La sobreoferta de propiedades en Cuba ha colapsado el mercado inmobiliario, transformando lo que antes era un activo clave para financiar la emigración en una carga imposible de liquidar. En provincias como Villa Clara, cientos de familias intentan vender sus hogares a precios irrisorios para costear su salida del país, pero se enfrentan a una demanda inexistente, reflejo del profundo deterioro económico y social que vive la isla bajo el régimen de La Habana.
El fenómeno comenzó a intensificarse hace aproximadamente cuatro años, impulsado por políticas migratorias flexibles en la región y un dólar que aún no había alcanzado los actuales niveles de inflación. Sin embargo, fue la entrada en vigor del parole humanitario en enero de 2023 lo que desató una avalancha de propiedades en venta. Miles de cubanos pusieron sus casas en el mercado con la esperanza de obtener los recursos necesarios para viajar y rehacer sus vidas, principalmente en Estados Unidos. Con el reciente fin de este programa, la urgencia por vender persiste, pero los compradores han desaparecido, dejando a los propietarios en un limbo financiero.
En las calles de Santa Clara, desde el centro hasta los callejones periféricos, los carteles de \»Se vende esta casa\» son una constante. Miriam Quirós, propietaria de una amplia vivienda construida antes de 1959, es un ejemplo de esta crisis. Aconsejada inicialmente por un corredor para ofertar su propiedad en 30.000 dólares, hoy se ve obligada a aceptar menos de la mitad. \»Todas las semanas viene gente a verla, pero dicen que sí y después no me llaman\», relata la anciana, quien requiere el dinero con urgencia para reunirse con sus hijos en el extranjero. Situaciones similares se replican en el reparto hospitalario, donde un propietario pide apenas 3.500 dólares por su hogar remodelado para financiar su viaje a Brasil vía Guyana, sin lograr despertar el interés de ningún comprador.
Un mercado ahogado por la crisis estructural
La compraventa de viviendas fue autorizada por el gobierno cubano en noviembre de 2011 mediante el Decreto-Ley 288, una medida que modificó la Ley General de la Vivienda y permitió superar el restrictivo sistema de permutas. Sin embargo, más de una década después, el sector opera en un escenario de profunda precariedad. Corredores inmobiliarios independientes, como Leonel en Villa Clara, confirman que el mercado está sobresaturado. \»Son más las que se venden que las que realmente alguien compra\», asegura el intermediario, quien explica que los propietarios se resisten a bajar más los precios porque se trata de patrimonios familiares conseguidos a base de sacrificio.
La parálisis del mercado inmobiliario es un termómetro inequívoco del fracaso del modelo económico impulsado por las autoridades de la isla. La imposibilidad de liquidar activos para emigrar no detendrá el éxodo, pero agudizará la vulnerabilidad de quienes intentan irse, dejándolos atrapados en una economía dolarizada que los margina. Mientras la dictadura cubana mantenga sus políticas de control y represión, sin generar condiciones mínimas de prosperidad, el patrimonio de los ciudadanos seguirá depreciándose, condenando a miles de familias a la incertidumbre y al despojo de los ahorros de toda una vida.