El recluso de nacionalidad india Dalvinder Singh Jagpal, recluido en el Combinado del Este, denunció la negación sistemática de asistencia médica por parte de las autoridades cubanas, evidenciando el colapso del sistema de salud penitenciario y la vulneración de los derechos fundamentales en las prisiones de la isla.
Desde el penal de La Habana, Singh Jagpal relató que padece de un fuerte dolor de muelas desde hace varias semanas, así como una inflamación en el tobillo producto de un esguince sufrido recientemente, lo que le impide caminar con normalidad. Ante sus reiteradas solicitudes de atención, el reeducador primer teniente Yoan Quesada Alarcón le respondió que en la instalación \»no hay doctora, ni materiales para empastes, ni analgésicos\», ordenándole simplemente \»aguantar\» el dolor. Además, las autoridades le han prohibido recibir medicamentos enviados por sus familiares desde el exterior, una medida que contrasta con el trato dispensado a otros reclusos.
Represión y censura dentro del penal
La situación del prisionero se agrava con la incautación arbitraria del mando de su televisor, un hecho que fue revisado durante una inspección de la Dirección Nacional de Cárceles y Prisiones. El teniente coronel José Andrés Valle, jefe del edificio 3, justificó el decomiso alegando que Singh Jagpal \»estaba mirando muchas emisoras contrarrevolucionarias\». Sin embargo, el recluso aclaró que en el penal solo es posible sintonizar los canales transmitidos oficialmente en Cuba. A pesar de que un supervisor nacional reconvinó al militar por no seguir el \»procedimiento\» adecuado, el mando no ha sido devuelto, evidenciando el carácter caprichoso y punitivo de la medida.
El caso de Singh Jagpal no es un hecho aislado, sino un reflejo del colapso estructural del sistema penitenciario bajo la dictadura cubana. Recluido desde noviembre de 2002 y condenado a 10 años de prisión \»por convicción\» —sin pruebas ni testigos, tras coincidir en una casa de alquiler con personas implicadas en un caso de corrupción de menores—, el recluso ha cumplido con creces su sentencia. A lo largo de más de dos décadas de cautiverio, ha denunciado ser víctima de torturas físicas y psicológicas como represalia por exponer las condiciones infrahumanas de las cárceles y por exigir asistencia consular de la Embajada de la India para esclarecer su caso.
La indiferencia del régimen de La Habana ante el estado de salud de Singh Jagpal y su prolongada e irregular reclusión plantean serias interrogantes sobre la responsabilidad del Estado en la garantía de los derechos humanos. La pasividad de la comunidad internacional y la falta de una respuesta diplomática efectiva por parte de su país de origen permiten que la dictadura continúe operando con total impunidad, dejando a los reclusos —nacionales y extranjeros— a merced de un sistema carcelario que privilegia el control, la censura y el castigo sobre la rehabilitación y la dignidad humana.