Decenas de residentes del municipio habanero de Regla se concentraron frente a la sede del gobierno local para exigir el regreso de la energía eléctrica, tras soportar más de 34 horas sin servicio en medio de la profunda crisis energética que sufre la isla. La protesta, que se suma a otras recientes en la misma localidad, refleja el agotamiento ciudadano ante el colapso continuo de los servicios básicos.
La concentración tuvo lugar en las inmediaciones del edificio del Poder Popular municipal, entre las calles Martí, Aranguren y Céspedes. Según imágenes difundidas en redes sociales por el activista Mag Jorge Castro, los manifestantes corearon consignas como \»¡Queremos corriente!\» en un acto de descontento espontáneo. La falta de respuesta institucional ante las interrupciones prolongadas del servicio ha llevado a los habitantes a tomar las calles como única vía de presión ante las autoridades de la isla.
Esta movilización no es un hecho aislado. Apenas dos días antes, residentes de la calle Maceo, entre Fresneda y Perdomo, bloquearon una arteria principal para denunciar la carencia simultánea de electricidad y agua potable. El corte de tráfico obligó a detener al menos un ómnibus de transporte público, mientras agentes de tránsito se mantenían en la zona. Periodistas independientes y creadores de contenido, como Yosmany Mayeta Labrada y Elio Rafael Sosa, documentaron cómo los vecinos ocuparon la vía pública ante la inoperancia del gobierno cubano para garantizar el suministro de recursos vitales.
Colapso energético y malestar social
Las protestas en Regla son la expresión local de una crisis nacional que se profundiza sin freno. La infraestructura de generación eléctrica se encuentra en franco deterioro debido a las continuas averías en las centrales termoeléctricas y la escasez crónica de combustible. El déficit energético provoca cortes que superan las 20 horas diarias en numerosas comunidades, lo que ha transformado los cacerolazos y las concentraciones vecinales en una respuesta ciudadana cada vez más habitual frente a la ineficacia del régimen de La Habana.
La situación se agrava por la falta de suministros externos. El ejecutivo cubano ha reconocido que el país no recibe importaciones regulares de petróleo desde inicios de 2026, con la excepción de un cargamento ruso de 100.000 toneladas de crudo que solo alivió la crisis temporalmente en el mes de abril. Sin embargo, los problemas estructurales de generación y distribución continúan afectando a millones de personas.
Ante la imposibilidad de resolver la emergencia energética y la ausencia de canales democráticos para el reclamo, la sociedad civil se enfrenta a una dictadura que prioriza el control político sobre el bienestar de la población. La persistencia de los apagones, sumada a la escasez de alimentos y agua, augura un escenario de creciente inestabilidad social, donde una ciudadanía cada vez más desesperada pierde el miedo a exigir sus derechos más elementales directamente en las calles.