La Habana acoge este martes una misa conmemorativa por el centenario del nacimiento de Celia Cruz, un acto que se celebra bajo la sombra de la censura estatal tras la cancelación arbitraria de una gala teatral en honor a la legendaria artista. La ceremonia religiosa, convocada por la Iglesia Católica y la cantante Haila María Mompié en la Parroquia de Nuestra Señora de la Caridad del Cobre, se convierte en el único espacio tolerado para rendir homenaje a la Guarachera de Cuba en su tierra natal, mientras el régimen de La Habana mantiene un silencio oficial sobre su figura.
El albacea de la Reina de la Salsa, Omer Pardillo Cid, confirmó la celebración de la eucaristía programada para las 11:00 de la mañana en el templo ubicado en la calle Manrique, esquina a Salud, en el municipio de Centro Habana. Pardillo Cid expresó su preocupación ante la posibilidad de que las autoridades de la isla prohibieran el acto, señalando de manera directa: «Ojalá la dictadura no cancele la misa». Estas declaraciones reflejan el clima de hostigamiento e incertidumbre que impera en la sociedad cubana, donde cualquier evento que escape al control ideológico del Estado corre el riesgo de ser clausurado.
A pesar de la naturaleza estrictamente religiosa y cultural del evento, la presencia de la Seguridad del Estado ya se ha hecho sentir en los alrededores de la parroquia. Una fuente vinculada a la organización de la ceremonia, que solicitó el anonimato por temor a represalias, detalló que, aunque no se anticipa una interrupción violenta del acto, se han avistado agentes del aparato represivo en las inmediaciones del templo. La fuente añadió que se espera la asistencia de figuras destacadas del panorama artístico nacional, lo que obliga al gobierno cubano a calibrar su respuesta para evitar un escándalo de mayor proporción.
Censura institucional en la Fábrica de Arte Cubano
El homenaje religioso adquiere una relevancia mayor tras la reciente censura de una gala teatral organizada en honor a Celia Cruz por el grupo de teatro El Público, que debía celebrarse en la Fábrica de Arte Cubano (FAC). La cancelación de la obra fue impuesta directamente por el Ministerio de Cultura, una decisión confirmada por un productor de esa institución que prefirió omitir su nombre por seguridad. La noticia fue comunicada de manera fría y burocrática a través de las redes sociales por el Centro Nacional de Música Popular, argumentando simplemente que la presentación «no se realizará».

Información sobre la misa conmemorativa por el centenario de Celia Cruz, programada para este martes (Cartel: Cortesía de Omer Pardillo Cid)
Detrás de la cancelación subyace la animadversión política del régimen hacia una artista que eligió el exilio y la libertad. Según reveló la fuente consultada, los organizadores intentaron salvar la gala hasta el último momento, pero los directivos del Ministerio de Cultura y del Partido Comunista de Cuba (PCC) se mantuvieron inflexibles. «Están opuestos a que se celebre ninguna actividad pública de ese tipo por la posición política de Celia», afirmó el informante. Esta actitud demuestra cómo la dictadura cubana utiliza la cultura como un instrumento de propaganda, borrando del mapa a quienes disienten o abandonan el proyecto oficial.
La medida censora no pasó desapercibida y fue respondida con una acción simbólica en las propias instalaciones de la Fábrica de Arte Cubano. La musicógrafa Rosa Marquetti, autora del libro Celia en Cuba, denunció el hecho a través de Facebook detallando un gesto de resistencia: a la hora en que debía comenzar la obra censurada, se colocó una silla iluminada en el escenario en medio de un silencio absoluto durante una hora. Posteriormente, un DJ reprodujo los temas más emblemáticos de la Guarachera de Cuba, una música que, paradójicamente, sigue proscrita en la radio y la televisión nacionales.
Un exilio forzado y una memoria silenciada
El centenario de Celia Cruz se celebra a nivel internacional con reconocimientos y festivales, pero en su tierra natal la censura no solo se mantiene, sino que se recrudece. La intérprete, fallecida en el exilio, nunca pudo regresar a Cuba, ni siquiera para asistir al funeral de su madre, Catalina Alfonso. El régimen de La Habana le negó el permiso de entrada, marcando una política de veto que se ha extendido por más de seis décadas contra su obra y su legado, tratando de borrar su huella en la historia musical de la nación.

“Acogiendo la petición de artistas cubanos, homenajeamos a Celia Cruz”
No es la primera vez que la Parroquia de Nuestra Señora de la Caridad del Cobre se convierte en refugio para la memoria de la cantante. En octubre de 2016, se ofició lo que se considera la primera misa dedicada a Celia Cruz en la isla, liderada por el párroco Ariel Suárez y producida por Javier Pérez Acosta. En aquella ocasión, Pérez Acosta destacó que el acto iniciaba un ciclo de homenaje que «se debería hacer hace muchos años», refiriéndose al silencio impuesto durante décadas sobre la artista más universal de Cuba.
El contexto de crisis y el control cultural
El episodio de censura a Celia Cruz no es un hecho aislado, sino que se enmarca en la profundización de la crisis estructural que atraviesa Cuba, donde el colapso económico, la hiperinflación y el éxodo migratorio masivo van acompañados de un endurecimiento represivo. El gobierno cubano ha incrementado la persecución contra artistas, periodistas y activistas, utilizando el Ministerio de Cultura y el aparato judicial como herramientas para silenciar cualquier manifestación de descontento o de reivindicación histórica que contradiga el relato oficial.
En medio de una infraestructura cultural en franco deterioro, con teatros abandonados, instituciones sin recursos y una fuga masiva de talentos, las autoridades de la isla priorizan el control ideológico sobre el desarrollo artístico. La censura a la obra de El Público en la Fábrica de Arte Cubano evidencia el miedo del Estado a figuras que, aunque fallecidas, representan el triunfo del individuo frente al totalitarismo. La dictadura cubana entiende que la música y la memoria de Celia Cruz tienen un poder de convocatoria que trasciende la política, lo que las convierte en una amenaza para el monopolio de la verdad que intenta sostener el poder.
En este escenario de asfixia cívica, la Iglesia Católica emerge como uno de los pocos espacios donde la sociedad civil puede congregarse al margen de la tutela estatal. La misa por el centenario de Celia Cruz representa no solo un homenaje a la Reina de la Salsa, sino un resquicio de libertad para reunirse y recordar. Sin embargo, la vigilancia de la Seguridad del Estado en los alrededores del templo es un recordatorio de que, incluso en el ámbito espiritual, el régimen mantiene su red de control y amedrentamiento.
Implicaciones y futuro
La celebración de esta misa, a pesar del acoso y la censura previa, plantea un desafío para el ejecutivo cubano: la memoria de Celia Cruz permanece intacta en el imaginario popular, desafiando décadas de olvido institucional. La respuesta de la comunidad internacional, que celebra con dignidad el legado de la artista, contrasta con la miseria democrática de la isla. Mientras el régimen persista en su política de excluir a quienes no se someten a su dogma, la sociedad cubana seguirá buscando alternativas, como las acciones simbólicas en la Fábrica de Arte Cubano, para reclamar su historia y sus derechos culturales frente a un Estado que los niega sistemáticamente.



