Decenas de residentes del poblado de Levisa, en el municipio holguinero de Mayarí, salieron a las calles para protestar por los interminables cortes de electricidad. La manifestación, que se desarrolló en medio de la oscuridad, refleja el creciente descontento social ante la incapacidad del gobierno cubano para garantizar servicios básicos.
Durante la noche del jueves, grupos de vecinos recorrieron las calles oscuras de la localidad golpeando calderos y coreando consignas en rechazo a la gestión del mandatario Miguel Díaz-Canel. Los manifestantes, documentados por medios independientes, avanzaron por distintos puntos de la comunidad en una muestra de indignación frente a una crisis que parece no tener solución por parte de las autoridades de la isla. Esta acción se enmarca en una ola de movilizaciones que ha golpeado recientemente al oriente del país.
El municipio de Mayarí se ha convertido en un epicentro del descontento ciudadano en los últimos meses. El pasado 14 de marzo, una concentración frente a la sede municipal del Partido Comunista exigió respuestas a los cortes eléctricos que en aquella ocasión superaron las 48 horas seguidas. Aquella jornada derivó en tensos enfrentamientos y la quema de objetos en la vía pública. Posteriormente, el 4 de junio, habitantes de la comunidad Guatemala/Preston marcharon hasta la estación policial local para reclamar por la falta simultánea de electricidad y agua potable, coreando demandas de libertad y servicios esenciales.
Una crisis energética que profundiza el deterioro social
Las protestas en Levisa son el síntoma de una crisis estructural mucho mayor que atraviesa la nación. El Sistema Electroenergético Nacional opera al borde del colapso debido a la obsolescencia de sus unidades generadoras, la escasez de combustible y la ineficiencia administrativa del régimen de La Habana. En numerosas localidades, los apagones se extienden hasta por 30 horas consecutivas, paralizando la ya mermada actividad económica y comprometiendo la preservación de alimentos en los hogares.
La proliferación de cacerolazos y manifestaciones en distintas provincias evidencia un punto de quiebre en la tolerancia ciudadana hacia la dictadura cubana. Ante la ausencia de canales democráticos para exigir rendición de cuentas, la calle se consolida como el único espacio de exigencia. Si el ejecutivo cubano no logra estabilizar el sistema o opta por implementar medidas de mayor represión para acallar el descontento, el país podría enfrentar un escenario de creciente inestabilidad social que obligue a la comunidad internacional a prestar mayor atención a la grave crisis de derechos y subsistencia en la isla.