La nueva presidenta de Perú ha manifestado públicamente su rechazo al comunismo y su respaldo a una transición democrática en Cuba, incluyendo a la oposición cubana en su toma de posesión. Sin embargo, las relaciones diplomáticas entre Lima y La Habana permanecen intactas y no se han anunciado medidas concretas contra el régimen de la isla.
La asunción de Keiko Fujimori como presidenta de Perú marca un punto de inflexión en la postura oficial de Lima frente a la dictadura cubana. La mandataria ha responsabilizado abiertamente al sistema comunista de la pobreza, la miseria y la pérdida de libertades que sufre la población cubana, en declaraciones que contrastan con el habitual silencio o complacencia de otros gobiernos latinoamericanos frente al poder en La Habana.
En una entrevista concedida al periodista Ismael Cala el pasado 1 de julio, cuando aún era presidenta electa, Fujimori fue categórica al referirse al modelo impuesto en Cuba hace más de seis décadas. \»Ha traído pobreza, división, miseria, ha quitado libertad. Pero yo creo que estamos viviendo tiempos nuevos, tiempos de libertad. Lo vemos en Venezuela, que poco a poco está recuperando su país. Y yo estoy segura que lo vamos a ver en Cuba. Yo también lo decreto\», afirmó.
La oposición cubana en la investidura presidencial
Uno de los gestos más significativos de la nueva administración peruana ocurrió durante la ceremonia de toma de posesión del 28 de julio. La Asamblea de la Resistencia Cubana (ARC), plataforma opositora que agrupa a organizaciones anticomunistas dentro y fuera de la isla, confirmó que su coordinador general, Orlando Gutiérrez-Boronat, asistió por invitación oficial a los actos celebrados en Lima.
Gutiérrez-Boronat aprovechó la presencia internacional en la investidura para denunciar la represión sistemática que ejerce la dictadura cubana contra la población civil, la situación de los presos políticos y la necesidad de un respaldo internacional firme para impulsar una transición democrática en la isla. El opositor sostuvo encuentros bilaterales con el presidente chileno José Antonio Kast, el mandatario paraguayo Santiago Peña y el vicesecretario de Estado de Estados Unidos, Christopher Landau.
\»El hecho de que la Resistencia cubana fuera invitada formalmente a participar en la toma de posesión de la presidenta Keiko Fujimori es una muestra más del reconocimiento internacional creciente a la resistencia cubana como alternativa a la tiranía que sojuzga Cuba\», declaró Gutiérrez-Boronat tras los actos. La declaración constituye un respaldo simbólico relevante en un momento en que el régimen de La Habana enfrenta un aislamiento creciente en la región.
Convergencia ideológica en la UPLA
El acercamiento entre Fujimori y la oposición cubana no es casual. Ambos forman parte de la directiva de la Unión de Partidos Latinoamericanos (UPLA) para el período 2025-2027, una agrupación de partidos conservadores que identifica oficialmente a la ARC como una coalición de organizaciones anticomunistas cubanas. Tanto la mandataria peruana como Gutiérrez-Boronat ocupan una vicepresidencia en esa organización, lo que sugiere un alineamiento ideológico previo que ahora se proyecta hacia la política exterior del Perú.
La postura actual de Fujimori mantiene además continuidad con la que expresó durante las históricas protestas del 11 de julio de 2021 en Cuba, cuando miles de ciudadanos salieron a las calles en más de cuarenta ciudades para exigir libertad y fueron reprimidos con violencia por las fuerzas del orden y grupos paramilitares organizados por el régimen. \»Cuba vive más de 60 años bajo el yugo del comunismo. La población ha salido a la calle para terminar con algo que aquí se quiere iniciar a la mala torciendo la voluntad popular. Mi solidaridad con el pueblo cubano y mi rechazo a la represión que enfrentan\», escribió entonces la líder de Fuerza Popular.
Pragmatismo sin medidas concretas
No obstante la retórica firme, durante su primera semana en el poder el ejecutivo peruano no ha anunciado sanciones, una ruptura diplomática ni modificaciones específicas en las relaciones bilaterales con La Habana. El programa con el que Fuerza Popular concurrió a las elecciones de 2026 no menciona expresamente a Cuba, el embargo estadounidense ni las sanciones contra el gobierno cubano. El documento promete una política exterior \»soberana y pragmática\», el \»no alineamiento automático con ninguna potencia\» y la \»defensa firme de la democracia, el Estado de derecho y los derechos humanos como principios rectores de la acción internacional del Perú\».
El canciller peruano, Carlos Espá, en su primer discurso al frente del Ministerio de Relaciones Exteriores, prometió estrechar relaciones con los países de América Latina \»a partir de la identificación de intereses comunes y del respeto mutuo\», profundizar los vínculos con Estados Unidos y China, y recomponer el diálogo con México, Colombia y Venezuela. Cuba no fue mencionada en absoluto en su alocución, un detalle que los analistas interpretan como una señal de que La Habana no figura entre las prioridades inmediatas de la nueva cancillería.
De hecho, las relaciones diplomáticas entre ambos países permanecen activas. Perú mantiene su representación y sus servicios consulares en La Habana, según confirma el portal oficial del Ministerio de Relaciones Exteriores. Hasta el momento, el nuevo gobierno no ha comunicado el retiro de su embajador, la reducción de la misión diplomática ni una revisión de los acuerdos vigentes con las autoridades de la isla.
El alineamiento con Washington
El acercamiento de Fujimori a Estados Unidos constituye otra señal sobre la orientación general de su política exterior y, por extensión, sobre su postura hacia Cuba. Su gobierno calificó a Estados Unidos como \»socio, aliado y amigo estratégico\» y anunció la incorporación de Perú al Escudo de las Américas, una iniciativa impulsada por la administración de Donald Trump para combatir el crimen organizado transnacional. Este alineamiento sugiere que cualquier endurecimiento hacia La Habana dependerá en buena medida de la coordinación con Washington.
Contexto: Cuba en crisis profunda
El giro de Lima se produce en un momento particularmente crítico para el régimen cubano. La isla atraviesa una de las peores crisis económicas y sociales de las últimas décadas, con una inflación descontrolada que ha erosionado el poder adquisitivo de los salarios, un desabastecimiento crónico de alimentos, combustibles y medicamentos, y un colapso generalizado del sistema de salud y la infraestructura eléctrica. La incapacidad de las autoridades para ofrecer respuestas efectivas ha generado un descontento social sin precedentes.
Paralelamente, el exodo migratorio cubano continúa sin cesar. Cientos de miles de ciudadanos han abandonado la isla en los últimos años rumbo a Estados Unidos, América Latina y Europa, en lo que constituye una de las mayores oleadas migratorias de la historia reciente de Cuba. La salida masiva de profesionales jóvenes, médicos, ingenieros y técnicos ha agravado aún más el deterioro de los servicios públicos y la productividad del país.
En el plano represivo, la dictadura cubana mantiene un control férreo sobre la sociedad civil. Los tribunales continúan imponiendo penas de prisión prolongadas a cientos de ciudadanos que participaron en las protestas del 11 de julio de 2021, mientras las organizaciones de derechos humanos documentan un aumento de los arrestos arbitrarios, la vigilancia sistemática de activistas y el uso de la intimidación como herramienta de control social cotidiano.
Implicaciones a futuro
La llegada de Fujimori al poder en Perú se inscribe en una tendencia regional más amplia de gobiernos conservadores que han adoptado posturas críticas frente al régimen de La Habana. La coordinación entre Lima, Santiago de Chile y Asunción —todos con líderes afines a la UPLA— podría configurar un bloque de presión diplomática que limite los espacios de legitimidad internacional del gobierno cubano en foros multilaterales.
Sin embargo, el contraste entre la retórica y la acción permanece como la incógnita central. Mientras la mandataria peruana no traduzca su discurso en medidas tangibles —sanciones a funcionarios del régimen, condicionamiento de cooperación o una revisión de los acuerdos bilaterales—, el impacto real de su postura sobre la dictadura cubana podría quedar limitado al plano simbólico. Para la ciudadanía cubana, que sufre cotidianamente las consecuencias de un sistema fallido, los gestos internacionales son importantes, pero insuficientes sin acciones que acompañen las palabras.