Domingo, 27 de septiembre de 2026
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Deportación de cubana bajo estatus I-220B deja a una bebé ciudadana estadounidense separada de su madre en La Habana

Deportación de cubana bajo estatus I-220B deja a una bebé ciudadana estadounidense separada de su madre en La Habana

La cubana Heidy Sánchez Tejeda, de 44 años, fue deportada abruptamente desde Estados Unidos el pasado 24 de abril, separándola de su hija de 17 meses y de su esposo, ambos ciudadanos estadounidenses. El caso, que ha generado repudio entre organizaciones pro migratorios y ha llegado al Congreso de EE.UU., evidencia las grietas del sistema migratorio y las consecuencias humanas del estatus legal I-220B, bajo el cual miles de cubanos viven en un limbo jurídico mientras huyen de la crisis estructural de la isla.

La última vez que madre e hija estuvieron juntas fue en una oficina del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE). Según relató Sánchez Tejeda en entrevistas con la agencia EFE y el medio OnCuba, el encuentro terminó con su detención inmediata. «Me esposaron, me llevaron a una celda y yo le dije (al agente): ‘¿Qué necesidad tienes de esposarme? Si ya me estás quitando mi vida, ya me estás matando, me estás separando de lo que más yo quiero en el mundo'», narró la mujer desde La Habana, visiblemente afectada por el trauma del evento.

Durante las 48 horas posteriores a su arresto, Heidy fue trasladada entre varios centros de detención, recorriendo cientos de kilómetros esposada, hasta llegar a Miami. Allí, únicamente se le permitió cambiarse para vestir un uniforme gris antes de subir al avión que la devolvería a territorio cubano. La deportación se ejecutó a pesar de que su proceso migratorio seguía en curso y de que su esposo había presentado una solicitud de residencia en su favor, documentación que fue ignorada por las autoridades migratorias estadounidenses.

El limbo jurídico del estatus I-220B y el ignoro a los protocolos familiares

Heidy llegó a Estados Unidos en 2019, tras atravesar el peligroso corredor migratorio que inicia en Nicaragua y atraviesa varios países de Centroamérica. En ese tiempo, vivía bajo el estatus I-220B, un permiso temporal que autoriza la permanencia supervisada pero no brinda protección frente a una orden de deportación. A su situación se sumaron múltiples demoras y un cambio de última hora en su cita con inmigración. «Me llamaron el lunes por la tarde, mientras estaba trabajando, para decirme que mi cita se había adelantado al martes», relató. Ante su solicitud de tiempo para conseguir un reemplazo laboral, la respuesta de los funcionarios fue negativa.

Cubana deportada de EE.UU. sin su hija de 17 meses: "¡Me estás quitando mi vida!"

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Durante dicha cita, su abogada, Claudia Cañizares, presentó documentación médica, legal y familiar solicitando la reconsideración del caso. Sin embargo, la respuesta del oficial de ICE fue contundente: «Eso ya no sirve, ya está decidido». Cañizares ha denunciado irregularidades severas en el procedimiento, señalando que Sánchez no tiene antecedentes penales y fue tratada como una criminal peligrosa. Además, criticó que no se le ofreció la posibilidad legal de ser deportada junto a su hija, una opción contemplada en los protocolos migratorios para casos que involucran a menores de edad.

El drama de Heidy se intensifica por las limitaciones geográficas y tecnológicas. Desde La Habana, la cubana intenta mantener el vínculo con su hija a través de una pantalla, en medio de las constantes fallas en la conectividad y los frecuentes apagones que sufre la isla. «Cada vez que logro hablar, mi niña se me queda mirando por la pantalla y me dice: ‘Mamá, ven’. Eso me destroza», contó Heidy, quien añadió que lo peor es que la pequeña, a quien amamantaba semanas antes de la deportación, «todavía cree que su mamá va a volver del trabajo».

Reacción política en Estados Unidos

El caso ha trascendido las fronteras de la tragedia personal para convertirse en un asunto de interés público y debate legislativo. La congresista Kathy Castor (Demócrata, FL-14) envió una carta al presidente Donald Trump solicitando un permiso humanitario inmediato para Heidy. «Está mal que su personal de ICE dañe a las familias de esta manera», escribió la legisladora. «La señora Sánchez tiene derecho al debido proceso, y su esposo e hija merecen ser tratados con la dignidad que valoramos como estadounidenses».

Contexto: El fracaso del modelo y la crisis migratoria cubana

El drama de Sánchez Tejeda no es un caso aislado, sino una consecuencia directa de la profunda crisis sistémica que atraviesa Cuba. La falta de libertades, el colapso económico, la inflación galopante y el desabastecimiento crónico han empujado a cientos de miles de cubanos a emprender rutas migratorias irregulares hacia Estados Unidos en los últimos años. La dictadura cubana, al fracasar en la provisión de las condiciones mínimas de vida y reprimir cualquier intento de disidencia o mejora económica, ha orquestado uno de los mayores éxodos en la historia de la nación caribeña, utilizando la emigración como una válvula de escape para aliviar la presión social.

Para los deportados, el retorno a la isla significa enfrentarse a la misma realidad de la que huyeron, ahora agravada por el estigma social y la vigilancia de las autoridades. El régimen de La Habana no ofrece oportunidades de reinserción laboral ni apoyo a quienes regresan, muchos de los cuales quedan en la marginalidad. En el caso de Heidy, el regreso ha sido particularmente doloroso. «Mi hija es ciudadana americana. Yo vine aquí buscando tenerla, buscando familia. Y me devuelven como si no tuviera ningún vínculo ni historia», expresó con impotencia.

El contexto migratorio entre Estados Unidos y Cuba ha sido históricamente complejo. Con la eliminación de la política de «pies secos» en 2017, los cubanos que llegan de manera irregular quedan sujetos a procesos de deportación que pueden prolongarse durante años, dejándolos en estatus provisionales como el I-220B. Esta situación de incertidumbre legal afecta a miles de familias que, atrapadas entre la burocracia estadounidense y la intransigencia del gobierno cubano, ven cómo sus proyectos de vida se desvanecen.

Consecuencias y futuro de la familia

Mientras tanto, la familia de Heidy, su abogada y diversas organizaciones de derechos migratorios impulsan una campaña pública para lograr la reunificación. Han comenzado a reunir firmas, movilizar apoyos y explorar todas las vías legales posibles para revertir la deportación. El futuro de esta familia dependerá ahora de la presión ciudadana y de la voluntad política de las autoridades estadounidenses para rectificar una decisión que, más allá de los tecnicismos legales, ha desgarrado a una familia y ha dejado a una niña ciudadana sin su madre.

El caso de Heidy Sánchez Tejeda ilustra el drama humano detrás de las cifras migratorias. Por un lado, expone la frialdad de ciertos protocolos de inmigración que priorizan la expulsión rápida sobre la unidad familiar; por otro, es un recordatorio de por qué tantos cubanos arriesgan todo para huir. Mientras el ejecutivo cubano mantenga sus políticas represivas y su ineficacia económica, la isla seguirá expulsando a sus ciudadanos, y tragedias como esta seguirán ocurriendo en las fronteras de la esperanza y la desesperación.

Equipo Editorial Reporte Cuba Ya
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