Sábado, 26 de septiembre de 2026
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Marrero desafía a EE.UU. y reconoce una «economía de guerra» tras la caída de Maduro

Marrero desafía a EE.UU. y reconoce una «economía de guerra» tras la caída de Maduro

El primer ministro del régimen de La Habana, Manuel Marrero Cruz, emitió un mensaje de desafío hacia el gobierno de Estados Unidos en el marco del Día de la Defensa Nacional, en medio de un escenario geopolítico adverso tras la reciente detención de su principal aliado regional, Nicolás Maduro, y mientras las autoridades de la isla admiten internamente la gravedad de la crisis productiva y financiera que asola al país.

Desde su cuenta en la red social X, Marrero Cruz lanzó una retórica confrontacional dirigida a Washington, asegurando que «las amenazas yanquis no nos sorprenden ni nos intimidan». El funcionario apeló a la simbología histórica del castrismo para reforzar su mensaje, afirmando que por las venas de los gobernantes corre «sangre mambisa y rebelde». Además, sentenció que para el ejecutivo cubano el lema «Patria o Muerte» no es una simple consigna, sino una convicción, y que la victoria es el «único camino», en un intento por proyectar una imagen de fortaleza institucional ante la opinión pública nacional e internacional.

Este endurecimiento del discurso oficial ocurre en un momento de máxima vulnerabilidad para el régimen. La retórica de la dictadura cubana se ha exacerbado en la última semana tras la operación liderada por Washington en Venezuela, que culminó el pasado 3 de enero con el arresto de Nicolás Maduro. El exmandatario venezolano, considerado el principal patrocinador de La Habana, se encuentra actualmente encarcelado en una prisión federal en Nueva York. La caída del chavismo representa un golpe devastador para las arcas y la supervivencia del modelo cubano, que dependía abiertamente del flujo de petróleo y financiamiento desde Caracas.

Desde la Casa Blanca, la postura hacia la dictadura de la isla ha sido contundente en los primeros compases del año. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, afirmó que el gobierno cubano «está colgando de un hilo» y que atraviesa «grandes problemas». En una entrevista con el periodista Hugh Hewitt, el mandatario estadounidense indicó que la presión sobre La Habana ya es máxima, descartando nuevas medidas coercitivas no militares al señalar que no cree que «pueda haber mucha más presión que entrar y bombardear el infierno que es el lugar». Trump incluso respondió a la posibilidad de «poner en cuarentena» a la isla, una estrategia similar a la aplicada en Venezuela.

El presidente estadounidense vinculó directamente la crisis interna del régimen cubano con el deterioro de su relación con Venezuela. Según Trump, Venezuela era la «sangre vital» de Cuba, el lugar de donde conseguían su petróleo y su dinero. Con la interrupción abrupta de este apoyo tras el encarcelamiento de Maduro, esa línea de vida se ha cortado, dejando al descubierto la fragilidad estructural del sistema y la incapacidad del gobierno cubano para sostener su economía por cuenta propia.

Paralelamente a su retórica internacional de resistencia, Marrero Cruz ha tenido que enfrentar la realidad doméstica con un lenguaje menos triunfalista. Apenas este viernes, durante una sesión extraordinaria del Consejo Provincial de La Habana, el primer ministro reconoció que Cuba opera actualmente bajo una «economía de guerra», una admisión oficial que refleja la gravedad del colapso productivo y la escasez generalizada que sufre la población.

En la cita provincial, el funcionario castrista sostuvo que los problemas pueden resolverse si se moviliza la «inteligencia colectiva» en la Isla, se aplica la ciencia y se aprovechan los recursos propios. Sin embargo, estas propuestas han sido recurrentes en el discurso oficial durante décadas sin resultados tangibles. Marrero admitió la necesidad de «acabar con la inercia, la lentitud y la burocracia», males endémicos del sistema centralizado que asfixian cualquier iniciativa productiva y que el régimen ha sido incapaz de erradicar.

El primer ministro defendió además la implementación del «Programa de Gobierno para corregir distorsiones y reimpulsar la economía», el último experimento económico de las autoridades de la isla. Marrero enfatizó que del esfuerzo de los cubanos dependerá lo que el país pueda producir, distribuir y sostener de cara al año 2026, trasladando la responsabilidad del fracaso sistemico a la propia ciudadanía y eludiendo las reformas estructurales que el sistema requiere.

Contexto sistémico y crisis estructural

La declaración de «economía de guerra» por parte del régimen de La Habana no es una mera figura retórica, sino el reflejo de una crisis estructural profunda que ha llevado a la isla al borde del abismo. La economía cubana sufre una hiperinflación galopante, una devaluación extrema del peso cubano frente al dólar en los mercados informales y un desabastecimiento crónico de bienes de primera necesidad, combustibles y medicamentos básicos. La pérdida del subsidio venezolano agudizará este escenario, cerrando una válvula de escape fundamental para el régimen.

El colapso de los servicios públicos es otro pilar de esta crisis. El Sistema Electroenergético Nacional (SEN) sufre apagones prolongados que en muchas provincias superan las 10 o 12 horas diarias, afectando directamente la distribución de agua potable, la conservación de alimentos y el funcionamiento de centros de salud. Esta situación ha generado un descontento social latente, que las autoridades de la isla intentan contener mediante el aumento de la represión policial, la persecución de opositores y la censura en medios digitales.

A esta crisis económica y energética se suma el mayor éxodo migratorio de la historia reciente de Cuba. Cientos de miles de cubanos han abandonado el país en los últimos años huyendo de la pobreza y la falta de oportunidades, vaciando a la isla de su fuerza laboral más joven y calificada. La declaración de una economía de guerra sugiere que el gobierno cubano prepara a la población para un periodo de mayor austeridad, lo que inevitablemente podría disparar nuevas olas migratorias hacia Estados Unidos y otros países de la región.

Antecedentes de la dependencia externa

La dependencia cubana del petróleo venezolano se consolidó a inicios de los años 2000, cuando el gobierno de Hugo Chávez comenzó a enviar barcos de crudo a la isla a precios preferenciales y con amplias facilidades de pago. Este flujo permitió a la dictadura cubana mantener el funcionamiento de las termoeléctricas, el transporte público y la industria, además de financiar misiones socialas en el continente. A cambio, La Habana aportó servicios médicos, de inteligencia y asesoría política a Caracas.

Sin embargo, con la caída de la producción petrolera en Venezuela en años recientes y la actual interrupción de los envíos tras la detención de Maduro, Cuba se enfrenta a un escenario similar al del «Período Especial» de los años 90, tras el colapso de la Unión Soviética. La diferencia actual radica en que el tejido productivo nacional está aún más deteriorado y la capacidad de resistencia de la población ha llegado a sus límites.

Implicaciones y perspectivas a futuro

El futuro inmediato para la ciudadanía cubana se perfila bajo un escenario de mayor sacrificio y control estatal. La declaración de «economía de guerra» suele ser el preámbulo para el racionamiento extremo de los pocos recursos disponibles y la justificación de medidas disciplinarias contra la población civil. Ante la pérdida de su principal aliado y el incremento de la presión internacional, el régimen de La Habana probablemente optará por el endurecimiento represivo para evitar un estallido social incontrolable.

Las implicaciones políticas de este momento son críticas para el hemisferio. Con Estados Unidos manteniendo una postura de máxima presión y el gobierno cubano aislado tras la caída del chavismo, la viabilidad del modelo autoritario se pone seriamente en duda. La respuesta de la comunidad internacional, la cohesión de la diáspora y la capacidad de la sociedad civil interna para canalizar el descontento serán factores determinantes en la evolución de la crisis cubana en los próximos meses. La retórica de Marrero parece ser más un muro de contención psicológico para sus propias bases que una estrategia viable de supervivencia estatal.

Equipo Editorial Reporte Cuba Ya
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