Dos personas resultaron heridas tras un accidente de tránsito en la intersección de Calle Línea y Avenida Paseo, en el corazón del Vedado habanero, durante la noche del martes cuando una nueva interrupción eléctrica afectaba a gran parte del occidente del país. El siniestro, provocado por la inoperatividad de los semáforos debido al corte de energía, reavivó las quejas ciudadanas sobre los riesgos crecientes de circular por una ciudad sin señalización vial funcional ni presencia policial suficiente para regular el tráfico.
El hecho fue reportado inicialmente por el sitio La Tijereta y posteriormente replicado por varios grupos de Facebook especializados en el monitoreo de incidentes viales en la isla, entre ellos «ACCIDENTES BUSES & CAMIONES» y «Accidentes en Cuba». Según los testimonios recogidos en estas plataformas, un vehículo de alquiler perteneciente a la empresa Tur se desplazaba por la Avenida Paseo y no se detuvo ante la señal de «PARE» del cruce con Línea, cuyo semáforo permanecía completamente inactivo como consecuencia del apagón general registrado en la capital.
La ausencia de señalización luminosa provocó que el automóvil impactara por la parte trasera a un almendrón de color verde que circulaba por la Calle Línea, una de las arterias más transitadas del municipio Plaza de la Revolución. La violencia del choque desplazó al vehículo antiguo varios metros hasta estrellarlo contra el poste metálico del propio semáforo apagado. Las imágenes difundidas en redes sociales muestran daños considerables tanto en la carrocería del almendrón como en la estructura del semáforo, que quedó visiblemente doblado por el impacto.
El conductor del vehículo de alquiler y su acompañante fueron trasladados con carácter de urgencia a un centro hospitalario cercano. Hasta el momento de la publicación de esta nota, no se han difundido detalles oficiales sobre el estado de salud de los lesionados, ni se ha informado sobre la identidad de los involucrados o posibles responsabilidades penales derivadas del siniestro.
Apagones y semáforos inactivos: una combinación letal
El incidente en El Vedado no constituye un hecho aislado, sino la materialización de un riesgo que ciudadanos y especialistas vienen denunciando de manera recurrente. Cada vez que el Sistema Electroenergético Nacional (SEN) colapsa y se produce un apagón, decenas de intersecciones clave en La Habana y otras ciudades del país quedan sin semáforos operativos. La iluminación vial se reduce a prácticamente cero y la presencia de agentes de tránsito para suplir la función de los semáforos es, en la práctica, insuficiente y errática.
En condiciones normales, intersecciones como la de Línea y Paseo —ubicadas en zonas de alta densidad vehicular y peatonal— requieren regulación permanente. Cuando los semáforos dejan de funcionar, la responsabilidad de garantizar el paso seguro recae en el criterio de los conductores, muchos de los cuales conducen vehículos en mal estado técnico, sin iluminación adecuada y con sistemas de frenado deficientes. La combinación de oscuridad total, ausencia de señalización y falta de fiscalización policial crea un escenario de alta probabilidad de siniestros.
Organizaciones ciudadanas y usuarios de redes sociales han documentado en los últimos meses múltiples incidentes similares en puntos neurálgicos de la capital, como la Calzada de Diez de Octubre, la Avenida Boyeros y los accesos al túnel de la Bahía. En varios de estos casos, los reportes coinciden en señalar la misma cadena causal: apagón, semáforo inactivo, ausencia de autoridad de tránsito y colisión. El gobierno cubano no ha implementado medidas estructurales para mitigar este problema, como la instalación de semáforos con respaldo de baterías o paneles solares, ni ha desplegado operativos sistemáticos de regulación manual durante los cortes eléctricos.
Cifras alarmantes: la siniestralidad vial se intensifica
Los datos oficiales disponibles confirman que la situación vial en Cuba se ha deteriorado de manera sostenida. Según cifras divulgadas por las autoridades competentes, entre enero y agosto del presente año se reportaron 502 fallecimientos por accidentes de tránsito, una cifra que representa aproximadamente el 80% del total contabilizado durante todo el año anterior. En 2024, el balance cerró con 634 víctimas mortales y más de 6.600 lesionados, lo que supuso un incremento significativo respecto a períodos precedentes.
La Comisión Nacional de Seguridad Vial ha atribuido la mayor parte de los siniestros a errores humanos, enumerando entre las causas principales la falta de atención al volante, el exceso de velocidad, la violación del derecho de vía y el consumo de alcohol. Sin embargo, especialistas independientes y ciudadanos consultados señalan que este diagnóstico omite factores estructurales determinantes que el régimen de La Habana prefiere no reconocer públicamente: el deterioro avanzado de la red vial, la obsolescencia del parque automotor, la escasez de repuestos y materiales para el mantenimiento de vehículos, y la inoperatividad de la señalización luminosa durante los apagones.
El contexto de crisis: un país sin infraestructura básica
El accidente de El Vedado debe leerse en el marco más amplio del colapso estructural que atraviesa Cuba. El Sistema Electroenergético Nacional atraviesa su peor crisis en décadas, con déficits de generación que han llevado a cortes programados de hasta 12 y 14 horas diarias en varias provincias, y apagones totales que afectan simultáneamente a varias regiones del país. La falta de mantenimiento de las termoeléctricas, la obsolescencia de las instalaciones y la incapacidad del ejecutivo cubano para ejecutar inversiones sostenidas en el sector energético han convertido los cortes eléctricos en una rutina que afecta todos los ámbitos de la vida ciudadana, incluida la seguridad en las calles.
La crisis energética se entrelaza con el deterioro generalizado de la infraestructura urbana. Las calles de La Habana y del resto del país presentan baches extensos, pavimento fracturado y señalización horizontal prácticamente borrada. Los semáforos, cuando funcionan, suelen tener bombillos fundidos o ciclos de tiempo desconfigurados. La iluminación pública es cada vez más escasa, con farolas apagadas o dañadas que no se reparan durante meses. Todo este panorama configura un entorno vial de altísima peligrosidad que las autoridades no logran revertir ni parecen tener capacidad operativa para abordar.
A ello se suma el envejecimiento del parque automotor. La mayoría de los vehículos que circulan por las calles cubanas son autos antiguos —como los almendrones— mantenidos con piezas improvisadas y reparaciones precarias. Los vehículos estatales, incluidos los de empresas de alquiler como Tur, tampoco escapan a esta realidad: la falta de repuestos, el mantenimiento deficiente y la presión operativa contribuyen a elevar las probabilidades de error mecánico o humano. En este ecosistema de precariedad, cualquier factor adicional —como un apagón que deja sin semáforos una intersección céntrica— actúa como detonante de tragedias evitables.
La responsabilidad del poder
Lo ocurrido en la intersección de Línea y Paseo no es meramente un accidente fortuito, sino la consecuencia directa de políticas públicas fallidas y de la incapacidad del gobierno cubano para garantizar condiciones mínimas de seguridad y funcionalidad en la infraestructura del país. La falta de inversión en sistemas de respaldo energético para la señalización vial, la ausencia de protocolos efectivos para regular el tránsito durante los apagones y el abandono del mantenimiento de las calles son responsabilidades que recaen directamente sobre las instituciones del Estado, que concentran el control total de la administración pública en la isla.
Mientras tanto, la ciudadanía continúa asumiendo los costos de este deterioro: heridos, fallecidos, vehículos destrozados y un clima de incertidumbre permanente al salir a las calles. Las redes sociales se han convertido en el principal canal de denuncia y reporte ciudadano, ante la ausencia de una prensa oficial que aborde con honestidad la magnitud del problema. Los grupos de Facebook dedicados a monitorear accidentes cumplen una función informativa que los medios estatales han abandonado, visibilizando una realidad que el discurso oficial prefiere omitir.
El panorama a futuro no ofrece motivos para el optimismo. Sin una transformación profunda del sistema energético, sin inversión real en infraestructura vial y sin un cambio en la forma en que las autoridades gestionan la seguridad pública, los accidentes como el de El Vedado seguirán multiplicándose. La comunidad internacional y las organizaciones de derechos humanos han señalado en reiteradas ocasiones cómo el colapso de los servicios básicos en Cuba afecta directamente el derecho a la vida y a la integridad física de los ciudadanos. El régimen de La Habana, sin embargo, persiste en su negación a reconocer la magnitud de la crisis y a implementar las reformas estructurales que la situación exige. Mientras tanto, cada apagón sigue siendo una potencial sentencia de muerte en las carreteras y calles de la isla.



