley de Ciudadanía y la Ley de Extranjería (leyes 171, 172 y 173), publicadas en la Gaceta Oficial con un plazo general de 180 días para su implementación. Según anunció el primer coronel Mario Méndez Mayedo, jefe de la Dirección de Identificación, Inmigración y Extranjería del Ministerio del Interior, una de las principales novedades de la Ley de Migración es la eliminación de la pérdida automática de la residencia para quienes permanezcan más de 24 meses en el exterior.

Si bien la eliminación de la pérdida de residencia ha sido presentada como una flexibilización, expertos y sectores de la oposición advierten que, en la práctica, la dictadura mantiene intactos los mecanismos de control sobre su población. El nuevo marco legal no implica una apertura democrática ni un reconocimiento pleno de los derechos de los emigrantes, sino una readecuación de las herramientas de vigilancia y recaudación. El aumento de los precios del pasaporte y otros servicios justo antes de la entrada en vigor de estas leyes sugiere una estrategia calculada para maximizar la entrada de divisas frescas a las arcas del Estado, aprovechando la dependencia burocrática de los cubanos en el exterior.

Contexto: El éxodo masivo y el colapso económico

Para entender la magnitud de esta medida, es imprescindible contextualizarla dentro de la profunda crisis sistémica que atraviesa Cuba. La isla ha experimentado en los últimos años un éxodo migratorio sin precedentes, impulsado por el colapso de los servicios públicos, la escasez crónica de alimentos y medicinas, los apagones prolongados y la falta de oportunidades laborales. Cientos de miles de cubanos han emigrado a Estados Unidos, Europa y América Latina huyendo de la represión política y la miseria económica. Esta diáspora masiva se ha convertido, paradójicamente, en una de las principales fuentes de supervivencia para quienes se quedan en el país, a través de las remesas.

El régimen de La Habana, asfixiado por la caída de sus ingresos por exportaciones y el fracaso de su modelo productivo, ha encontrado en los cubanos residentes en el exterior un mercado cautivo para la extracción de divisas. Los cobros consulares son una vía directa de financiamiento que el gobierno utiliza para paliar su déficit fiscal. Al aumentar los precios de los pasaportes y certificaciones, las autoridades de la isla están gravando a aquellos mismos ciudadanos que se vieron obligados a abandonar el país por las políticas fallidas del ejecutivo cubano. Es un círculo vicioso donde la miseria generada por el sistema empuja a la emigración, y luego el Estado se lucra de las necesidades administrativas de los emigrados.

Además, la inflación que el MINREX invoca como justificación para subir los aranceles golpea de manera mucho más brutal dentro de Cuba que en el ámbito internacional. La devaluación del peso cubano, la dolarización de facto de la economía y la incapacidad del gobierno para estabilizar la macroeconomía son consecuencias directas de la falta de planificación y del control absoluto del Estado sobre los medios de producción. Culpar a la «inflación global» es un ejercicio de cinismo institucional que busca ocultar la responsabilidad del régimen en el empobrecimiento generalizado de la población.

Implicaciones futuras y respuesta de la diáspora

El impacto de esta resolución recaerá directamente sobre las familias divididas por el estrecho de la Florida y otras fronteras. Muchos emigrantes, que envían remesas mensuales para sostener a sus familiares en la isla, tendrán que hacer un esfuerzo adicional para costear la renovación de documentos o la obtención de certificados necesarios para trámites legales, herencias o viajes. La medida podría también desincentivar la formalización de estatus migratorios o la renuncia a la ciudadanía, dejando a muchos cubanos en un limbo legal que el Estado puede utilizar como herramienta de presión o chantaje.

En el plano político, este nuevo arancelario evidencia la desconexión total del gobierno cubano con las necesidades y realidades de su diáspora. Lejos de promover políticas de acercamiento o de reconocimiento de los derechos plenos de los cubanos en el exterior, la dictadura cubana opta por la vía del cobro exorbitante. La comunidad internacional y las organizaciones de derechos humanos deberán seguir de cerca cómo estas medidas afectan el derecho a la libre circulación y el acceso a la documentación básica de cientos de miles de ciudadanos, en un país donde el control de la movilidad ha sido históricamente un instrumento de represión y dominación política.

Equipo Editorial Reporte Cuba Ya
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