Domingo, 27 de septiembre de 2026
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La compañía teatral Thespis reestrena ‘La visita’ en Doral, rescatando el legado del exilio cultural cubano

La compañía teatral Thespis reestrena ‘La visita’ en Doral, rescatando el legado del exilio cultural cubano

La compañía teatral Thespis, bajo la dirección de la actriz y directora Marcia Arencibia Henderson, anunció la reposición de la obra «La visita», del escritor y dramaturgo cubano Orlando Rossardi. Las funciones están programadas para el sábado 7 de febrero a las 8:00 p.m. y el domingo 8 a las 5:00 p.m., en el SAH Conservatory of Dramatic Arts, ubicado en el 2186 N.W. 87th Ave., Doral, Florida.

El anuncio de esta reposición llega impulsado por lo que los organizadores han calificado como una «demanda popular», respondiendo a la continua solicitud del público tras el resonado éxito de taquilla que experimentó la obra en su presentación anterior. La entrada general tiene un costo de 25 dólares, mientras que adultos mayores y estudiantes pueden acceder por 15 dólares, una política de precios que busca facilitar el acceso a la comunidad cubana en el sur de la Florida.

El elenco de esta puesta en escena cuenta con la participación de la propia Marcia Arencibia Henderson y la actriz Marlén Martín. La producción incluye una actuación especial de Christian Ocón, quien además asume el diseño y la ejecución de la escenografía. En el ámbito técnico, Saúl Barat se encarga de la operación de sonido y luces, consolidando un equipo de producción que garantiza la calidad técnica del montaje en el exilio.

La materialización de esta reposición ha sido posible gracias al respaldo de figuras e instituciones comprometidas con la cultura cubana en el exterior. Entre los contribuyentes destacan Demetrio Pérez Jr., en representación de las Escuelas Lincoln-Martí, y Ediciones La Gota de Agua, un sello editorial con sede en Filadelfia. Este último proyecto, impulsado por el escritor Rolando Morelli, ha jugado un papel fundamental en la publicación y organización de eventos destinados a reconocer y preservar la obra de autores cubanos en el exilio.

Una obra que retrata el despojo y la memoria

«La visita» es una comedia breve en dos actos y dos oscuros, catalogada dentro del teatro del absurdo. La premisa dramática se centra en dos hermanas, Casilda y Eremilda, quienes preparan una recepción para figuras de poder. Sin embargo, la trama se complica con la irrupción de un nutrido grupo de fantasmas del pasado y la aparición del «Señor Verdict», una figura asociada al despojo final de la casa y sus objetos. Esta narrativa, escrita a partir del texto original publicado en 1997, funciona como una alegoría profundamente simbólica de la historia cubana reciente.

La figura del «Señor Verdict» y el despojo de la vivienda resuenan con una fuerza particular en la memoria de la diáspora. El texto teatral refleja, casi proféticamente, el trauma de la pérdida material y el desarrajo sufrido por cientos de miles de cubanos tras las confiscaciones y expropiaciones masivas ordenadas por el gobierno cubano en las primeras décadas del régimen. La invasión de los «fantasmas del pasado» representa ese bagaje histórico que la comunidad exiliada lleva consigo, una memoria que las autoridades de la isla han intentado sistemáticamente borrar o reescribir.

Orlando Rossardi, cuyo nombre real era Orlando Rodríguez Sardiñas, fue un autor profundamente vinculado al exilio intelectual y cultural. Su extensa obra abarca la poesía, el ensayo y el periodismo, caracterizándose por una postura crítica frente a la deriva totalitaria de la isla. El antecedente documental de «La visita» aparece recogido en la revista Dramaturgos (volumen II, número 2), que indica que la pieza fue estrenada en Madrid, en el Instituto de Cultura Hispánica, en junio de 1961, en plena efervescencia de las primeras oleadas migratorias de cubanos que huían de la implantación del sistema comunista.

El asfixiante panorama cultural en la isla

El éxito y la continuidad de montajes teatrales como «La visita» en ciudades estadounidenses como Doral o Miami contrastan dramáticamente con la realidad que enfrentan los artistas dentro de Cuba. La dictadura cubana mantiene un control férreo sobre la producción cultural a través de la censura previa, la marginalización de artistas no afines al discurso oficial y la represión directa contra cualquier expresión que cuestione el poder. Obras que abordan temas como el despojo, el exilio o la crítica a las figuras de poder simplemente no tienen cabida en los escenarios estatales, monopolizados por el aparato ideológico del régimen de La Habana.

Además de la censura política, el sector teatral en la isla se encuentra colapsado por la profunda crisis económica estructural que atraviesa el país. La inflación galopante, los apagones constantes y la escasez crónica de materiales básicos hacen que la producción de una obra de teatro sea un desafío logístico casi insalvable para los artistas residentes en Cuba. Las salas de teatro sufren el deterioro de su infraestructura, y el público enfrenta dificultades para costear una entrada, priorizando la supervivencia ante la escasez de alimentos y medicinas. Este escenario ha provocado un éxodo masivo de talentos escénicos, que se ven obligados a emigrar para poder ejercer su oficio con dignidad.

Ante este vacío cultural forzado por el ejecutivo cubano, la diáspora ha asumido un rol protagónico en la preservación y desarrollo de la identidad cultural cubana. Iniciativas como las de la compañía Thespis y el trabajo editorial de Rolando Morelli no son únicamente esfuerzos artísticos, sino actos de resistencia y memoria histórica. Al llevar a escena textos de autores exiliados, la comunidad exterior construye un archivo cultural paralelo, libre de la manipulación y el adoctrinamiento impuestos por las autoridades de la isla.

Implicaciones y futuro del arte cubano en el exilio

La reposición de «La visita» trasciende el ámbito del entretenimiento local en Doral; se erige como un recordatorio de que la cultura cubana sobrevive y florece en la libertad, a pesar de los esfuerzos del régimen por silenciar las voces disidentes. El respaldo de figuras como Demetrio Pérez Jr. y de instituciones educativas y editoriales en el exilio demuestra que existe una red sólida comprometida con el sostenimiento de esta memoria.

De cara al futuro, el fortalecimiento de estos espacios culturales en el exilio tendrá implicaciones directas en cómo las nuevas generaciones de cubanos, tanto dentro como fuera de la isla, comprenden su historia. Mientras el gobierno cubano continúe profundizando la crisis y negando las libertades democráticas, el arte producido por la diáspora seguirá siendo el principal refugio para la verdad histórica y la crítica social, proyectando una imagen integral de la nación que el régimen de La Habana intenta ocultar.

Equipo Editorial Reporte Cuba Ya
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