Jueves, 17 de septiembre de 2026
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Escasez de aceite y manteca dispara el mercado informal en Cuba y revive los fantasmas del Período Especial

Escasez de aceite y manteca dispara el mercado informal en Cuba y revive los fantasmas del Período Especial

La ausencia de grasas básicas para la cocción de alimentos ha llevado a la población cubana a desempolvar las estrategias de supervivencia de la década de los noventa. En provincias como Santa Clara, el aceite vegetal y la manteca han desaparecido de los comercios formales, mientras su precio en el mercado negro ha escalado hasta 5.000 pesos el litro, evidenciando el profundo colapso del abastecimiento y la incapacidad del régimen de La Habana para garantizar la canasta alimentaria mínima de la ciudadanía.

El aceite comestible se ha convertido, en los últimos meses, en uno de los productos más caros e inaccesibles del mercado informal en Cuba. Desde mediados de año, el valor de un litro ha experimentado una escalada vertiginosa, pasando de 2.000 pesos a casi 5.000 en la mayoría de las provincias del país. La situación ha obligado a los ciudadanos a recorrer ciudades enteras en busca de cualquier sustituto, frente a la pasividad de las autoridades de la isla que no logran estabilizar el flujo de mercancías básicas ni contener la inflación.

El caso de Santa Clara ilustra a la perfección la magnitud de la crisis. Juan Ramón Pozo, residente de la ciudad, relata haber recorrido múltiples barrios, incluyendo el histórico Condado —una de las zonas de venta clandestina más tradicionales—, sin lograr encontrar manteca o aceite en los establecimientos. En su búsqueda, solo encontró un pomo de 900 mililitros, sin sello de seguridad, ofertado a casi 9.000 pesos. Esta realidad obliga a los cubanos a depender de la especulación y de un mercado negro que opera al margen de cualquier control sanitario o fiscal efectivo, poniendo en riesgo la salud pública.

La escasez de grasas ha impactado incluso a los pequeños productores y vendedores privados. En las afueras de la ciudad, en las carreteras hacia Sagua y Maleza, las charcuterías criollas también se han quedado sin manteca líquida o en rama. Yusniel González, un vendedor de carne de cerdo, explica la disyuntiva del sector: ante la imposibilidad de adquirir aceite a precios accesibles, prefiere reservar la poca grasa extraída de sus animales para uso propio antes que venderla. La lógica de supervivencia ha reemplazado a la del comercio, pues intercambiar la manteca por un aceite inflado que \»no rinde nada\» resulta financieramente ruinoso para estos trabajadores por cuenta propia.

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Anuncio de un cuentapropista en Santa Clara (Foto de la autora)

El negocio del mercado negro y el fracaso de la regulación estatal

El desespero por conseguir el producto ha desatado escenas de acaparamiento y reventa que enmarcan el día a día de la crisis económica. Recientemente, frente a una de las mipymes en la carretera de Maleza, decenas de personas coparon una calle a la espera de un camión cargado con más de un centenar de pacas de aceite vegetal a granel. Aunque el precio mayorista rondaba los 60 dólares por un tanque de 20 litros, los compradores calculaban que el litro saldría en unos 2.000 pesos, con la intención de revenderlo por el doble en sus propios negocios o puestos de venta. \»Es un negocio redondo\», admitió una de las compradoras, lista para contratar un motonetetero y trasladar entre 10 y 15 galones para abastecer su cafetería.

Mientras tanto, el gobierno cubano ha intentado en vano controlar los precios mediante resoluciones que la realidad económica se encarga de sepultar. Hasta hace unas semanas, el aceite vegetal tenía un precio máximo oficial de 990 CUP por litro, fijado por la Resolución 225/2024 del Ministerio de Finanzas y Precios. Sin embargo, una resolución posterior derogó ese tope, dejando el campo libre para la especulación. Ante el temor a la represión y el decomiso por parte de inspectores estatales, muchos cuentapropistas optan por ocultar el producto y venderlo de forma clandestina, susurrando a clientes de confianza precios que no bajan de 4.500 pesos por litro y evitando exhibir la mercancía en los mostradores.

Ecos de la década de los noventa y el impacto en la salud pública

La actual escasez de grasas esenciales revive los traumas del llamado Período Especial, la crisis de los años noventa que dejó secuelas profundas en la memoria y la salud de los cubanos. Durante esa época, la población recurrió a alternativas desesperadas para cocinar: desde extraer la grasa de la mayonesa de soya hasta utilizar el sebo de res, carnero o la grasa de la tenca de río. Las anécdotas de padres engañando a sus hijos melindrosos con \»huevos fritos\» que en realidad se cocían en agua hirviendo son un testimonio elocuente del nivel de precariedad alcanzado hace tres décadas.

Aquellos métodos improvisados tuvieron un costo biológico altísimo. La falta de grasas y nutrientes esenciales derivó en una epidemia de neuropatía que afectó a decenas de miles de personas. El Ministerio de Salud Pública de Cuba identificó 50.862 casos asociados a esta crisis, que los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC) vincularon directamente con severas deficiencias nutricionales. Hoy, con ciudadanos comprando margarina como sustituto del aceite y el temor de volver a \»ver a la gente con la carne pegada al hueso\», la sombra de la desnutrición vuelve a acechar a la sociedad civil cubana.

Contexto: El colapso sistémico y la responsabilidad del poder

La crisis del aceite no es un fenómeno aislado, sino el síntoma de una descomposición estructural que abarca a toda la economía nacional. La inflación galopante, la depreciación del peso cubano frente al dólar y la falta de divisas en las arcas del Estado han imposibilitado las importaciones masivas de productos básicos. El régimen de La Habana, aferrado a un modelo centralizado e ineficiente, ha sido incapaz de articular una respuesta efectiva, delegando la subsistencia de la población al mercado negro, a las remesas familiares y a la caridad internacional.

Además de la ineficiencia económica, la dictadura cubana mantiene un control férreo sobre las dinámicas comerciales, lo que agrava la escasez. Las constantes inspecciones, amenazas de decomiso y trabas burocráticas a las mipymes y trabajadores privados no solucionan la falta de productos, sino que empujan a la clandestinidad. La represión administrativa y el acoso a la iniciativa privada funcionan como mecanismos de control político, pero fracasan rotundamente como políticas de abastecimiento, castigando tanto al empresario como al consumidor final.

Este escenario de desabastecimiento crónico actúa también como uno de los principales motores del actual éxodo migratorio. La imposibilidad de acceder a alimentos básicos, sumada a los cortes prolongados de energía y la represión social, empuja a miles de cubanos a abandonar la isla cada mes. La falta de aceite para freír un simple alimento se convierte así en el termómetro de un país que se ha vuelto inviable para sus ciudadanos, quienes optan por el exilio antes que regresar a las estrategias de supervivencia de los noventa.

Implicaciones y futuro de la crisis alimentaria

El horizonte inmediato para la alimentación en Cuba se presenta sombrío. Mientras el ejecutivo cubano continúe priorizando el control político sobre las reformas económicas estructurales necesarias, la dependencia del mercado negro se consolidará. La liberalización fallida de los precios no ha generado competencia, sino una oligarquía de importadores y revendedores que operan al amparo de la impunidad, mientras la población común ve mermada su capacidad adquisitiva día a día frente a un salario mínimo que no alcanza para cubrir ni una fracción de la canasta básica.

La comunidad internacional y las organizaciones de derechos humanos deben prestar atención a esta crisis silenciosa. La imposibilidad de acceder a una dieta mínima es una vulneración flagrante de los derechos económicos y sociales, directamente atribuible a las políticas del gobierno. Si la tendencia no se revierte mediante cambios estructurales profundos, Cuba corre el riesgo de enfrentar nuevamente brotes de enfermedades asociadas a la desnutrición, sumando una crisis sanitaria a la ya profunda crisis política y económica que atraviesa la nación bajo el peso de un sistema que ha demostrado su fracaso rotundo.

Equipo Editorial Reporte Cuba Ya
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Equipo Editorial Reporte Cuba Ya

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