La vicepresidenta del régimen chavista, Delcy Rodríguez, asumió la jefatura del Ejecutivo venezolano por orden del Tribunal Supremo de Justicia, tras la detención de Nicolás Maduro el sábado pasado y su posterior procesamiento con destino a Estados Unidos, en un episodio que marca un giro sin precedentes en la geopolítica regional y cuyas ondas expansivas alcanzan directamente a La Habana.
La resolución fue divulgada en la noche del 3 de enero por el máximo órgano judicial venezolano, mediante un comunicado leído en cadena nacional por Tania D’Amelio, presidenta de la Sala Constitucional. El texto otorga a Rodríguez \»las atribuciones, deberes y facultades inherentes al cargo de presidente de la República Bolivariana de Venezuela\», con el objetivo declarado de \»garantizar la continuidad administrativa y la defensa integral de la nación\». Con esta decisión, Rodríguez se convierte en la primera mujer en encabezar el poder Ejecutivo en la historia del país sudamericano.
El Tribunal Supremo fundamentó su resolución en una interpretación \»sistemática y teleológica\» de los artículos 234, 235 y 239 de la Constitución, argumentando que la medida responde a la \»ausencia forzosa del presidente de la República\» ante lo que calificó como una \»situación excepcional, atípica y de fuerza mayor no prevista literalmente\» en el texto constitucional. La nota oficial dispone que Rodríguez, el Consejo de Defensa de la Nación, el alto mando militar y el Parlamento sean notificados \»de inmediato\», aunque no precisa la fecha de juramentación.
Reaparición de Rodríguez y rechazo a la intervención
Durante la víspera de la resolución judicial, Delcy Rodríguez reapareció en Caracas, despejando los rumores sobre una supuesta salida hacia Rusia. En una conferencia de prensa, la ahora presidenta encargada exigió la \»liberación inmediata\» de Maduro y de su esposa Cilia Flores, detenidos conjuntamente, y rechazó de plano la intervención militar estadounidense que culminó con la captura del mandatario. Rodríguez afirmó que Maduro continúa siendo \»el único presidente\» de Venezuela, en un claro mensaje de resistencia interna del chavismo frente al escenario abierto tras la operación.
Implicaciones para Cuba y la región
La caída de Maduro representa un golpe estratégico de enorme magnitud para el gobierno cubano, que durante más de dos décadas ha sostenido una relación de dependencia mutua con Caracas. El suministro petrolero venezolano ha funcionado como un mecanismo de supervivencia económica para el régimen de La Habana, especialmente en momentos de máxima vulnerabilidad. La incertidumbre sobre el futuro del chavismo y la posible transición política en Venezuela amenaza con dejar a las autoridades de la isla sin uno de sus principales soportes externos, en un contexto donde la crisis estructural cubana —marcada por la inflación galopante, el colapso del sistema eléctrico, el éxodo migratorio masivo y la profundización de la represión— no muestra señales de reversión.
El próximo 5 de enero está prevista la instalación del nuevo periodo legislativo 2026-2031, bajo control chavista, así como la juramentación de la directiva parlamentaria. Lo que ocurra en los próximos días en Caracas no solo definirá el rumbo de Venezuela, sino que pondrá a prueba la capacidad de la dictadura cubana para sostenerse sin el respaldo de su aliado más estratégico en la región, en un escenario donde la comunidad internacional observa con atención los desarrollos y donde las consecuencias para la ciudadanía cubana podrían ser profundas y prolongadas.