El gobierno cubano ha salido en defensa del Grupo de Administración Empresarial S.A. (GAESA), rechazando las acusaciones de opacidad y presentando al conglomerado militar como un sostén fundamental para la economía nacional frente al endurecimiento de las medidas estadounidenses. La declaración oficial llega en un contexto de creciente presión internacional que ya ha forzado a varias transnacionales a reevaluar sus vínculos comerciales con la isla.
A través de una extensa publicación en el portal oficial Cubadebate, las autoridades de la isla intentan contrarrestar el impacto de la reciente orden ejecutiva firmada por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, la cual amplía las restricciones contra personas y entidades vinculadas al aparato de seguridad cubano. La Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) estableció un plazo para que empresas extranjeras cesen operaciones con GAESA, provocando el repliegue de corporaciones como la minera canadiense Sherritt International, las navieras Hapag-Lloyd y CMA CGM, y la cadena hotelera española Iberostar.
El discurso oficial frente a la falta de transparencia
En su intento por desarticular la narrativa internacional, el régimen de La Habana acusó a Washington de actuar con \»premeditada intención\» para desacreditar a las instituciones del país. El texto oficial describe a GAESA como una entidad surgida en la crisis de los años noventa para captar divisas y financiar programas estatales, citando la construcción de más de 10.000 viviendas, campamentos pioneriles, inversiones en la termoeléctrica de Felton y el sostenimiento económico durante la pandemia de COVID-19. Sin embargo, la comunicación omitió por completo detalles sobre los montos invertidos y los mecanismos de supervisión financiera de una corporación que controla sectores estratégicos como el turismo, el comercio minorista en divisas, la construcción y la administración de remesas.
La defensa del conglomerado militar se produce en medio de una profunda crisis estructural que azota al país, caracterizada por una inflación galopante, el colapso de los servicios públicos y un éxodo migratorio sin precedentes. Durante décadas, la dictadura cubana ha mantenido a GAESA como una caja de hierro sin rendición de cuentas públicas, lo que ha generado severas críticas por parte de expertos y opositores quienes señalan que la cúpula militar acumula riqueza mientras la población enfrenta un desabastecimiento crónico. El ejecutivo cubano, no obstante, califica a la organización como una \»respuesta articulada de probada eficiencia\» y elogia a sus directivos como \»guardianes discretos\» de los recursos nacionales.
El endurecimiento del cerco financiero impone un desafío inédito para la cúpula de poder, cuya principal fuente de ingresos se ve amenazada por la retirada de inversores extranjeros. Mientras el gobierno cubano insiste en culpar exclusivamente al embargo estadounidense por el deterioro de la calidad de vida en la isla, la falta de transparencia en la gestión de GAESA seguirá alimentando el escepticismo de la comunidad internacional y profundizando la brecha entre las estructuras de control estatal y las verdaderas necesidades de la ciudadanía.