El cantautor cubano Arnaldo Rodríguez se pronunció a favor del régimen de La Habana y en contra de las protestas ocurridas en su natal Morón, Ciego de Ávila, calificando a los manifestantes como \»antisociales\» y \»delincuentes\». Las declaraciones del líder de la agrupación Talismán se producen tras las movilizaciones del pasado viernes, donde cientos de avileños salieron a las calles para exigir el fin de los apagones y reclamar libertades.
A través de su cuenta de Facebook, el músico replicó la narrativa de las autoridades de la isla al referirse a los hechos del viernes. \»¡Que nadie se confunda! ¡Morón no es un pueblo de vándalos y delincuentes!\», escribió Rodríguez, omitiendo que la indignación popular surgió tras prolongados cortes de electricidad y el agudizamiento del colapso económico. Durante la noche de protestas, imágenes compartidas en redes mostraron a vecinos golpeando cazuelas y coreando consignas como \»¡Libertad!\», mientras un grupo de manifestantes incineraba muebles extraídos de la sede municipal del Partido Comunista de Cuba (PCC).
En su publicación, el artista intentó deslegitimar el descontento ciudadano al asegurar que la valentía del pueblo avileño no reside en \»tirar piedras y destruir lo que es de todos\», sino en \»erguirse con dignidad\» ante los que él calificó como \»verdaderos enemigos del pueblo\». Este pronunciamiento se alinea directamente con la estrategia de la dictadura cubana, que sistemáticamente criminaliza la protesta social y etiqueta los reclamos ciudadanos como \»actos vandálicos\» para evadir su responsabilidad en la profunda crisis que atraviesa la nación.
Un historial de romantización de la crisis
La postura de Arnaldo Rodríguez no es aislada, sino que forma parte de una trayectoria marcada por la defensa al ejecutivo cubano y la minimización de las carencias estructurales que sufren los ciudadanos. En años anteriores, el cantante aseguró que le \»divertía\» hacer largas colas para conseguir productos básicos. Más recientemente, a finales del año pasado, estrenó el tema \»Aquí no se rinde nadie\», una pieza que ha generado rechazo en redes sociales por intentar convertir las duras realidades del desabastecimiento y la pobreza en un motivo de orgullo nacional. Su cercanía con el poder quedó evidenciada nuevamente a inicios de este año, cuando participó en las actividades por el Día de la Defensa y se fotografió abrazando al dictador Miguel Díaz-Canel, a quien calificó como fuente de \»inmensa alegría\».
La instrumentalización de figuras públicas para silenciar o descalificar el clamor popular evidencia el temor del régimen de La Habana ante el crecimiento de la insatisfacción social. Mientras los apagones y la inflación siguen empujando a los cubanos a tomar las calles, la complicidad de sectores del aparato cultural con la dictadura profundiza la desconexión entre la clase dirigente y la realidad de una ciudadanía que, ante la falta de canales democráticos, opta por la protesta como única vía para exigir sus derechos mínimos.