La antigua Terminal del Ferrocarril Holguín-Gibara, edificación colonial inaugurada en 1893, yace hoy entre escombros y desechos sólidos en el reparto Zayas. Mientras un cartel oficialista proclama «El renacer del Mambí», el gobierno cubano ha permitido el colapso total de un inmueble de incalculable valor patrimonial, transformándolo en un foco de contaminación y un peligro inminente para la salud de los residentes de la ciudad de Holguín.
La ironía es palpable a simple vista. En la fachada de lo que fue una joya de la arquitectura ferroviaria cubana, un letrero acompañado por el logotipo del Ejército Juvenil del Trabajo (EJT), rama productiva de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR), anuncia un renacer inexistente. Detrás de la propaganda estatal, lo que predomina es el abandono absoluto. «Lo único que hay aquí es ruina y abandono, ¿qué renació?», cuestiona Luis López, un holguinero que transita a diario por el lugar, consciente de la ofensa que representa mantener tal mensaje frente a un basurero, especialmente cuando el nombre alude a los mambises que lucharon por la independencia de la isla.
El inmueble no siempre fue una promesa incumplida. Inaugurada el 4 de abril de 1893, la terminal prestó servicios ininterrumpidos durante 65 años. Su diseño colonial destacaba por un imponente frontón y dos amplios corredores laterales sostenidos por pies derechos de madera, característicos de la época. El andén principal estaba coronado por un techo de tejas a dos aguas, desde donde pasajeros y comerciantes conectaban con el estratégico puerto de Gibara, dinamizando la economía local y regional.
El cese de sus funciones ferroviarias se remonta a 1958, cuando los actos de sabotaje llevados a cabo por los rebeldes cubanos interrumpieron las vías. Sin embargo, la destrucción final no fue obra de la guerra, sino de la desidia institucional. Durante más de una década, las autoridades de la isla utilizaron el espacio como mercado agropecuario bajo el nombre de «Mambí». Félix Borrero, vecino de la zona, señala que el capital generado por las ventas del agro pudo haber sido reinvertido en el mantenimiento del edificio. «Por la despreocupación de las autoridades perdimos una parte de la historia de Holguín», afirma, evidenciando la falta de planificación y el mal manejo de los recursos por parte del ejecutivo cubano.

Cartel que se encuentra frente a la fachada de la antigua estación (Foto: CubaNet)
La paradoja de las instituciones defensoras del patrimonio
El estado actual de la antigua estación contradice de manera flagrante los supuestos fines de organismos creados específicamente para evitar este tipo de pérdidas. El Centro Provincial de Patrimonio Cultural de Holguín inició sus funciones el 1 de abril de 1990 con la explícita misión de «rescatar, preservar, investigar y difundir el patrimonio cultural y natural de la Nación». A más de tres décadas de su creación, la entidad ha demostrado su inoperancia frente a la burocracia y la falta de asignación presupuestaria real.
«A nadie de arriba le importa el patrimonio», denuncia Jorge Góngora, otro residente que ha sido testigo del deterioro progresivo. La crítica de los ciudadanos apunta directamente a la hipocresía del régimen de La Habana, que se llena la boca hablando de cultura e identidad nacional, pero permite que los vestigios tangibles de esa historia se derrumben por falta de atención básica. Isabel Pérez, vecina del lugar, lamenta la oportunidad perdida para el desarrollo comunitario: «Ese lugar pudo haber sido un centro cultural, un museo, algo para los jóvenes, pero lo dejaron morir».
Un peligro sanitario en medio de la crisis estructural
La degradación de la terminal ha trascendido la pérdida arquitectónica para convertirse en un grave problema de salud pública. La basura acumulada bajo los restos del techo, combinada con el agua de lluvia estancada, ha creado un caldo de cultivo ideal para la proliferación de mosquitos, roedores y otros vectores transmisores de enfermedades. En un país donde el sistema de salud se encuentra en franco colapso y las emergencias epidemiológicas son recurrentes, la existencia de un vertedero no controlado en una zona habitada representa una negligencia criminal del Estado.

Basura dentro de la antigua estación (Foto: CubaNet)
«Seguro tomarán medidas solo cuando llegue otra epidemia, como ha sucedido siempre», advierte Pérez, reflejando la política reactiva y no preventiva que caracteriza al gobierno cubano. La normalización del abandono es otra de las consecuencias psicológicas de la crisis. Elena Torres, otra holguinera, exige responsabilidades directas: «Nos acostumbramos a ver este lugar como un basurero y nos parece normal, y eso es lo que más me preocupa. ¿Qué hicieron el Centro Provincial de Patrimonio y el Gobierno para evitar esto?».
Contexto: El colapso patrimonial y la crisis sistémica
El caso de la estación de Holguín no es un hecho aislado, sino un síntoma más de la profunda crisis estructural que atraviesa Cuba. La falta de mantenimiento de la infraestructura pública es una constante en toda la isla, afectando desde el sistema ferroviario nacional hasta hospitales, escuelas y acueductos. La economía centralizada y planificada por el régimen ha demostrado su incapacidad para generar riqueza y reinvertir en el bienestar común. La inflación galopante y la escasez crónica de materiales de construcción hacen que la restauración de inmuebles patrimoniales sea una quimera, mientras las autoridades priorizan la construcción de hoteles para el turismo de enclave, often managed by military conglomerados como GAESA.
Además, el éxodo migratorio masivo de los últimos años ha privado al país de mano de obra especializada, incluyendo arquitectos, historiadores y restauradores que tradicionalmente velaban por la conservación del patrimonio. La dictadura cubana ha preferido destinar sus menguantes recursos a la represión social y al aparato de seguridad del Estado, en detrimento de la preservación de la memoria histórica y la salubridad de sus ciudadanos. El abandono de inmuebles históricos es también una forma de censura y control: un ciudadano sin raíces tangibles ni espacios de encuentro cultural es más fácil de subyugar.

Fachada de la antigua estación (Foto: CubaNet)
La utilización del Ejército Juvenil del Trabajo en la propaganda del mercado agropecuario «Mambí» ilustra cómo las estructuras militares del país se inmiscuyen en la economía civil sin aportar soluciones reales. El EJT, que en su momento tuvo la misión de garantizar la producción agrícola, es hoy testigo pasivo del desabastecimiento alimentario que sufre la nación y de la ruina de las instalaciones que alguna vez administró.
Conclusión
La pérdida de la Terminal del Ferrocarril Holguín-Gibara es una tragedia silenciosa que refleja el fracaso del modelo político y económico impuesto en Cuba. Lo que alguna vez fue un símbolo de progreso y conexión regional es hoy un vertedero que amenaza la salud pública y borra un capítulo esencial de la identidad holguinera. Mientras el régimen mantenga el control absoluto de los recursos y las instituciones operen bajo la sombra de la obediencia ideológica en lugar de la rendición de cuentas democrática, el patrimonio cubano seguirá condenado a la desaparición. La comunidad internacional y las organizaciones defensoras del patrimonio cultural deben poner la mirada en este deterioro sistemático, que no es producto de la fatalidad, sino de la acción y omisión deliberada del poder en la isla.