Viernes, 18 de septiembre de 2026
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El colapso eléctrico en Cuba destruye la capacidad de almacenamiento de alimentos y hunde a las familias en la improvisación diaria

El colapso eléctrico en Cuba destruye la capacidad de almacenamiento de alimentos y hunde a las familias en la improvisación diaria

SANTIAGO DE CUBA — Los prolongados apagones que sufre la isla han destruido la capacidad de almacenamiento de alimentos en los hogares cubanos, obligando a millones de familias a improvisar su subsistencia diaria frente a una inflación galopante. La inestabilidad del Sistema Eléctrico Nacional (SEN) ha convertido la planificación familiar en un lujo del pasado, empujando a la población a una vulnerabilidad extrema donde comprar comida cada día se ha convertido en la única opción, aunque implique el colapso acelerado de su ya mermado poder adquisitivo.

La rutina de abastecer la despensa, una práctica que durante décadas brindó cierta tranquilidad a los hogares cubanos, ha sido erradicada por la imposibilidad de conservar los alimentos. Marbelis Cisneros, residente en Santiago de Cuba, es testigo de cómo la carne y otros productos esenciales terminan pudriéndose en el refrigerador tras jornadas interminables sin fluido eléctrico. Antes, organizaba sus compras para varias semanas; hoy, la planificación ha sido sustituida por la angustia de no saber qué se podrá llevar a la boca al día siguiente. \»Ahora vivo con la incertidumbre de si mi familia y yo podremos resolver la comida del próximo día\», relata la santiaguera, evidenciando un drama que se replica de un extremo a otro del país.

La pérdida de la capacidad de almacenamiento doméstico conlleva una penalización económica severa para las familias. La necesidad de adquirir alimentos a diario obliga a los ciudadanos a pagar precios más altos, invertir tiempo invaluable en la búsqueda de productos y quedar completamente expuestos a una inflación que no concede tregua. En el mercado informal cubano, donde el precio de los alimentos sigue el ritmo del dólar, aplazar una compra puede significar un incremento dramático en cuestión de horas. Un producto que hoy cuesta 650 pesos la libra puede venderse mañana a 700 pesos, una diferencia que, repetida constantemente, devora los salarios y pensiones estatales, que resultan insuficientes para cubrir las necesidades básicas.

El impacto de la inflación estructural y la ineficiencia productiva

Economistas de renombre como Pedro Monreal y Pavel Vidal han analizado en reiteradas ocasiones que la inflación cubana no es un fenómeno coyuntural, sino la respuesta a problemas estructurales profundos gestionados por el régimen de La Habana. La escasez crónica de bienes, la depreciación acelerada del peso cubano, los severos desequilibrios monetarios y fiscales, y la limitada capacidad productiva del país han deteriorado de forma sostenida el poder adquisitivo de la población. En este escenario macroeconómico, la imposibilidad de conservar alimentos debido a los cortes eléctricos agrava la vulnerabilidad, forzando a las familias a destinar la totalidad de sus ingresos a resolver únicamente la comida del día, imposibilitando cualquier tipo de ahorro.

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Carne echada a perder por la falta de refrigeración (Foto: Cortesía de Marbelis Cisneros)

El testimonio de Xiomara Ferrer, también residente en el centro de Santiago de Cuba, ilustra la frustración de una población atrapada en un ciclo de pobreza impuesto. \»Todos los días hay que comprar una librita de picadillo, de pollo o de jamonada. Esa miseria me tiene harta; así no hay quien viva. Nunca más he podido comprarme algo que me guste, fuera del poquito de comida\», lamenta. Su relato refleja cómo el acceso a una dieta variada o a pequeños placeres gastronómicos se ha convertido en un privilegio inalcanzable para el cubano promedio, cuya existencia se reduce a la supervivencia calórica básica.

Cada nuevo colapso del Sistema Eléctrico Nacional deja tras de sí una estela de desperdicio. Las imágenes de refrigeradores vacíos y alimentos descompuestos que terminan en la basura se han convertido en el retrato cotidiano de la isla. Para muchas familias, perder un paquete de pollo, una bandeja de huevos o un trozo de carne no representa únicamente el desperdicio de comida; significa ver esfumarse, en cuestión de horas, el equivalente a varios días o incluso semanas de arduo trabajo. Este saqueo silencioso del patrimonio familiar es una consecuencia directa de la incapacidad del gobierno cubano para garantizar la infraestructura energética mínima que requiere un Estado moderno.

La pérdida de la normalidad y el bienestar cotidiano

Sin embargo, los apagones han erosionado mucho más que la economía doméstica; han ido borrando progresivamente las pequeñas costumbres que otorgaban cierta normalidad a la vida cotidiana. En la mayoría de las viviendas cubanas ya no es posible mantener agua fría para aliviar el calor sofocante del Caribe, preparar hielo, guardar un refresco para los niños o elaborar un postre que necesite refrigeración. Son gestos sencillos que dejaron de formar parte de la rutina porque dependen de un servicio eléctrico que las autoridades de la isla han dejado de proveer de manera estable.

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El estado de un refrigerador sin electricidad (Foto de la autora)

Iliana, otra ciudadana afectada, extraña la preparación de dulces, batidos y pequeños postres para su familia, una tradición que era su manera de celebrar la vida en medio de las dificultades. Hoy, su nevera permanece casi vacía, custodiando apenas algunos pomos de agua que logran enfriarse fugazmente durante las escasas horas de servicio eléctrico, para volver a calentarse cuando sobreviene el inevitable corte. \»Que en pleno siglo XXI sea un lujo tomarse un refresco frío o simplemente un vaso de agua helada es inconcebible. Nos han quitado todo, hasta la ilusión\», expresa con desolación.

Contexto Sistémico: La crisis energética como síntoma del fracaso estatal

La crisis eléctrica que hoy asfixia a la población no es un evento aislado, sino el síntoma más visible del fracaso del modelo económico y de gestión impuesto por el ejecutivo cubano. Durante décadas, el régimen ha postergado la inversión en infraestructura energética, manteniendo termoeléctricas obsoletas que operan muy por debajo de su capacidad y dependiendo de manera volátil de combustible subsidiado, principalmente de Venezuela. La falta de mantenimiento preventivo, la corrupción interna y la centralización burocrática han llevado al SEN al borde del colapso total, creando un círculo vicioso donde la inestabilidad energética paraliza la ya débil producción nacional y agrava la escasez de alimentos.

Esta crisis se entrelaza con el desastre monetario que vive el país. La llamada \»Tarea Ordenamiento\», implementada por el gobierno cubano a inicios de la década, fracasó estrepitosamente, desatando una hiperinflación que destruyó la moneda nacional y pulverizó los salarios. La falta de respuestas efectivas por parte de las autoridades de la isla ha obligado a millones de cubanos a depender de las remesas desde el exterior o a ingresar a la economía informal para sobrevivir. La combinación de un peso cubano sin valor real y un sistema eléctrico inoperante configura un escenario de miseria sistémica que afecta a todas las capas sociales, con especial crudeza en las provincias orientales como Santiago de Cuba.

Antecedentes y la represión del descontento social

Los antecedentes de esta crisis se remontan a la década de los noventa, durante el conocido como \»Período Especial\», cuando los apagones también fragmentaron la vida cotidiana. Sin embargo, la situación actual presenta una gravedad inédita: a la crisis energética se suma una escasez de alimentos y medicinas mucho más profunda y un contexto de inflación que no existía en aquel entonces. A pesar de que el descontento social ha crecido de manera exponencial, reflejado en protestas esporádicas y cacerolazos, la dictadura cubana ha respondido con la habitual represión, amenazas y criminalización de la protesta ciudadana, impidiendo que el malestar social se traduzca en un cambio político inmediato.

La pérdida de pequeñas rutinas y espacios de bienestar puede parecer menor frente a la magnitud de la escasez alimentaria, pero representa la desaparición de la dignidad cotidiana. Los apagones no solo dañan electrodomésticos o echan a perder la comida; transforman la manera en que las personas habitan sus hogares y experimentan su entorno. La imposibilidad de ofrecer un vaso de agua fría a un niño o de guardar un alimento para el día siguiente es una violencia silenciosa ejercida desde el poder, que vacía las despensas y convierte los refrigeradores en simples muebles inútiles.

Conclusión: Sobrevivir sin futuro

En la Cuba actual, la expresión \»vivir al día\» ha dejado de ser una metáfora popular para convertirse en una condición impuesta por la incompetencia y el autoritarismo. La combinación de apagones prolongados, inflación persistente y desabastecimiento ha obligado a millones de personas a renunciar a los gestos más simples del bienestar y a la planificación de su futuro. Mientras el régimen de La Habana se limite a emitir discursos vacíos y a culpar al embargo estadounidense por sus propias ineficiencias, la realidad es que la ciudadanía continúa viendo cómo su calidad de vida retrocede a niveles de subsistencia básica.

Las consecuencias a futuro son alarmantes. La continuidad de este escenario de colapso energético y económico promete profundizar la pobreza estructural y acelerar el éxodo migratorio, la única vía de escape que visualizan cientos de miles de cubanos. La comunidad internacional y los organismos de derechos humanos mantienen su mirada sobre la isla, pero la pasividad frente a las violaciones sistemáticas de los derechos económicos y sociales por parte de la dictadura permite que la población siga soportando una vida que, como señala Iliana, \»nadie debería vivir\». Mientras tanto, en Santiago de Cuba y en toda la isla, las familias se preparan para otro día de incertidumbre, aferradas al instinto de supervivencia, esperando que amanezca y rezando para que la luz, y con ella la esperanza, regresen aunque sea por unas horas.

Equipo Editorial Reporte Cuba Ya
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Equipo Editorial Reporte Cuba Ya

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