La opositora Denia Fernández Rey inició una campaña pública en las calles de Palma Soriano, Santiago de Cuba, para exigir justicia por el asesinato de su hijo, Jesús Alberto Martínez Fernández, de 26 años. La activista, quien denunció la precariedad del sistema de salud y el hostigamiento de la Seguridad del Estado, ha transformado su duelo familiar en un reclamo cívico que evidencia la crisis de seguridad y la represión en la isla.
El joven falleció en la madrugada del 13 de junio tras ser atacado con un arma blanca en las inmediaciones del Bar Galaxy, en su localidad natal. Según el testimonio de su madre, el agresor sorprendió a Martínez Fernández lanzándose desde un balcón durante un incidente que aún genera interrogantes. Miembro de una familia reconocida en la disidencia cubana, el joven participaba activamente en el movimiento opositor Impacto Juvenil Republicano, mientras su padre, Alberto Martínez, dirige el Partido Republicano de Cuba. Fernández Rey, exintegrante de las Damas de Blanco, no descarta la implicación de la dictadura cubana en el suceso, alegando que su hijo mantenía una postura pública y firme a favor del cambio político en el país.
Más allá de la tragedia personal, el caso expone el deterioro profundo de los servicios públicos en la nación. Al llegar al centro médico donde fue atendido su hijo, la activista constató la ausencia de recursos básicos para la atención de emergencias, denunciando que no había suministro eléctrico, sangre disponible ni ambulancias. Esta carencia institucional se entrelaza con el clima de inseguridad ciudadana que azota a la localidad, donde los apagones prolongados han propiciado el aumento de hechos violentos sin la presencia efectiva de las fuerzas del orden en las calles.
Hostigamiento frente a la tragedia
La respuesta de las autoridades de la isla ante la pérdida familiar ha estado marcada por trabas burocráticas y presión política. Fernández Rey denunció que el régimen de La Habana demoró la entrega del cuerpo y que agentes de la Seguridad del Estado la intimidaron mientras organizaba las honras fúnebres. Esta actitud se enmarca en el patrón sistemático de persecución política que la dictadura ejerce contra los activistas y sus familiares, utilizando el aparato estatal para amedrentar a quienes alzan la voz exigiendo rendición de cuentas.
A pesar del clima de hostigamiento, el fallecimiento de Martínez Fernández provocó una notable movilización social en Palma Soriano. Decenas de motociclistas acompañaron el cortejo fúnebre bajo la lluvia en homenaje al joven, quien era muy querido en la comunidad por administrar un taller mecánico. La exigencia de \»ni un llanto más de una madre\» resuena en un contexto donde la ciudadanía enfrenta simultáneamente la violencia común, el colapso de la infraestructura sanitaria y la represión gubernamental, profundizando el sentimiento de desprotección civil y evidenciando la urgencia de un cambio estructural en Cuba.