El ministro de Energía y Minas del gobierno cubano, Vicente de la O Levy, anunció un plan para alcanzar la autosuficiencia energética total en 2050 y dejar de importar combustible en 2035. La promesa se produce en medio de la peor crisis eléctrica de los últimos años, con cortes de luz que superan las 20 horas diarias en gran parte del territorio nacional.
Durante su intervención en el programa oficial Mesa Redonda, el funcionario expuso una estrategia escalonada centrada en el aumento progresivo de las energías renovables. De la O Levy aseguró que la primera meta es alcanzar un 24% de generación limpia, lo que reduciría en más de un millón de toneladas la importación de combustible, para luego llegar al 40% en 2035 y al 100% en 2050. Sin embargo, estas proyecciones a tres décadas vistas contrastan dramáticamente con el colapso actual del Sistema Electroenergético Nacional (SEN), incapaz de garantizar el suministro básico a la población.
El titular de Energía atribuyó la profunda crisis a las políticas de Estados Unidos y denunció supuestas trabas para la reparación de termoeléctricas. Según explicó, el ejecutivo cubano tuvo que recurrir a la industria militar y a entidades nacionales para poner en marcha la unidad Céspedes Cuatro, en Cienfuegos, tras el supuesto rechazo de Washington a proveer una aplicación informática necesaria para su arranque. Asimismo, mencionó obstáculos logísticos en la Antonio Guiteras y la repentina retirada de técnicos extranjeros durante labores de mantenimiento en la planta Felton.
Un sistema colapsado y una población sumida en la incertidumbre
Las declaraciones oficiales llegan en un momento de fragilidad extrema para la infraestructura de la isla, marcada por la falta de mantenimiento, la obsolescencia tecnológica y un déficit crónico de combustible. Esta incapacidad del régimen de La Habana para gestionar y modernizar el sector energético ha derivado en una crisis sistémica que afecta directamente a hospitales, centros de trabajo y hogares. Los apagones prolongados profundizan el desabastecimiento de alimentos, deterioran la calidad de vida y actúan como uno de los principales motores del masivo éxodo migratorio que vive el país.
Plantear una soberanía energética para dentro de tres décadas resulta incomprensible para una ciudadanía que no logra conservar sus alimentos ni dormir con un ventilador debido a los cortes diarios. Mientras las autoridades de la isla proyectan metas a largo plazo, la falta de soluciones inmediatas augura un agravamiento de la inestabilidad social. El fracaso en la recuperación del sector eléctrico no solo evidencia el deterioro de los servicios públicos, sino que representa uno de los mayores desafíos para una dictadura que enfrenta el creciente descontento popular ante la inacción gubernamental.