Por primera vez en diez años, los ciudadanos cubanos han superado a los venezolanos en el número de solicitudes de refugio presentadas en Brasil, según datos oficiales del Ministerio de Justicia y Seguridad Pública (MJSP). Este hito demográfico refleja la profundidad de la crisis estructural y la asfixia política que sufre la isla, empujando a miles a emprender peligrosas rutas migratorias hacia Sudamérica en busca de supervivencia.
Las cifras reveladas por la plataforma oficial Painel da Migração no Brasil y recopiladas por el medio local portalg1, indican que durante el primer trimestre de 2025, un total de 9.467 cubanos solicitaron asilo en territorio brasileño, frente a los 5.794 venezolanos que hicieron lo propio en el mismo período. Este dato marca un punto de inflexión en los flujos migratorios latinoamericanos, tradicionalmente dominados por la crisis del país caribeño, y posiciona a Cuba en el centro del debate sobre el desplazamiento forzado en la región.
Según los registros del MJSP, el incremento de peticiones por parte de ciudadanos cubanos muestra una tendencia sostenida al alza desde 2022. Este comportamiento ha ubicado a la isla en el segundo lugar histórico en cuanto al volumen total de solicitudes de refugio en Brasil, apenas por detrás de Venezuela. El régimen de La Habana, lejos de implementar reformas que mitiguen la emergencia, ha mantenido un control férreo sobre la economía y la sociedad, precipitando un éxodo que ya se considera el más masivo en la historia reciente de la nación.
Testimonios de un país asfixiado
La realidad detrás de las estadísticas se materializa en testimonios como el de Yanniuris Córdoba, una joven de 26 años que llegó recientemente a Brasil. En diálogo con el medio brasileño, Córdoba detalló las precarias condiciones de vida en la isla, marcadas por la escasez crónica de alimentos y medicamentos, así como por el constante fracaso del sistema eléctrico. «La vida en Cuba es muy difícil. Muchas necesidades, apenas uno puede dormir, puede comer. No respetan la expresión de los otros», relató la migrante, resumiendo la combinación de miseria material y represión social que impera en el país.
Córdoba también denunció el impacto devastador de los apagones en la población infantil, evidenciando la vulneración de derechos fundamentales bajo la dictadura cubana. «Los niños sufren muchas cosas, tienen que ir a la escuela, no hay corriente, no hay agua. Un niño que apenas duerme por la noche, sin corriente, con calor, mosquitos, no tiene nada para el otro día estudiar. Es difícil», explicó. Su testimonio resuena con el de miles de cubanos que han optado por el exilio ante la imposibilidad de proyectar un futuro, denunciando además que «dicen que Cuba es libre, pero nosotros es como si no tuviéramos derecho a nada».
Rutas de tránsito y destino en Sudamérica
La geografía de este nuevo éxodo muestra que la mayoría de los migrantes cubanos ingresa a Brasil por la región norte, utilizando municipios fronterizos como Bonfim, en el estado de Roraima (frontera con Guyana), y Oiapoque, en Amapá (frontera con la Guayana Francesa), además de las rutas desde Surinam. Solo entre enero y marzo del presente año, las autoridades brasileñas contabilizaron 118 ingresos formales de cubanos a través de estos pasos, aunque la cifra real de tránsito suele ser superior debido a la migración irregular que buscan alternativas para eludir los controles estatales.
Sin embargo, Brasil no constituye siempre el destino final de este flujo migratorio. João Carlos Jarochinski Silva, investigador y coordinador de la Red Internacional Migración y Refugio (REDIMIR), financiada por el Consejo Nacional de Desarrollo Científico y Tecnológico (CNPq), explicó que muchos cubanos utilizan el país sudamericano como un territorio de tránsito. Desde allí, los migrantes intentan reorganizar sus rutas para llegar a otros destinos como Uruguay o Estados Unidos, buscando reunificación familiar o mejores oportunidades laborales que la economía brasileña no siempre puede garantizar de inmediato.
En el marco legal brasileño, el estatuto de refugiado se otorga a individuos que huyen de su país de origen debido a persecución política, racial, religiosa, conflictos armados o graves violaciones a los derechos humanos. La solicitud de asilo por parte de los cubanos se fundamenta en el temor fundado de que su retorno a la isla ponga en riesgo su integridad física, un principio reconocido por el propio Ministerio de Justicia brasileño ante el accionar represivo de la dictadura cubana contra disidentes, activistas y ciudadanos no alineados con el discurso oficial.
Contexto: El colapso sistémico de la isla
El aumento dramático de las solicitudes de refugio en Brasil no es un fenómeno aislado, sino un síntoma directo de la crisis estructural que atraviesa Cuba. El gobierno cubano ha demostrado una incapacidad crónica para garantizar el suministro de bienes básicos. La inflación descontrolada, la depreciación del salario real y el desabastecimiento generalizado han empobrecido a la población a niveles no vistos en décadas. El colapso del sistema electroenergético nacional, con apagones que superan las 10 y 12 horas diarias en muchas provincias, ha paralizado la economía informal y deteriorado la calidad de vida hasta límites insostenibles.
A la debacle económica se suma el endurecimiento del aparato represivo. Tras las protestas masivas del 11 de julio de 2021, el régimen de La Habana ha perfeccionado sus mecanismos de control social, utilizando amenazas, encarcelamientos arbitrarios, juicios sumarios y la censura digital para neutralizar cualquier brote de disidencia. Esta combinación de miseria material y asfixia política ha convertido el exilio en la única vía de escape viable para amplios sectores de la población, incluyendo a profesionales, médicos, jóvenes y familias completas que abandonan sus propiedades para no regresar.
Históricamente, la migración cubana se dirigía casi exclusivamente hacia Estados Unidos. Sin embargo, ante las restricciones en las políticas de visas y el endurecimiento de rutas aéreas y marítimas, los cubanos han diversificado sus destinos. La crisis migratoria que comenzó a agudizarse a finales de 2021 y durante 2022, con la utilización de rutas terrestres a través de Centroamérica y el Caribe —incluyendo el vuelo a Nicaragua como puente terrestre hacia la frontera sur de EE. UU.—, ahora ha desplazado su presión hacia el Cono Sur. Brasil, con una política de asilo relativamente accesible, se ha convertido en un refugio estratégico.
Implicaciones y futuro del éxodo
El desplazamiento de Venezuela por Cuba como principal país de origen de solicitantes de refugio en Brasil tiene profundas implicaciones políticas y demográficas. Por un lado, evidencia que la crisis en la isla ha alcanzado niveles comparables o superiores a los de otras naciones latinoamericanas tradicionalmente catalogadas en colapso. Por otro, pone a prueba la capacidad de absorción e integración del Estado brasileño, que deberá diseñar políticas públicas eficaces para atender a esta nueva oleada de migrantes que llega con necesidades urgentes de empleo, vivienda y atención sanitaria.
Para la ciudadanía cubana, el continuo goteo migratorio representa una hemorragia demográfica que descapitaliza al país de su fuerza laboral y reproductiva. Mientras la comunidad internacional observa con preocupación este fenómeno, la falta de voluntad política por parte de las autoridades de la isla para abrir espacios de participación ciudadana o liberalizar la economía augura que el flujo migratorio no se detendrá en el corto plazo. La superación de los venezolanos en las estadísticas brasileñas es, en esencia, un termómetro de la desesperación cubana y un mensaje inequívoco de que el modelo impuesto por el ejecutivo cubano ha tocado fondo, obligando a su población a buscar en el exilio la dignidad que le es negada en su propia tierra.



