Roberto Perdomo, uno de los rostros más reconocidos de la actuación en Cuba, ha roto su prolongado silencio sobre las tragedias personales que atravesaron su vida y ha lanzado una aguda crítica sobre el estancamiento de la ficción televisiva en la isla. En una extensa entrevista, el veterano actor confesó su lucha contra el alcoholismo tras enviudar, el sacrificio familiar que le costó su carrera y una oportunidad perdida en Hollywood, revelando la faceta humana detrás del galán de la televisión nacional.
Durante su conversación con el canal La Familia Cubana TV, Perdomo abordó con crudeza el duelo que casi lo destruye. La pérdida de su esposa, con quien compartió siete años de relación mientras residía en España, lo sumergió en una profunda depresión que derivó en una severa adicción al alcohol. «La pérdida de mi mujer fue un golpe demoledor. Me volví alcohólico. Me tomaba una botella de ron diaria. El dolor me arrastró», relató el intérprete, quien logró sobreponerse a esa etapa oscura y mantiene la sobriedad desde hace años, reconociendo que la bebida le robó energía, vida y oportunidades.
El camino hacia la consagración artística también estuvo marcado por renuncias dolorosas. Originario de Santiago de Cuba, Perdomo tomó la decisión de mudarse a La Habana para perseguir su vocación actoral, un movimiento que le costó su primer matrimonio y la posibilidad de presenciar el crecimiento de su hija. El actor admitió que, de tener una máquina del tiempo, ese sería uno de los episodios de su vida que intentaría modificar, evidenciando el alto precio que muchos artistas cubanos pagan para intentar desarrollarse profesionalmente en un entorno centralizado donde las oportunidades se concentran en la capital.
Pese a las vicisitudes personales, su talento le abrió puertas en escenarios internacionales que finalmente no pudo cruzar. Mientras vivía en España, el azar lo situó frente a una audición para una megaproducción de Hollywood. Desconociendo el idioma inglés, Perdomo rechazó asistir al casting, para descubrir tiempo después que se trataba de «El mañana nunca muere», la decimoctava entrega de la saga de James Bond, donde podría haber compartido tres escenas con el protagonista estadounidense Pierce Brosnan. Esta anécdota ilustra las barreras idiomáticas y de formación que han limitado el alcance de numerosos talentos cubanos más allá de sus fronteras.

ACTOR cubano confiesa: MUERTE de su ESPOSA, salida de Tras La Huella: Roberto Perdomo
Una carrera forjada en el teatro y la televisión nacional
En el ámbito nacional, su carrera es indiscutible. Con más de 20 obras teatrales en su haber, incluyendo títulos emblemáticos como «Abakuá» y «Santa Camila de la Habana Vieja», Perdomo se consolidó como una figura fundamental de la escena cubana. En la televisión, alcanzó la cúspide de su popularidad en la década de los noventa con la telenovela «El balcón de los helechos», junto a la actriz Susana Pérez, y más recientemente ganó la aceptación del público encarnando al Coronel Fernando en el exitoso policíaco «Tras la Huella».
Sobre su sorpresiva salida de este último espacio, el actor aclaró que no obedeció a desavenencias con la dirección o el elenco, sino a su negativa a quedar encasillado en un mismo rol. «No me fui en malos términos. Fue una decisión propia. Quería hacer otras cosas. No deseaba quedarme encasillado en el policía eterno», aseveró. Tras su partida del programa, buscó diversificar sus registros con apariciones en la serie «Calendario» y un rol antagónico en la telenovela «Renacer» en el pasado año. De cara al futuro, Perdomo anticipó su participación en el próximo dramatizado de horario estelar, «Regreso al corazón», producción que relevará a «Sábados de Gloria» y donde interpretará a un padre de familia.
Sin embargo, sus expectativas artísticas chocan frontalmente con la realidad de la industria cultural cubana actual. Al evaluar el estado de los medios tradicionales en la isla, el actor no escatimó en señalar las deficiencias creativas que aquejan a la televisión nacional. «Nos falta riesgo. Falta conflicto. La vida está llena de temas difíciles y no podemos seguir esquivándolos como si no existieran», opinó Perdomo. Esta declaración es una punzada directa a la política de censura y autocensura que impera en los medios de comunicación administrados por el Estado, donde la ficción está obligada a ignorar la cruda realidad para mantener una fachada de normalidad.
El contexto sistémico: Ficción versus realidad en Cuba
La queja del intérprete cobra una dimensión mucho más grave al contextualizarse en la crisis estructural que sufre Cuba. La falta de «riesgo» y «conflicto» en las telenovelas y series nacionales no es un mero error de guion, sino una directriz implícita del régimen de La Habana. Reflejar la vida real de los cubanos hoy implicaría mostrar la inflación galopante, el desabastecimiento crónico de alimentos y medicinas, los apagones prolongados y la angustia de un país que ha visto partir a más del diez por ciento de su población en un éxodo migratorio sin precedentes. La ficción oficialista es una burbuja diseñada para evadir los fracasos del modelo económico y social impuesto por el gobierno cubano.
Este control estricto sobre los relatos culturales se ha endurecido en los últimos años. Desde las protestas del 11 de julio de 2021 y la criminalización de la disidencia, la dictadura cubana ha implementado una cacería de ideas, marginando, exiliando o encarcelando a artistas que se atreven a reflejar el conflicto social. El sector cultural, otrora vitrina internacional de la revolución, hoy está intervenido y vigilado por el aparato de inteligencia. Cualquier intento de mostrar la frustración ciudadana o las violaciones de derechos humanos es tachado de «contrarrevolucionario», obligando a los creadores a optar por el exilio o a plegarse a la mediocridad de un guion complaciente.
A la asfixia ideológica se suma el colapso material. La producción audiovisual en la isla enfrenta limitaciones técnicas insalvables debido a la falta de recursos, equipos y financiación, mientras las autoridades destinan cuantiosos recursos a la maquinaria represiva y a eventos de propaganda. Los actores y técnicos deben trabajar en condiciones precarias, lidiando con los mismos apagones y escaseces que el resto de la población, lo que merma la calidad de las producciones que, además, están atadas a temáticas inofensivas aprobadas por el ejecutivo cubano.
El reto de incomodar en un sistema anestesiado
En medio de este panorama desolador, la voluntad de Roberto Perdomo de seguir trabajando y su deseo de «hacer personajes que incomoden, que no dejen dormir», representa un reto monumental. Su trayectoria y su supervivencia personal ante la tragedia lo respaldan como un actor de fuste, pero su aspiración de incomodar choca con un sistema mediático diseñado precisamente para anestesiar, silenciar y evitar cualquier incomodidad que cuestione el statu quo.
Que un artista de su talla demande conflictos reales en la pantalla es un síntoma del agotamiento de un modelo cultural que, al igual que la economía nacional, se encuentra en bancarrota. La audiencia cubana, inmersa en la supervivencia diaria y hastiada de las telecomedias desconectadas de su realidad, observa con escepticismo las nuevas propuestas. El futuro de la televisión en la isla dependerá no solo del talento de actores como Perdomo, sino de un cambio estructural que permita a los creadores retratar, sin miedo a la represalia, la verdadera Cuba que habitan.


