Una encuesta realizada a 800 cubanos y cubanoamericanos en el sur de Florida revela que casi el 80% apoya una intervención militar de Estados Unidos en Cuba, mientras que una mayoría similar rechaza cualquier acuerdo económico que permita a la dictadura cubana perpetuarse en el poder. El sondeo refleja el agotamiento del exilio ante el colapso sistémico y la represión en la isla.
El estudio, encargado por el Miami Herald y elaborado por las firmas Bendixen & Amandi International y The Tarrance Group, consultó a residentes en los condados de Miami-Dade, Broward, Palm Beach y Monroe. Los resultados indican que el 79% de los entrevistados se pronuncia a favor de una acción militar estadounidense. De este porcentaje, el 36% la respalda con el objetivo exclusivo de derrocar al gobierno cubano, mientras que el 38% la concibe como una operación combinada para propiciar el cambio político y atender la crisis humanitaria. Fernand Amandi, presidente de una de las firmas encuestadoras, resumió el clima político del exilio señalando que \»bien podría ser 1961 otra vez\».
La línea dura frente a cualquier salida pactada es otro de los hallazgos centrales del sondeo. Un 78% de los consultados rechaza de plano un pacto que garantice reformas económicas a cambio de mantener el statu quo político. Además, el 77% afirmó que se sentiría insatisfecho si las negociaciones mejoraran las condiciones de vida pero no condujeran a una transición hacia elecciones libres. La mayoría de los encuestados, un 73%, atribuye la profunda crisis económica y social de la isla a las políticas del régimen de La Habana y no a las sanciones estadounidenses, lo que evidencia una desconexión total con la narrativa oficial de las autoridades de la isla.
El peso del colapso estructural en la postura del exilio
Este endurecimiento de la postura de la diáspora no ocurre en un vacío, sino que es la respuesta directa al deterioro acelerado de la realidad cubana. La falta de libertades, la represión sistemática contra opositores y la cúpula militar que sostiene a la dictadura cubana han provocado un éxodo migratorio sin precedentes. La asfixia económica, marcada por una inflación galopante, el desabastecimiento crónico de alimentos y medicinas, y el colapso del sistema eléctrico y sanitario, ha generado una frustración que se traduce en el apoyo a medidas extremas como la intervención militar o el endurecimiento del embargo, apoyado por el 68% de los encuestados que favorece limitar los envíos de petróleo.
Contrario a la creencia de que las nuevas generaciones o los migrantes recientes asumen posturas más moderadas, el sondeo desmiente un relevo generacional blando. El 88% de los cubanos que llegaron a Estados Unidos después del año 2000 apoya una intervención militar, un porcentaje incluso superior al de quienes emigraron en la década de 1960 (80%). Asimismo, el 59% aseguró no enviar remesas ni comprar alimentos para familiares en la isla, y el 76% afirmó no haber viajado a Cuba en los últimos años. En el ámbito económico, apenas un 2% consideraría invertir bajo el actual ejecutivo cubano, mientras que el 51% exige un sistema legal amparado por un gobierno democrático.
Las implicaciones políticas de estos resultados son significativas de cara al diseño de la política exterior de Washington hacia la isla. Aunque el 67% de los encuestados respalda la gestión de Donald Trump en materia cubana, el sondeo también revela fisuras en temas migratorios: solo el 28% apoya el aumento de deportaciones y el 76% reclama que el gobierno estadounidense reanude el procesamiento de beneficios migratorios. Esta radiografía del exilio en el sur de Florida envía un mensaje claro a la comunidad internacional y a los actores políticos: la exigencia de un cambio de régimen y de justicia democrática se mantiene como prioridad ineludible, condicionando cualquier apoyo futuro a la reconstrucción de una Cuba libre y soberana.