La aguda crisis de liquidez que sufre Cuba ha trascendido el ámbito nacional y comienza a afectar gravemente a las representaciones diplomáticas internacionales acreditadas en la isla. Mientras los bancos estatales congelan las cuentas de embajadas y empresas extranjeras alegando falta de efectivo, la población civil soporta colas interminables frente a cajeros automáticos vacíos, en un escenario que evidencia el fracaso absoluto del modelo económico impuesto por las autoridades de la isla.
Un reporte reciente revela que un número creciente de embajadas europeas y asiáticas en La Habana está experimentando serias dificultades para acceder a sus propios fondos. Las instituciones bancarias administradas por el Estado cubano han congelado estas cuentas de manera arbitraria, argumentando la inexistencia física de billetes para cubrir los retiros. La situación ha reachedado un punto crítico en el que al menos una sede diplomática ha tenido que recurrir a la extrema medida de transportar efectivo físico en vuelos comerciales desde el extranjero para poder sufragar los gastos básicos de manutención de su personal.
El parlamentario ucraniano Maryan Zablotskyy, de la Verkhovna Rada, confirmó esta situación señalando que el gobierno cubano exige tradicionalmente que las embajadas operen a través de la banca estatal. Sin embargo, en los últimos años, estos fondos han sido congelados con mayor frecuencia y sin solución a la vista, dejando a los empleados diplomáticos «sin comida ni medios para vivir durante meses». Entre las representaciones afectadas se encuentran diplomáticos de Japón, Canadá, la Unión Europea, Georgia y Azerbaiyán, lo que ha obligado a varias misiones a abrir cuentas en bancos extranjeros para transferir dinero directamente y eludir el asfixiante control financiero local.
La retención de capital no se limita al sector diplomático. Fuentes consultadas por la agencia EFE confirmaron que el ejecutivo cubano congeló abruptamente las cuentas de múltiples empresas extranjeras con operaciones en el país. Esta medida no solo impide a las compañías acceder a su dinero para operar internamente, sino que bloquea de facto la repatriación de sus ganancias. Esta política de contención financiera es interpretada por analistas como una clara señal de insolvencia del Estado, que utiliza a las entidades extranjeras como «vacas lecheras» para paliar su déficit estructural.

“En Cuba no hay bloqueo… díganselo a Díaz-Canel”: cubana estalla
El colapso de la infraestructura bancaria y la desesperación ciudadana
El panorama económico en las calles cubanas es igualmente desolador. La incapacidad del Banco Central de Cuba para imprimir dinero, derivada de la falta de divisas para adquirir papel moneda y tinta en el mercado internacional, ha provocado una crisis de liquidez sin precedentes. Este déficit se traduce en cajeros automáticos rotos o vacíos, filas que superan las horas de espera y un sistema bancario colapsado que no da abasto para procesar las operaciones mínimas de la población.
Un ejemplo de esta exasperación popular se viralizó recientemente a través de las redes sociales. Una ciudadana identificada como Sandra estalló públicamente frente a una multitud que esperaba en un cajero automático ubicado en la calle Cuba, entre Teniente Rey y Amargura, en La Habana Vieja. Tras permanecer más de dos horas en la fila, denunció que las autoridades aseguraban que los cinco cajeros del área estaban abastecidos con billetes de 1.000 pesos cubanos, pero la realidad era que solo uno dispensaba esa denominación, y apenas había procesado a cuatro personas en horas.
El resto de los equipos operaba únicamente con billetes de 20 pesos, una denominación ínfima en un contexto de inflación galopante que obliga a los ciudadanos a manejar grandes volúmenes de papel moneda para realizar compras básicas. Esta situación prolonga exponencialmente el tiempo de las transacciones y agudiza la frustración de la población, que ve cómo su tiempo y recursos se diluyen en la ineficiencia estatal.
En su declaración, Sandra rechazó de manera categórica el discurso oficial que responsabiliza al embargo estadounidense de la crisis. «En Cuba no hay bloqueo», afirmó enfáticamente ante los presentes. «El bloqueo es de los cubanos, uno con otro matándose aquí. Ese es el bloqueo que hay en Cuba». La ciudadana refutó directamente la narrativa del gobierno cubano que culpa a la administración de Donald Trump por el recrudecimiento de las sanciones, argumentando que la isla mantiene relaciones comerciales y diplomáticas con potencias como China y Rusia, lo que desmonta la excusa del aislamiento externo.
Contexto sistemático y antecedentes de la crisis estructural
El colapso financiero actual no es un fenómeno aislado, sino la culminación de décadas de mala gestión y el resultado directo del llamado «Ordenamiento Monetario» implementado en 2021. Esta reforma, diseñada por las autoridades de la isla para unificar el sistema de doble moneda, fracasó estrepitosamente, disparando una hiperinflación que destruyó el poder adquisitivo del salario estatal y sumió a la población en la pobreza. La devaluación del peso cubano frente al dólar en el mercado informal ha sido constante, pasando de 24 pesos por dólar a niveles superiores a los 300 pesos en la actualidad.
Ante la imposibilidad de proveer efectivo, el régimen de La Habana ha intentado forzar la «banca electrónica» a través de plataformas como Transfermóvil y EnZona. Sin embargo, la infraestructura de telecomunicaciones sufre apagones constantes y una deficiencia estructural que hace que estas aplicaciones fallen con regularidad. Cuando los sistemas digitales colapsan, los ciudadanos se ven obligados a volver al efectivo físico, que escasea, creando un círculo vicioso de paralización económica que afecta desde la compra de alimentos hasta el transporte público.
La dictadura cubana ha respondido a la creciente indignación social con un aumento en la vigilancia policial y la represión selectiva contra quienes protestan públicamente, como ocurrió tras las manifestaciones del 11 de julio de 2021. La exigencia de Sandra de que su mensaje llegara directamente a Miguel Díaz-Canel refleja una ruptura del miedo en sectores de la población, que se atreven a desafiar la censura y la represión estatal frente a la imposibilidad de sostener sus medios de vida.
Las implicaciones de esta crisis financiera son profundas tanto en el ámbito interno como en el internacional. Para la ciudadanía, la falta de liquidez se suma al desabastecimiento crónico de alimentos, medicinas y combustible, empujando a miles de cubanos a continuar el éxodo migratorio hacia Estados Unidos y otras naciones de la región. Para la comunidad internacional y los inversores extranjeros, la congelación de cuentas diplomáticas y empresariales representa una violación de la seguridad jurídica y de los acuerdos diplomáticos, lo que inevitablemente desincentivará la inversión y aislará aún más al país.
En definitiva, la incapacidad del gobierno cubano para garantizar el funcionamiento básico de su sistema bancario, incluso para las representaciones extranjeras, expone la profunda bancarrota del modelo estatal. Mientras el régimen se aferra al control totalitario de la economía y evade responsabilidades atribuyendo la crisis a factores externos, la realidad impuesta en las calles y en las puertas de los bancos demuestra que el principal obstáculo para el desarrollo de Cuba reside en la ineficiencia y la falta de libertades impuestas por el propio poder.


