El gobierno cubano ha acelerado en los últimos meses un proceso de dolarización parcial de su economía interna, abriendo o reconvirtiendo más de 85 establecimientos comerciales en apenas cuatro meses. Según una investigación del medio independiente El Toque, esta medida responde a la urgente necesidad del régimen de La Habana por captar moneda dura frente a la profunda crisis estructural que atraviesa la isla, consolidando un modelo económico cada vez más excluyente y dependiente de las remesas.
El pistoletazo de salida para esta nueva etapa de dolarización fue el estreno del mercado ubicado en 3ra y 70, en el municipio habanero de Miramar. Desde la apertura de este establecimiento a principios de 2025, las autoridades de la isla han impulsado una rápida expansión de tiendas que operan exclusivamente en dólares estadounidenses. Hasta el cierre de abril, el listado compilado por El Toque registra la creación o adaptación de al menos 85 centros comerciales bajo este esquema en todo el territorio nacional.
El conglomerado empresarial GAESA, el brazo económico de las Fuerzas Armadas Revolucionarias que controla el comercio minorista en la isla, es el principal beneficiario de esta política. La transición implica que muchos de estos establecimientos, que hasta hace pocos meses operaban cobrando en Moneda Libremente Convertible (MLC), han pasado a exigir el pago en dólares estadounidenses. Las transacciones pueden realizarse en efectivo o a través de tarjetas magnéticas nacionales como Clásica, AIS y Tropical, así como con tarjetas internacionales de débito emitidas por Visa o Mastercard.
Desigualdad territorial y exclusión social
El análisis de la distribución geográfica de estos nuevos mercados revela una marcada concentración de recursos en la capital. La Habana acapara 38 de los 85 establecimientos dolarizados, un contraste abismal si se compara con provincias como Camagüey, Las Tunas o Sancti Spíritus, donde apenas se contabilizan dos tiendas bajo este formato. Esta centralización evidencia cómo el ejecutivo cubano prioriza la extracción de divisas en zonas donde la presencia de diplomáticos, empresarios extranjeros y cubanos con acceso a remesas es mayor, marginando a amplios sectores de la población del acceso a productos básicos.
La «dolarización parcial» de la economía funciona como un salvavidas financiero para la dictadura cubana, pero representa una profundización de la segregación social en el país. En su momento, el gobierno cubano aseguró que menos del 10% de las tiendas de la isla operarían con dólares, argumentando que sería una medida focalizada. Sin embargo, la realidad ha desmentido estas afirmaciones, demostrando que la captación de moneda extranjera se ha convertido en la prioridad absoluta del Estado, en detrimento del comercio en moneda nacional.
Un modelo rentista y agotado
El economista e investigador Mauricio de Miranda Parrondo ha ofrecido un análisis detallado sobre esta política económica, señalando que las recientes medidas demuestran el carácter estrictamente rentista del Estado cubano. Para el experto, el régimen se dedica a «exprimir» a la sociedad hasta sus límites, sin comprender que el modelo de extracción constante tiene un techo. «Llega un momento en el que hasta el limón -que una vez nos dijeron que era ‘la base de todo’- ya no suelta zumo. Exprimir a una sociedad es explotarla, eso no tiene otro nombre», afirmó Miranda Parrondo en sus reflexiones.
El académico recuerda que esta no es una práctica nueva, sino la continuación de una estrategia de extracción de riqueza que la dictadura ha aplicado durante más de cuatro décadas. Desde la creación de las tiendas del oro y la plata en los años 80, donde los cubanos cambiaban sus joyas por «certificados de divisas», pasando por la apertura de las Tiendas de Recuperación de Divisas (TRD), la posterior implantación del CUC o «chavito», hasta el reciente y fallido intento de unificación monetaria con la «Tarea Ordenamiento». Todas estas medidas, según el economista, han tenido un único objetivo: captar las remesas y los ahorros de la población.
Contexto: Crisis estructural y éxodo migratorio
La aceleración de la dolarización comercial no puede entenderse sin vincularla a la crisis sistémica que sufre la isla. La economía cubana atraviesa un periodo de hiperinflación en moneda nacional, colapso de la infraestructura productiva, desabastecimiento crónico de combustible y un severo déficit fiscal. Ante la imposibilidad de generar riqueza mediante la producción o la exportación, el régimen de La Habana depende casi exclusivamente del turismo, que no se ha recuperado a niveles prepandemia, y de las remesas enviadas por la diáspora.
En este contexto, la proliferación de tiendas en dólares está directamente relacionada con el fenómeno migratorio que ha vaciado a Cuba de su fuerza laboral y juvenil. Al dolarizar los productos de primera necesidad, el gobierno cubano obliga a los ciudadanos que permanecen en la isla a depender de las remesas enviadas desde el extranjero para sobrevivir. De esta manera, el exilio se convierte en el principal subsidio del sistema, financiando con su trabajo en el exterior la maquinaria comercial controlada por el sector militar.
La desconexión entre los salarios pagados en pesos cubanos y los precios en dólares agrava la desigualdad. Un profesional en la isla puede ganar el equivalente a 15 o 20 dólares al mes, una cantidad insuficiente para cubrir las necesidades básicas en un mercado dolarizado. Esta brecha económica es uno de los principales motores del éxodo migratorio hacia Estados Unidos, América Latina y Europa, ya que la ciudadanía no vislumbra alternativas de progreso dentro del esquema impuesto por las autoridades.
«Resulta inadmisible tanta burla a la Nación cubana», concluye Miranda Parrondo, advirtiendo que tanto los residentes en la isla como los emigrados son víctimas de este sistema de explotación. La dependencia de las remesas crea un círculo vicioso donde la falta de oportunidades empuja a la migración, y los migrantes, a su vez, envían dinero que termina en las arcas de GAESA para mantener a flote un modelo económico inviable.
Implicaciones a futuro
El futuro inmediato apunta a una profundización de este modelo de dolarización asimétrica, con consecuencias políticas y sociales graves. La consolidación de un mercado paralelo en dólares dejará a gran parte de la población en una situación de vulnerabilidad extrema, limitando su acceso a alimentos, higiene y medicinas. Esta dinámica de exclusión podría traducirse en un aumento de la tensión social, similar a los estallidos vistos en años anteriores, lo que probablemente derive en una respuesta represiva por parte de la dictadura cubana para mantener el control público.
Asimismo, la comunidad internacional y las organizaciones de derechos humanos deberán enfrentar el reto de una Cuba cada vez más fragmentada, donde la supervivencia está condicionada a la lealtad al régimen o al acceso a divisas externas. La actual estrategia económica del gobierno cubano no solo posterga las reformas estructurales que el país necesita, sino que asegura la continuidad de un sistema que privilegia la captación de divisas por encima del bienestar y la dignidad de su propio pueblo.


