Domingo, 27 de septiembre de 2026
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El régimen cubano anticipa una temporada ciclónica activa en 2025 ante la vulnerabilidad estructural de la isla

El régimen cubano anticipa una temporada ciclónica activa en 2025 ante la vulnerabilidad estructural de la isla

El Instituto de Meteorología de Cuba (Insmet) pronostica la formación de 15 ciclones tropicales en el Atlántico para la temporada 2025, de los cuales ocho podrían convertirse en huracanes. Con una probabilidad del 50% de impacto directo sobre el territorio nacional y un 70% de afectación por tormentas tropicales, las autoridades de la isla enfrentan un panorama climático que amenaza con colapsar una infraestructura ya deteriorada por años de mala gestión gubernamental y profunda crisis económica.

El reporte oficial, difundido a través de las redes sociales del Insmet, detalla que la temporada ciclónica, que abarca del 1 de junio al 30 de noviembre, se presenta como «activa». El organismo meteorológico cubano proyecta que diez de estos sistemas se desarrollarán en el Atlántico, tres en el mar Caribe y dos en el golfo de México. Además, existe un 75% de probabilidad de que al menos un huracán se origine y se intensifique en la zona caribeña, lo que representa una amenaza inminente para el archipiélago cubano debido a su posición geográfica.

Los factores que motivan este pronóstico incluyen temperaturas superficiales del mar que se mantienen elevadas en la franja tropical del Atlántico Norte y el Caribe. Aunque el Insmet aclara que no se esperan valores tan extremos como los registrados durante 2024, el calor oceánico sigue siendo un catalizador clave para el desarrollo y fortalecimiento de los fenómenos atmosféricos. A esto se suma la presencia actual de un evento débil de La Niña Oscilación del Sur (AENOS), que se prevé evolucione hacia un régimen neutral en el océano Pacífico, condicionando el comportamiento climático en la región durante el resto del año.

Los pronósticos del gobierno cubano coinciden con los de entidades meteorológicas internacionales. La empresa estadounidense AccuWeather también advierte sobre una temporada intensa para 2025. Su experto principal en huracanes, Alex DaSilva, alertó a principios de abril sobre la probabilidad de una rápida intensificación de las tormentas, impulsada por el alto contenido de calor oceánico y temperaturas del mar muy por encima de la media. AccuWeather estima entre 13 y 18 tormentas con nombre, de las cuales siete a diez podrían ser huracanes, y de tres a cinco clasificarían como «huracanes mayores» (categoría 3 o superior en la escala Saffir-Simpson).

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El trauma de 2024: Óscar y Rafael

Para comprender la magnitud del riesgo que enfrenta la población cubana, es indispensable observar el impacto devastador de la temporada ciclónica de 2024. El año pasado dejó una estela de destrucción con siete tormentas tropicales y once huracanes, cinco de ellos de gran intensidad. El huracán Óscar tocó tierra en la provincia de Guantánamo el 20 de octubre con vientos de hasta 130 km/h. Aunque se degradó a tormenta tropical, su paso resultó letal: causó la muerte de ocho personas, dañó aproximadamente 12.000 viviendas, provocó inundaciones severas y arrasó cultivos agrícolas esenciales.

Poco después del paso de Óscar, el huracán Rafael, de categoría 3, golpeó con furia el occidente del país, afectando con especial severidad a la provincia de Artemisa. Sus vientos sostenidos de 185 km/h también azotaron La Habana y Mayabeque, pero el daño más profundo fue el colapso total del ya frágil Sistema Electroenergético Nacional (SEN). La incapacidad del ejecutivo cubano para mantener una red eléctrica resiliente dejó a millones de personas a oscuras durante días, evidenciando la vulnerabilidad estructural del país frente a eventos climáticos extremos.

Vulnerabilidad estructural y desidia institucional

La amenaza de una nueva temporada ciclónica activa aterriza en una Cuba sumida en una profunda crisis multifactorial. El desabastecimiento crónico, la inflación descontrolada y el deterioro acelerado de los servicios públicos configuran un escenario donde la resiliencia de la población ha sido llevada al límite. El déficit habitacional en la isla supera las cifras históricas, con cientos de miles de viviendas en mal estado o parcialmente derruidas. Ante la inminencia de vientos huracanados o inundaciones, la población sabe que el régimen de La Habana carece de los recursos materiales y de la logística necesaria para proteger los inmuebles o facilitar evacuaciones dignas.

El sistema eléctrico, que colapsa incluso en días sin precipitaciones, es uno de los puntos más críticos. La dependencia de plantas termoeléctricas obsoletas y la falta de combustibles suficientes hacen que el impacto de un ciclón se traduzca automáticamente en apagones prolongados que paralizan la economía, afectan el suministro de agua y comprometen la conservación de alimentos. A esta vulnerabilidad física se suma la represión social. La dictadura cubana suele aprovechar los estados de alerta y los desastres naturales para incrementar el control policial, restringir la movilidad de la ciudadanía y silenciar las quejas sobre la ineficiente distribución de recursos, priorizando la contención del descontento social sobre el bienestar de los afectados.

Asimismo, el constante éxodo migratorio ha alterado la demografía del país, dejando a muchos hogares compuestos únicamente por personas ancianas o dependientes, quienes son los más vulnerables ante la llegada de un huracán. La falta de mano de obra joven también impacta las labores de recuperación y limpieza post-desastre, ralentizando cualquier intento de retorno a la normalidad. Las promesas de reconstrucción por parte de las autoridades suelen quedar en discursos televisivos, mientras la población debe asumir con sus propios medios y escasos recursos la reparación de sus hogares.

Un panorama que exige preparación y transparencia

El Insmet ha anunciado que el próximo 5 de agosto publicará una actualización de este pronóstico, en pleno desarrollo de la temporada. Sin embargo, la precisión meteorológica poco puede hacer frente a la impreparación estructural del Estado. La comunidad internacional y las organizaciones humanitarias deberán mantener una vigilancia cercana sobre la isla, dado que la ocurrencia de un desastre natural podría desencadenar una crisis humanitaria de proporciones inéditas bajo el silencio y la opacidad informativa habitual.

En definitiva, la cercanía de la temporada ciclónica 2025 no es solo un desafío climático, sino una prueba más de la incapacidad del gobierno cubano para garantizar la seguridad y el bienestar de sus ciudadanos. Mientras las autoridades de la isla emiten alertas meteorológicas, la población enfrenta la doble amenaza de la furia de la naturaleza y la ineficiencia de un sistema que, durante décadas, ha priorizado el control político sobre el desarrollo y la protección de la infraestructura nacional.

Equipo Editorial Reporte Cuba Ya
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Equipo Editorial Reporte Cuba Ya

Equipo editorial de Reporte Cuba Ya, medio digital independiente especializado en noticias de Cuba. Cubrimos politica, derechos humanos, economia, feminicidios, presos politicos, oposicion y la crisis humanitaria en la isla. Nuestro compromiso es la veracidad, la independencia editorial y el rigor periodistico.

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