Domingo, 20 de septiembre de 2026
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UNICEF entrega concentradores de oxígeno a hospitales cubanos ante el colapso sanitario y el histórico repunte de la mortalidad infantil

UNICEF entrega concentradores de oxígeno a hospitales cubanos ante el colapso sanitario y el histórico repunte de la mortalidad infantil

El Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) ha iniciado la distribución de 50 concentradores de oxígeno en varios hospitales de Cuba para paliar la profunda crisis que atraviesa el sistema de salud materno-infantil, agravada por los constantes apagones. La donación internacional llega en un momento crítico, tras el reconocimiento oficial de que la mortalidad infantil en la isla registró uno de sus mayores incrementos en décadas, evidenciando el deterioro de un sector que el régimen de La Habana ha utilizado históricamente como vitrina propagandística.

La ayuda, destinada a reforzar la atención de urgencias para embarazadas, niños y adolescentes, ha comenzado a llegar a provincias como La Habana, Villa Clara, Sancti Spíritus, Ciego de Ávila, Las Tunas, Granma y Santiago de Cuba. Según detalló UNICEF Cuba, en los próximos días continuará el envío de equipos hacia el resto del territorio nacional, acompañado de sensores, ventiladores y piezas de repuesto fundamentales para el mantenimiento de una red hospitalaria que opera al borde del colapso técnico.

Los equipos están dirigidos prioritariamente a los servicios de urgencia que atienden a pacientes con síntomas respiratorios agudos, así como a las áreas de atención materno-infantil, los sectores más vulnerables ante la falta de recursos básicos. Sunny Guidotti, representante en funciones de UNICEF en la isla, enfatizó que cada insumo, medicamento o equipamiento que llega a las instituciones hospitalarias representa una oportunidad para mejorar los servicios y salvar vidas en un entorno adverso.

El funcionario de la agencia de la ONU reconoció de manera explícita que la actual situación energética en el país está impactando de forma directa la atención médica. «Dificulta la atención en salud y pone en riesgo a los bebés, niños y niñas que requieren acceso a oxígeno», señaló Guidotti en declaraciones recogidas por medios oficiales, confirmando lo que la ciudadanía ha denunciado de manera constante durante meses ante los prolongados y severos cortes de electricidad.

Por su parte, Raimel Milán, especialista del Centro Nacional de Electromedicina, explicó la funcionalidad de estos dispositivos. Aunque aclaró que los concentradores «no sustituyen a un botellón de oxígeno», subrayó que son fundamentales en situaciones de emergencia. Su principal ventaja radica en la facilidad de transportación, lo que permite su uso tanto en instalaciones hospitalarias como en domicilios, una alternativa crucial cuando el sistema centralizado de suministro de gases medicinales falla por la falta de energía eléctrica o el deterioro de las plantas de oxígeno en los centros médicos.

El derrumbe de una vitrina propagandística

La donación de UNICEF no es un hecho aislado, sino el reflejo de la emergencia humanitaria silenciada que atraviesa la mayor de las Antillas. Por décadas, el gobierno cubano ha ostentado los indicadores de salud como uno de los principales logros de su modelo social, utilizando el sistema sanitario como principal argumento de legitimidad internacional. Sin embargo, la falta de inversión sostenida, el envejecimiento de la infraestructura hospitalaria y la escasez crónica de medicamentos han desmantelado esta narrativa, exponiendo una realidad donde la atención médica básica se ha convertido en un privilegio inalcanzable para gran parte de la población.

El deterioro del Programa Materno Infantil es uno de los indicadores más alarmantes de este colapso. Recientemente, las autoridades sanitarias se vieron obligadas a reconocer que la tasa de mortalidad infantil cerró el año con un 9,9 por cada 1.000 nacidos vivos, un salto dramático respecto al 7,1 registrado el año anterior. Este incremento, uno de los más pronunciados en décadas, evidencia la incapacidad del sistema para garantizar la vida de los recién nacidos en condiciones de precariedad extrema, falta de nutrición adecuada para las gestantes y ausencia de insumos básicos en las salas de partos.

Durante el último Pleno del Partido Comunista de Cuba (PCC) celebrado en La Habana, la dictadura cubana tuvo que admitir que la capital posee la tasa de mortalidad infantil más alta del país, con 14 muertes por cada mil nacidos vivos. Esta cifra, inédita en la historia reciente de la ciudad, desnuda el resquebrajamiento de los servicios sanitarios y contradice frontalmente el discurso oficial de equidad y excelencia médica, demostrando que la crisis golpea incluso en el centro político y administrativo del país.

Contexto sistémico: Crisis energética, desabastecimiento y éxodo

La crisis sanitaria no puede desvincularse del colapso estructural que sufre la nación. El Sistema Electroenergético Nacional (SEN) opera con déficits constantes, provocando apagones que superan las 10 o 12 horas diarias en diversas provincias. Esta inestabilidad provoca que los hospitales, carentes de generadores suficientes o del combustible necesario para operarlos de manera ininterrumpida, no puedan mantener encendidos los equipos de soporte vital. Esto interrumpe tratamientos, cirugías programadas y la propia generación de oxígeno medicinal en las plantas centralizadas, obligando a recurrir a alternativas de emergencia como los concentradores donados.

A la crisis energética se suma una severa crisis económica marcada por una inflación descontrolada, el desabastecimiento alimentario y la dolarización forzada de la economía. Las madres gestantes y los niños sufren directamente las consecuencias de la imposibilidad de acceder a una dieta mínima y a medicamentos esenciales como antibióticos o antialérgicos pediátricos. La desesperación ante este panorama de desesperanza ha impulsado un éxodo migratorio sin precedentes, que incluye a miles de profesionales de la salud —pediatras, ginecólogos y enfermeros— quienes han abandonado el país en busca de mejores condiciones, dejando al sistema hospitalario con una severa falta de personal especializado.

La respuesta del régimen ante esta emergencia ha sido la inacción institucional combinada con el endurecimiento del control social. En lugar de implementar políticas efectivas de reactivación o facilitar la entrada de ayuda estructural sin trabas burocráticas, el ejecutivo cubano ha optado por censurar a los ciudadanos y médicos que denuncian la situación real en los hospitales. La dependencia de donaciones puntuales de organismos internacionales para asegurar el oxígeno de los recién nacidos es la prueba más contundente del fracaso del modelo de gestión estatal centralizado.

La entrega de estos 50 concentradores de oxígeno es un parche temporal en una herida que requiere una transformación profunda y urgente. Mientras la comunidad internacional continúa enviando ayuda humanitaria para mitigar la emergencia, la responsabilidad última recae en una cúpula de poder que prioriza el control político sobre la supervivencia y el bienestar de su población. A futuro, si no se produce un cambio real en la gestión de los recursos y en el respeto a los derechos fundamentales, Cuba seguirá dependiendo de la caridad externa para evitar tragedias mayores en sus salas de pediatría y unidades de cuidados intensivos neonatales, mientras las cifras de mortalidad continúan reflejando el costo humano de la ineficiencia estatal.

Equipo Editorial Reporte Cuba Ya
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