La Empresa de Gas Manufacturado informó que una parada técnica en la planta de Puerto Escondido dejará sin servicio a Plaza de la Revolución, Cerro, Centro Habana, La Habana Vieja, 10 de Octubre, Playa y Marianao entre el 26 y el 28 de noviembre. La medida, justificada por las autoridades como necesaria para la seguridad operacional, agrava la ya precaria situación de los habaneros, quienes dependen de este recurso ante la escasez de gas licuado y los constantes apagones.
Según un comunicado emitido por la prensa estatal, el cese de las operaciones en la planta de ENERGAS de Puerto Escondido está programado para comenzar a las 21:00 horas del 26 de noviembre y extenderse hasta las 03:00 horas del 28 de noviembre. Durante este periodo de aproximadamente 30 horas, la red de gas manufacturado sufrirá interrupciones severas en la capital cubana. Las autoridades de la isla han reconocido que las afectaciones serán totales en los municipios de Plaza de la Revolución, Cerro y Centro Habana.
En el caso de La Habana Vieja, 10 de Octubre, Playa y Marianao, el gobierno cubano ha advertido que las interrupciones serán parciales, pero se convertirán en cortes totales en las zonas más alejadas de las plantas productoras. Esta segmentación del servicio evidencia la vulnerabilidad y el deficiente diseño de la infraestructura energética nacional, que prioriza el suministro hacia las áreas céntricas en detrimento de las periferias urbanas, donde la población suele sufrir el impacto de las crisis con mayor crudeza. La falta de inversiones en redes secundarias y terciarias condena a amplios sectores capitalinos a depender de un servicio intermitente que afecta directamente su calidad de vida y seguridad alimentaria.
La empresa estatal justificó esta medida argumentando que las labores de mantenimiento permitirán aumentar la capacidad de producción de la planta, así como mejorar la estabilidad y la calidad del gas enviado a la capital para el uso doméstico y la generación de electricidad. Sin embargo, las promesas de mejora en la infraestructura por parte del régimen de La Habana han sido recurrentes a lo largo de los años, sin que se traduzcan en una recuperación tangible del sistema energético nacional, sumido en un colapso estructural profundo.
Antecedentes de inestabilidad y falta de transparencia
Este anuncio se produce apenas unas semanas después de que varios barrios de la capital amanecieran sin servicio de gas de la calle, generando una ola de quejas en las redes sociales. Los usuarios denunciaron en su momento la falta de aviso oficial sobre el corte y reportaron afectaciones en municipios como 10 de Octubre, Plaza de la Revolución y La Habana Vieja. Ante la ausencia de información en los canales habituales, la ciudadanía atribuyó la falla a una avería en la planta de producción que abastece a la capital, poniendo de manifiesto la opacidad informativa que caracteriza a la dictadura cubana en la gestión de las crisis cotidianas.
El deterioro del sistema de distribución de gas no es un fenómeno aislado. En agosto del año pasado, la misma Empresa de Gas Manufacturado informó sobre un corte total del servicio en Playa y Marianao debido a trabajos de sustitución en un tramo de tubería transmisora. La repetición constante de estas intervenciones de emergencia o mantenimiento prolongado revela el envejecimiento de una red construida hace décadas y carente de las inversiones necesarias para mantener su operatividad frente al crecimiento de la demanda urbana y el abandono institucional.
Contexto de crisis energética y deterioro social
El problema con el gas manufacturado en la capital es un eslabón más de la aguda crisis energética que atraviesa Cuba, profundamente agravada por la escasez crónica de gas licuado. Ante la imposibilidad de adquirir las bombonas de gas de manera regular a través de los mercados estatales, un amplio sector de la población ha tenido que migrar hacia la cocción eléctrica. No obstante, esta alternativa colapsa rápidamente debido al déficit de generación eléctrica, que se traduce en apagones diarios que a menudo superan las 12 o 14 horas en diversas provincias del país. Las termoeléctricas nacionales operan por debajo de su capacidad debido a la falta de mantenimiento y a la escasez de combustible, creando un círculo vicioso donde la población no tiene opciones viables para preparar sus alimentos.
A la inestabilidad energética se suma el deterioro económico general que sufre la isla bajo la gestión del ejecutivo cubano. La falta de alimentos, medicinas y combustible, combinada con una inflación sostenida que ha destruido el poder adquisitivo del salario estatal, continúa deteriorando las condiciones de vida de la población. La imposibilidad de cocinar de manera adecuada impacta directamente en la nutrición de las familias, especialmente en los sectores más vulnerables como los ancianos y los niños, profundizando la crisis humanitaria silenciosa que se vive en los hogares cubanos.
El colapso del sector energético es una consecuencia directa de la falta de mantenimiento preventivo, la corrupción institucional y la desidia en la planificación estratégica por parte del gobierno cubano. Durante décadas, los recursos destinados a la modernización de las termoeléctricas y las plantas de gas han sido insuficientes o mal gestionados. La dependencia de aliados como Venezuela ha demostrado ser insuficiente para sostener un sistema obsoleto, mientras que la inversión extranjera se mantiene alejada por la falta de garantías jurídicas y el control absoluto del Estado sobre la economía. La infraestructura energética de la isla ha superado su vida útil, y las reparaciones temporales solo posponen un colapso de mayores dimensiones que amenaza con paralizar por completo la ya mermada actividad económica del país.
Implicaciones y panorama futuro
La interrupción del servicio de gas en siete municipios de La Habana no es un simple contratiempo técnico, sino un reflejo de la incapacidad del régimen para garantizar los servicios básicos a su población. Mientras las autoridades prometen mejoras operacionales a corto plazo, la realidad impuesta a los ciudadanos es la de tener que improvisar métodos alternativos y precarios para alimentarse, recurriendo a carbón, leña o cocinas de keroseno cuando se logra conseguir el combustible en el mercado negro a precios exorbitantes. Esta situación incrementa el riesgo de accidentes domésticos y enfermedades respiratorias en hogares mal ventilados, sumando una carga adicional al ya colapsado sistema de salud pública cubano.
De cara al futuro inmediato, la ciudadanía cubana seguirá enfrentando las consecuencias de un modelo de gestión fallido. La respuesta de la comunidad internacional y de las organizaciones de derechos humanos se mantiene centrada en la represión política, pero la crisis de subsistencia diaria requiere una atención urgente. La incapacidad de la dictadura cubana para resolver la emergencia energética y alimentaria seguirá alimentando el imparable éxodo migratorio, dejando a una isla cada vez más envejecida y desprovista de las fuerzas laborales necesarias para cualquier hipotética recuperación.



