El mandatario cubano, Miguel Díaz-Canel, aseguró en una entrevista con la cadena estadounidense NBC que está dispuesto a \»morir\» ante una eventual agresión militar, mientras esquiva la responsabilidad de su gobierno sobre el colapso económico y social de la isla. Durante el encuentro, el régimen de La Habana descartó cualquier apertura democrática o liberación de los más de 1.200 presos políticos que mantiene encarcelados.
Consultado sobre las posibles amenazas de la política exterior estadounidense, el gobernante respondió con una retórica beligerante, declarando que no tiene miedo y que ante un escenario de ataque \»habrá lucha\» y \»si tenemos que morir, moriremos\». El ejecutivo cubano defendió que la isla mantiene una doctrina \»totalmente defensiva\» para preservar la paz, aunque sus declaraciones se enmarcan en un discurso habitual de confrontación que el régimen utiliza para legitimar el control interno y desviar la atención de las demandas ciudadanas.
A pesar de reconocer el severo deterioro de las condiciones de vida, evidenciado en apagones de hasta 20 horas y la escasez crítica de alimentos y medicamentos, las autoridades de la isla atribuyeron la responsabilidad exclusiva a las sanciones de Washington. Al ser cuestionado sobre los errores de su propia gestión y la fallida planificación central, Díaz-Canel insistió en que el sistema político no es el problema, afirmando que este \»está sirviendo a la justicia social\». Esta narrativa ignora la incapacidad estructural del modelo para garantizar la subsistencia básica, factor que ha detonado el mayor éxodo migratorio en la historia del país.
Rechazo a demandas democráticas y represión interna
Sobre el frente de los derechos humanos, la entrevista abordó la situación de los más de 1.200 prisioneros políticos en la isla, incluyendo al rapero Maykel Osorbo, encarcelado por la canción protestataria \»Patria y Vida\». Frente a la exigencia de liberarlos y de permitir elecciones multipartidistas, la dictadura cubana fue tajante al señalar que estas cuestiones \»no están en negociación\». Este rechazo absoluto reafirma la naturaleza autoritaria del régimen, que prefiere sostener la represión y el encarcelamiento de disidentes antes que ceder espacio a las libertades fundamentales.
En materia de relaciones bilaterales, el gobernante admitió que un diálogo con Estados Unidos es posible pero \»difícil\» debido a la falta de confianza, confirmando además que no ha sostenido conversaciones con el secretario de Estado, Marco Rubio. Mientras el régimen de La Habana se atrinchera en un discurso de confrontación y externaliza la culpa de su propia ineficiencia, la ciudadanía continúa enfrentando el colapso sistémico de los servicios públicos. La intransigencia del poder augura un escenario de prolongada tensión diplomática y un agravamiento de las condiciones de vida para los cubanos, sin visos de una apertura que alivie la profunda crisis humanitaria y política de la isla.