El Ministerio de Turismo (MINTUR) y entidades estatales cubanas han comenzado la promoción de la XV edición del Festival Internacional Varadero Gourmet, un evento de alta cocina y enología que se celebrará en septiembre. La iniciativa, que busca posicionar a la isla como un destino de excelencia gastronómica, contrasta de manera abrupta con la aguda escasez de alimentos básicos, la inflación galopante y el desabastecimiento crónico que sufre la mayoría de la población cubana en la actualidad.
El certamen, programado del 11 al 13 de septiembre en el Centro de Convenciones Plaza América del balneario de Varadero, llevará por lema «Sabores sin fronteras. La magia de la cocina fusión con alma cubana». Bajo la organización del Grupo Empresarial Cubasol y la Empresa Extrahotelera Palmares S.A., el gobierno cubano pretende reunir a empresarios, académicos y profesionales de la industria alimentaria para debatir sobre cocina saludable, sostenibilidad, economía circular y maridajes con ron y habano.
Las jornadas incluirán conferencias, talleres, catas y competencias profesionales en cinco modalidades principales: cocina, sommelier, servicio gastronómico, coctelería clásica y coctelería estilo flair. Según la convocatoria oficial, el objetivo es «revolucionar el concepto de la gastronomía» y promover el intercambio de conocimientos para elevar la competitividad de los destinos turísticos nacionales. Sin embargo, este discurso de vanguardia y calidad mundial se desarrolla en un país donde la producción agrícola nacional ha colapsado y la soberanía alimentaria es una promesa incumplida.
Uno de los actos de lanzamiento del festival tuvo lugar durante la feria ExpoCaribe 2025 en Santiago de Cuba, con la presencia de representantes de Palmares, Havanatur y una delegación venezolana. Zoraida Lozano González, delegada del MINTUR en la provincia oriental, enfatizó la intención de subrayar la «diversidad y riqueza» de la cocina local. Para atraer a un público internacional, las autoridades de la isla han diseñado paquetes turísticos con alojamiento en hoteles de cuatro y cinco estrellas, como el Meliá Las Américas, el Barceló Solymar y el Sol Varadero Beach.
Las tarifas para participar en el evento reflejan la dualidad económica que impera en la nación. La inscripción como delegado cuesta 100 dólares o 10.000 pesos cubanos, mientras que la participación diaria se oferta en 10 dólares o 1.000 pesos. Para competir en los certámenes, la cuota asciende a 45 dólares o 5.000 pesos. Estos precios, cotizados en divisas, son inalcanzables para el trabajador cubano promedio, cuyo salario estatal apenas cubre una fracción de las necesidades básicas mensuales en un mercado interno dominado por la especulación y la informalidad.
El discurso oficial del festival hace especial énfasis en la sostenibilidad y el uso de «productos locales y de temporada». Los organizadores aseguran que la cocina fusión propuesta apuesta por «abastecerse de los agricultores del lugar» como garantía de frescura y ahorro energético. No obstante, la realidad del campo cubano desmiente esta narrativa: la falta de insumos, el envejecimiento de la maquinaria agrícola, la escasez de combustible y las políticas estatales de acopio han mermado drásticamente las cosechas, imposibilitando abastecer incluso los mercados estatales.
El contraste con la crisis alimentaria estructural
La celebración de un evento de lujo centrado en la gastronomía gourmet genera un profundo cuestionamiento social en un contexto de inseguridad alimentaria severa. Mientras el régimen de La Habana destina recursos y esfuerzos logísticos para exhibir técnicas culinarias de vanguardia y productos importados, millones de familias cubanas enfrentan diariamente la imposibilidad de acceder a alimentos básicos como leche, arroz, carne, huevos o aceite. La canasta básica normada, un pilar histórico del sistema de distribución cubano, funciona hoy de manera intermitente y deficiente, dependiendo de la región y la disponibilidad mensual.
La paradoja es evidente en la cadena de suministro. Gran parte de los productos necesarios para abastecer al Festival Varadero Gourmet —incluyendo vinos, carnes frescas, mariscos, condimentos y licores de alta gama— deberán ser importados o desviados de los circuitos turísticos exclusivos. Esta dinámica de «turismo de apartheid» profundiza la brecha entre la oferta para el visitante extranjero y la realidad de las bodegas racionadas, que ofrecen cada vez menos opciones y dependen de importaciones que el ejecutivo cubano apenas logra financiar debido a la deuda externa y la falta de liquidez. Mientras se sirven maridajes exclusivos en Plaza América, en las provincias los mercados agropecuarios estatales permanecen vacíos o ofrecen productos a precios inalcanzables en moneda nacional.
La inflación incontrolable y la caída del poder adquisitivo han deteriorado el acceso a la alimentación para la población local. El desabastecimiento no es un fenómeno coyuntural, sino el resultado de décadas de centralización económica, falta de incentivos a la producción privada, control estatal absoluto sobre la tierra y corrupción estructural en el sistema de acopio. La dictadura cubana, al priorizar la captación de divisas a través del turismo en detrimento de la seguridad alimentaria interna, evidencia su desconexión con las urgencias más elementales de la ciudadanía. Las promesas de soberanía alimentaria se diluyen frente a la realidad de un país que importa la mayor parte de los alimentos que consume, con una zafra azucarera en franco declive y un sector agropecuario incapaz de sostener la demanda nacional.
Antecedentes y apuesta por el turismo gastronómico
El MINTUR ha intentado diversificar su oferta turística más allá del tradicional modelo de «sol y playa», que ha mostrado signos de agotamiento y baja rentabilidad en los últimos años. La promoción de la gastronomía y la enología como atractivos culturales responde a una estrategia para captar un segmento de viajeros con mayor poder adquisitivo. Sin embargo, el sector hotelero y de servicios en la isla ha sufrido el impacto de la falta de mantenimiento, la migración masiva de personal cualificado y la inestabilidad en el suministro de agua y electricidad, lo que compromete la viabilidad de ofrecer una experiencia de «clase mundial».
Ediciones anteriores del Varadero Gourmet han servido como vitrina para el sector estatal de la restauración, aunque la verdadera dinamización de la gastronomía en Cuba en los últimos años ha provenido del sector privado (cuentapropistas), quienes han enfrentado trabas burocráticas, altos impuestos, limitaciones para importar insumos y decomisos arbitrarios. El estado actual de los paladares y restaurantes privados supera, en términos de calidad y atención, a muchas instalaciones estatales, aunque estos últimos son los que acaparan los grandes eventos institucionales y el acceso a divisas en el mercado oficial. La incapacidad de las autoridades para integrar de manera orgánica y equitativa al sector privado en estas plataformas limita el verdadero desarrollo de la industria.
A futuro, la celebración del XV Festival Internacional Varadero Gourmet planteará nuevamente el debate sobre las prioridades del Estado cubano. Mientras la comunidad internacional observa cómo se promociona una imagen de prosperidad culinaria en Varadero, la sociedad civil y la población residente continuarán lidiando con el racionamiento, los apagones y la escasez. La incapacidad del gobierno para equilibrar el desarrollo del sector turístico con la satisfacción de las necesidades internas no solo compromete la legitimidad de su discurso, sino que agrava la crisis social que impulsa al continuo y masivo éxodo migratorio de la isla.


