El régimen de La Habana enfrenta una nueva evidencia del profundo deterioro del sistema sanitario cubano, esta vez en el ámbito de la oncología. Un alto especialista de la provincia de Sancti Spíritus ha admitido públicamente la grave deficiencia en los tratamientos contra el cáncer, la escasez de medicamentos vitales y el colapso de las máquinas de radioterapia, una crisis que está obligando a los pacientes a recurrir a presuntos pagos clandestinos para acceder a servicios que deberían ser gratuitos y universales.
El doctor Jorge Álvarez Blanco, jefe del Grupo Provincial de Oncología Médica de Sancti Spíritus, concedió una entrevista al periódico oficialista Escambray donde desmanteló la narrativa oficial de una salud pública pujante. El especialista confirmó que el cáncer se mantiene como la segunda causa de muerte en esa provincia, con cifras que rozan las de las enfermedades cardiovasculares, y expuso cómo el sistema de salud enfrenta dificultades insalvables para el diagnóstico y tratamiento oportuno de la enfermedad.
Las estadísticas proporcionadas por el galeno reflejan la magnitud de la tragedia silenciosa que azota a la isla. En los últimos 15 años, se han diagnosticado en Sancti Spíritus alrededor de 2.000 nuevos casos de cáncer por año, mientras que más de 1.000 personas fallecen anualmente a causa de esta dolencia. El doctor Álvarez aclaró que estas muertes no corresponden necesariamente a los nuevos diagnósticos del mismo año, sino al progresivo avance de la enfermedad en una población que no recibe la atención médica adecuada debido a la falta de recursos.
El núcleo del problema, según la admisión del especialista, radica en la inexistencia de tratamientos efectivos. El tratamiento oncológico específico con quimioterapia y radioterapia, por su alto costo, se encuentra «muy deficitario y muy dañado» en la actualidad. El médico alertó que no se encuentran disponibles todos los citostáticos del cuadro básico de medicamentos, lo que rompe los protocolos internacionales de atención. Los esquemas de quimioterapia suelen estar conformados por hasta cuatro medicamentos que no tienen alternativa terapéutica; frente a la escasez, los médicos se ven obligados a tomar decisiones individuales que no siempre se corresponden con la ciencia médica: se aplican los cuatro fármacos o no se aplica ninguno.
Radioterapia en terapia intensiva y diagnóstico a ciegas
La situación de la radioterapia es aún más crítica y expone la desidia del gobierno cubano en el mantenimiento de la infraestructura hospitalaria. Aunque el país cuenta con apenas ocho unidades de radioterapia distribuidas en todo el territorio nacional, hace cerca de un año que los oncólogos de Sancti Spíritus no pueden enviar a sus pacientes a irradiarse a la provincia de Villa Clara, cuya unidad es la que cubre a los espirituanos. Las causas son problemas técnicos recurrentes con el equipo, una situación que se replica en provincias como Holguín y Matanzas, e incluso en la ciudad de La Habana, que en algún momento se quedó sin un solo equipo funcional para su vasta población.
A esta crisis terapéutica se suman las severas limitaciones en el diagnóstico, la etapa fundamental para definir cualquier abordaje médico. El doctor Álvarez señaló la urgente necesidad de medios diagnósticos precisos, como tomógrafos disponibles de forma abierta, no solo para detectar la enfermedad a tiempo, sino para evaluar la respuesta del paciente a los tratamientos aplicados. En medio de este panorama de carencias, la inmunoterapia se ha mantenido marginalmente estable, aunque las nuevas dianas moleculares, fundamentales en la oncología moderna, son inaccesibles para las autoridades de la isla debido a su elevado costo en el mercado internacional.
El especialista subrayó una paradoja cruel del sistema: el cáncer es una de las enfermedades que más recursos consume en el entramado sanitario cubano, llegando a representar hasta el 90 por ciento del presupuesto en el hospital provincial de oncología. Sin embargo, a pesar de absorber la mayor parte de los escasos recursos disponibles, los médicos se ven con las manos atadas. «Muchas veces no tenemos el tratamiento en el momento oportuno», lamentó Álvarez, recordando una máxima clínica innegable: el cáncer es una enfermedad que «no permite esperar».
Corrupción y mercado negro en la salud pública
La gravedad de la crisis oncológica ha generado un fenómeno de corrupción que el propio medio estatal Escambray se vio obligado a reflejar. El diario admitió haber recibido denuncias sobre el presunto cobro clandestino de servicios médicos vitales. Según testimonios recogidos por la prensa oficial, algunos pacientes se ven obligados a efectuar pagos a discreción para poder acceder a determinados servicios, como la radioterapia contra el cáncer, la cual estaría siendo cobrada de forma ilícita a precios que rondan los 70.000 pesos cubanos, una cifra astronómática e inalcanzable para el salario medio del país.
Este surgimiento de un mercado negro de la salud es la consecuencia directa de la incapacidad del Estado para garantizar los servicios básicos. Cuando el gobierno cubano falla en su promesa fundamental de proveer salud gratuita y de calidad, los ciudadanos se ven empujados a la extorsión y al desespero financiero, recurriendo a remesas enviadas por familiares en el exilio para poder sobornar a funcionarios o médicos que, a su vez, padecen la misma precariedad salarial impuesta por el modelo económico.
Contexto: El desmantelamiento del sistema sanitario y la crisis estructural
El colapso de la oncología en Sancti Spíritus no es un hecho aislado, sino el síntoma de una crisis estructural que devora a Cuba en su totalidad. Durante décadas, el régimen de La Habana construyó su legitimidad política y su imagen internacional en torno a la supuesta excelencia de su sistema de salud. Sin embargo, la falta de inversión sostenida, el abandono de la infraestructura hospitalaria y la dependencia de importaciones que el erario público no puede sufragar han desmantelado este pilar del imaginario revolucionario.
La crisis sanitaria se entrelaza indisolublemente con el colapso económico generalizado. La hiperinflación, el desabastecimiento crónico de alimentos y medicinas, y la caída libre de la producción nacional han dejado al sistema de salud sin insumos básicos. A esto se suma el masivo éxodo migratorio de profesionales de la salud, quienes han abandonado la isla huyendo de salarios de miseria y condiciones laborales infrahumanas, dejando a hospitales y policlínicos funcionando con personal inexperto o severamente reducido.
Ante esta realidad, la dictadura cubana ha optado por la censura y la represión contra los periodistas independientes y activistas que denuncian la situación hospitalaria. Las admisiones de médicos como el doctor Álvarez en la prensa oficial suelen ser estrategias controladas para canalizar la frustración popular, mostrando un rasgo de «transparencia» que, sin embargo, no se traduce en soluciones reales ni en la asunción de responsabilidades políticas por parte de la cúpula dirigente.
Antecedentes y consecuencias a futuro
Los antecedentes de esta crisis se remontan a años antes de la pandemia de COVID-19, cuando ya se reportaban faltas de medicamentos oncológicos y rupturas de equipos de alta tecnología. La pandemia sirvió para acelerar y desnudar un colapso que venía gestándose. Hoy, la falta de piezas de repuesto para equipos de radioterapia importados, la imposibilidad de adquirir medicamentos de vanguardia y la inexistencia de un sistema de mantenimiento preventivo eficiente son la tónica general en los hospitales de la isla.
Las consecuencias a futuro para la ciudadanía son devastadoras. La mortalidad por cáncer seguirá en ascenso, condenando a miles de cubanos a muertes evitables o a sufrimientos innecesarios por la falta de diagnósticos tempranos y tratamientos oportunos. Mientras tanto, la brecha de desigualdad se ensancha: solo aquellos con acceso a divisas y contactos podrán acudir al mercado negro o a la red de corrupción institucional para intentar salvar sus vidas, mientras la mayoría de la población queda a la deriva.
Para la comunidad internacional y las organizaciones de derechos humanos, esta situación plantea un reto ineludible. La ayuda humanitaria y la cooperación internacional deben exigir mecanismos de transparencia que garanticen que los recursos lleguen realmente al pueblo cubano y no sean desviados por las autoridades de la isla. La tragedia oncológica en Cuba es, en esencia, la consecuencia política de un sistema que priorizó el control ideológico y el sostenimiento del poder sobre el derecho fundamental a la vida y a la salud de sus ciudadanos.


