El humorista y actor cubano Ulises Toirac propuso un experimento social para los más de 650 activistas extranjeros del \»Convoy Nuestra América\», quienes arribaron a La Habana con ayuda humanitaria. La iniciativa, que ha generado un amplio debate en redes sociales, cuestiona la desconexión de estas figuras internacionales con la realidad cotidiana de la isla y su legitimación del régimen cubano en medio de una profunda crisis sistémica.
A través de sus redes sociales, Toirac sugirió retirar las maletas a los visitantes y someterlos a las mismas condiciones de precariedad que enfrenta la mayoría de la población. La propuesta incluye asignarles una vivienda abandonada en un barrio marginado de la capital, otorgarles 4.000 pesos cubanos (CUP) sin acceso a empleo, la libreta de abastecimiento y un teléfono con línea de la estatal Empresa de Telecomunicaciones de Cuba (ETECSA). \»Vayan a buscarlos en un mes\», desafió el comediante, en un mensaje que rápidamente se viralizó y acumuló cientos de interacciones de ciudadanos que respaldaron la idea como una forma de exponer la \»Robolución\».
El llamado \»Convoy Nuestra América\», impulsado por la Internacional Progresista, tiene previsto confluir este fin de semana en La Habana con más de 20 toneladas de ayuda médica y alimentaria. La delegación está compuesta por políticos, sindicalistas y activistas de al menos 19 países, incluyendo figuras de alto perfil como el británico Jeremy Corbyn, el español Pablo Iglesias y la colombiana Clara López. Sin embargo, la operación ha sido señalada por la ciudadanía no como un acto de solidaridad pura, sino como una campaña de propaganda política que ignora la raíz autoritaria del colapso nacional.
Propaganda frente a la represión y el colapso
La crítica de Toirac y de otros sectores de la sociedad civil apunta a la hipocresía de celebrar la entrega de insumos básicos sin condenar las políticas que generaron el desabastecimiento. La periodista independiente Yoani Sánchez reprochó que los activistas se reúnan con el mandatario cubano, señalado como el responsable de dar la \»orden de combate\» para la represión de las protestas del 11 de julio de 2021. Ante los micrófonos, los visitantes rechazan las políticas exteriores contra la isla, pero abrazan a los representantes de la dictadura cubana, responsables de amordazar a la población, forzar el éxodo migratorio masivo y destruir la economía del país.
La llegada de este convoy internacional ocurre en un momento donde las autoridades de la isla enfrentan un creciente descrédito internacional por sus violaciones sistemáticas a los derechos humanos. La instrumentalización de la ayuda humanitaria por parte del ejecutivo cubano permite al régimen de La Habana desviar la atención sobre su incapacidad para garantizar la subsistencia de sus ciudadanos. Mientras tanto, la población continúa sufriendo los efectos de una inflación galopante, cortes eléctricos prolongados y la falta de libertades fundamentales, cuestiones que una simple donación de medicinas, promovida por aliados ideológicos extranjeros, no logrará resolver.