Sábado, 26 de septiembre de 2026
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El régimen cubano defiende su presupuesto «humanista» en televisión sin ofrecer soluciones al colapso económico de la isla

El régimen cubano defiende su presupuesto «humanista» en televisión sin ofrecer soluciones al colapso económico de la isla

En medio de una de las crisis económicas y sociales más agudas de las últimas décadas, el régimen de La Habana volvió a recurrir a la retórica oficialista para defender el carácter «profundamente social y humanista» del presupuesto del Estado. Durante una intervención televisiva, el ministro de Finanzas y Precios, Vladimir Regueiro Ale, reiteró los supuestos logros de la denominada «Revolución» sin anunciar medidas concretas, cronogramas ni reformas estructurales que puedan mitigar el acelerado deterioro de la calidad de vida en el país.

La comparecencia en el programa estatal Mesa Redonda sirvió como escenario para que el titular de Finanzas defendiera la gratuidad y universalidad de la educación, la salud y la seguridad social. Regueiro Ale atribuyó las dificultades fiscales exclusivamente al recrudecimiento de las sanciones de Estados Unidos, evitando cualquier mención a la ineficiencia del modelo económico centralizado que ha prevalecido en el país durante más de seis décadas y que es el verdadero origen de la actual bancarrota.

El discurso del funcionario se mantuvo en el plano de las generalidades ideológicas. Afirmó que el presupuesto es «una expresión concreta de las conquistas sociales de la Revolución», pero omitió ofrecer datos desagregados, metas verificables o plazos para evaluar cómo se sostendrán estos servicios. La exposición ignoró por completo la realidad cotidiana que enfrentan los cubanos: hospitales sin insumos básicos, escuelas afectadas por apagones prolongados y un sistema de transporte público prácticamente inexistente.

Regueiro Ale reconoció que sectores clave como Educación, Educación Superior y Transporte han sido sometidos a un «reordenamiento» y un «rediseño de los niveles de actividad». Aunque aseguró que los servicios «se garantizan» a la población, evitó explicar cómo se materializa esta garantía en un escenario marcado por el déficit crónico de combustible y la migración masiva de profesionales, especialmente médicos y maestros, hacia el sector privado o el extranjero.

Uno de los pocos datos específicos ofrecidos fue el anuncio de un incremento parcial de las pensiones, respaldado con más de 20.000 millones de pesos para el año 2026. Sin embargo, el propio ministro admitió que esta medida «no da la solución total». La declaración obvió el abismo existente entre las pensiones actuales y el costo real de la canasta básica, afectada por una inflación descontrolada que hace inaccesible la supervivencia para la gran mayoría de los jubilados cubanos, quienes deben depender de la caridad o de remesas familiares.

Ante la caída de los niveles productivos, el ejecutivo cubano insistió en la necesidad de reforzar la captación de ingresos mediante una mayor disciplina tributaria. Regueiro Ale calificó el pago de impuestos como un «deber solidario», sin abordar el impacto asfixiante que una mayor presión fiscal ejerce sobre los actores económicos, particularmente el incipiente sector no estatal, que opera sin acceso a mercados mayoristas, financiamiento bancario o insumos adecuados para sostener sus negocios.

En materia de precios, el funcionario reconoció irregularidades en el control y la concertación, apelando a los comités de concertación popular, una fórmula burocrática repetida durante años sin resultados tangibles en la contención de la inflación o el mercado informal. Asimismo, mencionó vagos proyectos de energías renovables con incentivos fiscales, pero sin ofrecer métricas que evalúen su impacto frente a la profunda crisis energética nacional que mantiene a la isla sumida en apagones diarios de varias horas.

Un modelo económico en bancarrota

La intervención del ministro ocurre en un contexto de fractura sistémica. La economía cubana atraviesa una recesión prolongada exacerbada por la falta de liquidez, la dependencia del turismo —que no logra recuperar sus niveles prepandemia— y la drástica reducción de los envíos de combustible subsidiado desde Venezuela. Esta situación ha derivado en un desabastecimiento generalizado, donde la población depende cada vez más de las tiendas en moneda libremente convertible (MLC) o del mercado informal, cuyos precios escapan de cualquier control estatal.

El régimen de La Habana ha optado por trasladar la responsabilidad de la crisis a la ciudadanía y a factores externos, eludiendo la adopción de reformas de mercado profundas que puedan dinamizar la producción nacional. La negativa a liberalizar sectores estratégicos y el control monopólico del comercio exterior continúan siendo las principales trabas para la recuperación económica, un hecho que las autoridades de la isla se niegan a reconocer públicamente, prefiriendo el desgaste discursivo antes que ceder cuotas de poder económico.

Represión y falta de control democrático

La inexistencia de mecanismos de control democrático permite a la dictadura cubana imponer políticas económicas arbitrarias sin rendir cuentas ante la ciudadanía. Las decisiones presupuestarias y los ajustes que afectan el nivel de vida se toman en la opacidad de las cúpulas del poder, mientras la represión social y política se intensifica para acallar cualquier manifestación de descontento. Las protestas masivas, como las ocurridas el 11 de julio de 2021, fueron respondidas con violencia estatal y encarcelamientos, estableciendo un precedente de miedo que limita la exigencia de derechos económicos y sociales.

El sostenimiento del gasto social, presentado por el ministro como una prioridad, exige según sus propias palabras «esfuerzos adicionales». No obstante, el funcionario trasladó la responsabilidad del control presupuestario a las unidades administrativas y a los colectivos laborales, sin aludir a las fallas estructurales del modelo de gestión ni a la reducción objetiva de las capacidades del Estado para garantizar el bienestar, un indicador claro del agotamiento del sistema.

Antecedentes de fracasos económicos

El actual discurso sobre el «rediseño» de los servicios no es novedoso. En enero de 2021, el gobierno cubano implementó la llamada «Tarea Ordenamiento», una reforma monetaria que eliminó la dualidad cambiaria pero provocó una hiperinflación y un desplome del poder adquisitivo del que el país no se ha recuperado. Aquella medida, presentada también como un paso hacia la eficiencia, demostró la incapacidad de la planificación central para gestionar la economía en tiempos de crisis.

Desde entonces, las promesas de reactivación agropecuaria y estímulo a la producción local han quedado en el papel. El fondo para el desarrollo agropecuario mencionado por el ministro carece de transparencia en su ejecución, y la población continúa enfrentando severas dificultades para acceder a alimentos básicos. La producción nacional de alimentos se mantiene estancada debido a la falta de insumos agrícolas y a políticas estatales que desincentivan a los productores privados.

Implicaciones y panorama futuro

La comparecencia televisiva deja en evidencia la desconexión total entre el lenguaje oficial y la realidad material de la población. Al no ofrecer soluciones estructurales ni reconocer el fracaso del modelo, las autoridades de la isla profundizan la incertidumbre y el descontento social. El sostenimiento de los servicios sociales, utilizado históricamente como principal argumento de legitimidad del régimen, se vuelve insostenible en medio de la fuga de capital humano y la contracción económica.

El panorama a futuro apunta a un agravamiento de la crisis si no se producen cambios sustanciales en la política económica. La comunidad internacional y las organizaciones de derechos humanos continúan observando con preocupación la deriva del país, donde la combinación de pobreza extrema y autoritarismo amenaza con desencadenar nuevas crisis migratorias y sociales. Mientras el discurso gubernamental se mantenga anclado en el pasado, las «conquistas sociales» seguirán siendo una entelequia para una ciudadanía que lucha diariamente por su supervivencia básica.

Equipo Editorial Reporte Cuba Ya
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