Habitantes del barrio El Marañón de Yariguá, en la provincia de Las Tunas, se manifestaron de forma espontánea para exigir el restablecimiento del servicio eléctrico, tras recibir apenas 25 minutos de corriente en los últimos seis días. La protesta, que bloqueó la Carretera Central, refleja el colapso del sistema energético nacional y el creciente descontento social ante la inacción del régimen de La Habana.
La movilización ocurrió en horas de la noche, cuando los residentes de la localidad salieron a la vía pública tocando calderos y coreando consignas como \»¡Horario de corriente!\» y \»¡El pueblo se respeta!\». Según reportes del periodista independiente Yosmany Mayeta, la protesta surgió de manera pacífica, impulsada por una vecina que recorrió la comunidad convocando a los moradores. El objetivo de los manifestantes era exigir un derecho básico que hoy escasea en la isla: un horario predecible de electricidad frente a los apagones indeterminados.
La situación en Las Tunas no es un caso aislado, sino parte de una crisis regional agudizada por el paso del huracán Melissa a finales de octubre. El fenómeno meteorológico dejó al descubierto la vulnerabilidad de la ya precaria infraestructura cubana, manteniendo a localidades enteras sin energía ni acceso al agua durante semanas. Esta emergencia ha desencadenado múltiples estallidos sociales en el oriente del país; tan solo en la provincia de Holguín, entre el 21 y el 23 de noviembre, se registraron tres manifestaciones distintas en el municipio de Mayarí exigiendo el retorno del fluido eléctrico.
Colapso de servicios y abandono institucional
El deterioro del Sistema Electroenergético Nacional es un síntoma más de la profunda crisis estructural que atraviesa Cuba. Las autoridades de la isla han demostrado una incapacidad sistemática para mantener la infraestructura básica, lo que obliga a la población a sobrevivir en condiciones infrahumanas. Durante las protestas en la localidad de Guairajal, una residente denunció la gravedad de la situación: \»Estamos cansados. Nos hemos enfermado de estar cargando agua del río para tomar, un agua que está contaminada por tanta lluvia. No tenemos ayuda de nadie. Nos sentimos abandonados\».
El desabastecimiento energético se suma a una emergencia epidemiológica por arbovirus, la inflación galopante y la escasez crítica de medicamentos, creando un escenario insostenible para la ciudadanía. La respuesta de la dictadura cubana frente a esta indignación popular se ha limitado al silencio institucional y la represión selectiva. Si el gobierno cubano no ofrece soluciones reales a corto plazo, es altamente probable que estas protestas espontáneas se multipliquen, aumentando la presión social y la inestabilidad política en una nación que ya sufre un éxodo migratorio sin precedentes.