La madre del fallecido niño cubano Damir Ortiz ha denunciado públicamente la grave negligencia del sistema de salud cubano al negar una cirugía urgente a su hijo menor, David, de cuatro años. El menor padece criptorquidia, una condición que, al no ser tratada a tiempo, pone en riesgo su vida y que evidencia, una vez más, el colapso institucional y la falta de atención médica en la isla.
Eliannis Ramírez, quien en abril perdió a su hijo Damir tras una larga agonía marcada por errores médicos en Cuba, se enfrenta ahora a una pesadilla similar con su otro hijo. La denuncia fue inicialmente expuesta por el doctor Lucio Enríquez Nodarse, médico cubano exiliado en España, quien a través de sus redes sociales advirtió sobre el peligro inminente que corre el pequeño David ante la inacción de las autoridades sanitarias de la isla. El especialista alertó que el retraso en la intervención quirúrgica podría derivar en consecuencias graves e irreversibles para la salud del menor.
De acuerdo con las principales guías médicas internacionales, como las de la European Association of Urology (EAU) y la American Urological Association (AUA), el límite ideal para operar a un niño con criptorquidia —una condición que impide el descenso normal del testículo al escroto— es entre los seis y 12 meses de edad, y bajo ninguna circunstancia debe superarse los 18 meses. Sin embargo, David ya tiene cuatro años. El doctor Enríquez Nodarse subrayó la gravedad de la situación al señalar que la falta de intervención a esta edad es sumamente riesgosa, advirtiendo que el testículo no descendido puede malignizarse, lo que abre la puerta a un potencial desarrollo de cáncer.
En su intervención, el galeno exiliado no dudó en responsabilizar directamente a la dictadura cubana del desenlace que pueda tener el «único hijo que le queda a Eliannis Ramírez, porque ya a Damir se lo mataron». Esta afirmación contundente refleja la percepción generalizada de que las deficiencias del sistema sanitario no son meros accidentes administrativos, sino el resultado de una política de abandono estructural hacia la población civil por parte del poder en Cuba.
Desde la propia isla, Eliannis Ramírez corroboró la denuncia esbozando un panorama de desamparo y negligencia médica. La madre aseguró que con David está ocurriendo exactamente lo mismo que con su difunto hijo Damir: «el abandono, la negligencia, la falta de todo en ese sistema de porquería». Según relató, el menor ya fue valorado por un urólogo y cuenta con los análisis de sangre y exámenes complementarios necesarios para la cirugía. Sin embargo, la intervención no se ha realizado debido a las constantes dilaciones del sistema de salud.
Las excusas ofrecidas por el personal sanitario a Ramírez son un reflejo del colapso hospitalario: le han informado que «no hay anestesista» y que existe «una cola de niños para operarse desde 2023». La madre también mencionó sus intentos fallidos de gestionar la cirugía en otras provincias, incluida una propuesta en la región oriental del país donde, para poder operar, «había que llevarle todo lo de la operación». Esta exigencia de que los pacientes aporten sus propios insumos médicos resultó inviable para la familia debido a las profundas dificultades logísticas y la escasez crónica de medicamentos y material quirúrgico en el mercado negro cubano.
Un destello de esperanza apareció cuando un urólogo del Hospital Pediátrico de Centro Habana accedió a operar a David sin necesidad de que la familia aportara insumos médicos externos, y ordenó los estudios previos pertinentes. No obstante, la espera continúa. Ramírez indicó que están a la expectativa de una llamada para la consulta con el anestesista que, hasta el momento de su denuncia pública, no había llegado. Mientras tanto, el niño ha comenzado a experimentar complicaciones dolorosas: «A David le está dando dolor ese testículo y le coge hasta la rodillita derecha», detalló con angustia.
Ante la indolencia institucional, la madre ha lanzado un ultimátum desesperado. Relató que el niño fue anotado «en un papelito» supuestamente para otorgarle prioridad debido a su edad y a la urgencia de su condición. «Les di esta semana. Si antes del sábado no llaman para la consulta con el anestesista, la voy a formar», advirtió Ramírez, en una clara muestra de hartazgo ante la burocracia estatal. Su mensaje final fue una exigencia directa al Ministerio de Salud Pública (MINSAP): «David es lo único que me dejaron, mejor ni decirles más. Preocúpense y ocúpense de David».
El antecedente trágico: el caso de Damir Ortiz
La desesperación de Eliannis Ramírez encuentra su justificación más dolorosa en la reciente pérdida de su hijo mayor, Damir Ortiz, de 10 años. El menor fue diagnosticado en Cuba de manera errónea con Linfoma de Burkitt o leucemia de células Burkitt, cuando en realidad padecía neurofibromatosis plexiforme tipo 1 (NF1), una enfermedad genética compleja que requiere tratamientos altamente especializados y recursos que el sistema de la isla no posee.
Como consecuencia del error diagnóstico, Damir recibió innecesariamente sesiones de quimioterapia en Cuba, mientras que una infección bacteriana grave que padecía fue ignorada y no recibió el tratamiento adecuado. Finalmente, el menor falleció por sepsis generalizada en el hospital Nicklaus Children’s de Miami, apenas más de 20 días después de haber logrado llegar a Estados Unidos tras múltiples esfuerzos internacionales para obtener un visado humanitario, trámite que el régimen de La Habana obstaculizó en repetidas ocasiones.
El colapso del sistema sanitario y la crisis estructural
El caso de la familia Ortiz Ramírez no es un suceso aislado, sino una ventana clara hacia la profunda crisis estructural que atraviesa Cuba en todos sus ámbitos, especialmente en el sector de la salud. Lo que alguna vez fue presentado por el gobierno cubano como uno de los mayores logros de la revolución, hoy se encuentra en estado de ruina. La falta de anestesiólogos, las listas de espera que se arrastran desde años anteriores y la exigencia de que los pacientes suministren sus propios materiales quirúrgicos demuestran un deterioro sistémico sin retorno a corto plazo.
La dictadura cubana ha priorizado históricamente la exportación de servicios médicos como fuente principal de ingresos de divisas, enviando a sus profesionales al extranjero mientras desatiende las necesidades básicas de la población en la isla. Esta política ha generado una fuga masiva de especialistas y un vacío en los hospitales nacionales, donde la infraestructura colapsa, el saneamiento es deficiente y los insumos básicos brillan por su ausencia. La situación de David, esperando una cirugía de rutina que se ha convertido en un trámite de vida o muerte, es la materialización de esta crisis humanitaria silenciada.
Además, este escenario médico se desarrolla en un contexto de inflación galopante, desabastecimiento alimentario y un éxodo migratorio sin precedentes. Las familias cubanas se ven obligadas a luchar simultáneamente contra el hambre y la enfermedad, sin el respaldo de un Estado que, por el contrario, ejerce un control absoluto sobre los recursos y reprime cualquier intento de demanda social organizada. La burocracia estatal actúa como un muro infranqueable que condena a los ciudadanos más vulnerables, como los niños enfermos, a un abandono casi seguro.
Implicaciones y exigencia de respuesta
La advertencia de Eliannis Ramírez de «formar un escándalo» si no es atendida refleja la desesperación de una ciudadanía que ha perdido el miedo a alzar la voz frente a la maquinaria represiva e ineficiente del Estado. Su caso pone de manifiesto cómo la falta de libertades y el control absoluto del ejecutivo cubano se traducen directamente en violaciones al derecho a la vida y a la salud.
La comunidad internacional y las organizaciones defensoras de los derechos humanos deben prestar atención urgente a estos casos. La vida de David Ortiz pende de la voluntad de un sistema que ya demostró su incapacidad y negligencia con su hermano mayor. Exigir transparencia, responsabilizar al MINSAP y presionar al régimen de La Habana para que garantice la atención médica inmediata no es solo un acto de justicia para con Eliannis, sino un imperativo ético frente a una dictadura que continúa cobrándose las vidas de los cubanos más inocentes.


