El primer ministro cubano, Manuel Marrero, salió al paso de la controversia generada por la participación de Raúl Guillermo Rodríguez Castro, nieto del exmandatario, en los contactos con Washington. A través de un mensaje público, el funcionario ratificó que el equipo negociador cuenta con el aval absoluto de la cúpula de poder, en un intento por acallar las críticas que han surgido incluso desde las filas del propio oficialismo.
En una publicación en la red social X, Marrero confirmó la existencia de conversaciones entre el gobierno cubano y representantes de Estados Unidos para buscar soluciones a las diferencias bilaterales. Aunque evitó mencionar de manera directa a \»El Cangrejo\», como se le conoce al nieto de Raúl Castro, el jefe de Gobierno subrayó que el grupo designado para esta tarea estratégica opera con el \»apoyo y mandato\» del general y del presidente Miguel Díaz-Canel. La intervención del primer ministro llega después de varios días de intenso debate tras la inusual exposición mediática del joven heredero.
La polémica estalló tras una entrevista concedida por Rodríguez Castro al diario USA Today, donde se mostró dispuesto a negociar con cualquier representante estadounidense, incluyendo a Donald Trump, y no descartó asumir cargos políticos en el futuro. Estas declaraciones provocaron un inusual malestar dentro de la élite afín a la dictadura cubana. Figuras como el músico Israel Rojas y María del Carmen Hernández Carús, madre de la jefa de Comunicación de Díaz-Canel, cuestionaron públicamente que el nieto del líder histórico asumiera \»un rol que no le corresponde\», evidenciando fracturas y incomodidades en la cúpula ante el nepotismo dinástico.
Nepotismo y opacidad en medio de un escenario complejo
El intento de Marrero por cerrar filas y descalificar las críticas como \»asesinatos de reputación\» y \»manipulaciones\» ocurre en un contexto de profunda crisis estructural. Mientras las autoridades de la isla intentan proyectar una imagen de fortaleza diplomática, la ciudadanía enfrenta un colapso sistémico marcado por la hiperinflación, el desabastecimiento crónico de alimentos y medicamentos, y un éxodo migratorio sin precedentes. La designación de familiares directos de la cúpula militar para tareas de Estado refleja la naturaleza hermética y autoritaria del régimen de La Habana, donde el control del poder se concentra en un reducido grupo familiar ajeno a cualquier control democrático.
El respaldo explícito de Marrero, sumado a las recientes defensas de funcionarios del aparato ideológico como Elier Ramírez Cañedo y Abel Prieto, busca imponer silencio disciplinario sobre la sucesión dinástica. Sin embargo, este episodio deja al descubierto las tensiones internas y la opacidad con la que la dictadura cubana gestiona sus relaciones internacionales y la transmisión de cuotas de poder. Para la población, la confirmación de que la política exterior se maneja a través de figuras impuestas por herencia, reafirma la desconexión total entre las prioridades de la cúpula gobernante y las urgencias democráticas y económicas de la nación.