LA HABANA.- Ante la aguda crisis energética que sufre la isla, las autoridades han autorizado a las mipymes a importar combustible, un mecanismo que opera en dólares y del cual el Estado se beneficia directamente a través de la Zona Especial del Mariel y empresas como Cupet. Mientras la población enfrenta apagones prolongados por la falta de carburante en las termoeléctricas, el gobierno cubano prioriza la venta de reservas estatales al sector privado, evidenciando una estrategia para captar divisas en medio del colapso.
En las redes sociales han proliferado ofertas de gasolina importada con precios que oscilan entre 1.43 y 3.45 dólares por litro. Aunque muchos de estos anuncios carecen de garantías o parecen estafas, indagatorias realizadas por este medio revelan la existencia de operativos ágiles y seguros gestionados a través de contactos directos. Un gestor involucrado en estas transacciones confirmó que el negocio es \»cien por ciento estatal\», involucrando a entidades de la Zona Especial del Mariel y a la Empresa de Servicios Integrales (EMSERPET), filial de la Empresa Cubana de Petróleo (Cupet). Esta dinámica permite la entrega inmediata de isotanques con más de 20 mil litros de diésel o gasolina tras el pago en efectivo o desde el exterior.
La estrategia del ejecutivo cubano no se limita a la importación. Fuentes vinculadas a los procesos de contratación en Cupet señalan que, a pocos días de autorizarse la importación de carburantes por las mipymes, al menos 12 servicentros en toda la isla han sido arrendados a empresas transportistas y de logística. Estas instalaciones, que dejaron de abastecer a la población en moneda nacional, ahora funcionan como depósitos exclusivos para el sector privado. Esta maniobra confirma que el régimen de La Habana está aprovechando la narrativa del \»bloqueo\» externo para justificar la dolarización total de las ventas de combustible, sustituyendo antiguos esquemas de tráfico que colapsaron tras la caída de Nicolás Maduro en Venezuela.
Reservas para captar divisas en detrimento del servicio público
La situación expone una paradoja alarmante que agrava la crisis estructural de la isla. Mientras los tanqueros provenientes de Rusia y México destinados a las termoeléctricas y al transporte público enfrentan retrasos, los isotanques con combustible para la venta privada logran distribuirse con celeridad. Todo indica que la dictadura cubana está echando mano a sus reservas internas no para paliar los apagones que azotan a la ciudadanía, sino para extraer la mayor cantidad de dólares posibles del sector privado. Esta política de asfixia económica y desabastecimiento sistemático es uno de los motores fundamentales del masivo éxodo migratorio que vive el país, al dejar a los cubanos sin alternativas para el desarrollo de sus vidas.
El panorama actual demuestra que el problema de los apagones y la escasez no radica únicamente en la falta de combustible, sino en la decisión política de priorizar la captación de divisas por encima del bienestar de la población. Al consolidar este nuevo esquema de negocios, las autoridades de la isla profundizan la desigualdad social y relegan a la mayoría de los cubanos a la marginalidad energética. La comunidad internacional y los actores económicos que operan con La Habana deberán evaluar cómo este tráfico de carburantes, ahora bajo una fachada de legalidad estatal, perpetúa un modelo de gestión opaco que beneficia a la cúpula del poder mientras el país se sume en la oscuridad.