La crisis energética en Cuba alcanza niveles críticos tras la salida del sistema de la unidad 2 de la central termoeléctrica Ernesto Guevara por una falla en su turbina. El régimen de La Habana enfrenta un déficit de generación cercano a los 1.880 megawatts (MW), lo que provoca cortes de luz de más de 12 horas consecutivas que afectan simultáneamente a más de la mitad del territorio nacional.
La Unión Eléctrica (UNE) reconoció que el Sistema Eléctrico Nacional (SEN) se encuentra en una situación crítica. A la reciente desconexión de la central Antonio Guiteras —el principal bloque de generación de la isla— se suma el fallo en el sistema de regulación de la turbina de la planta Ernesto Guevara. Según el reporte oficial, para el horario de mayor demanda se prevé una disponibilidad de apenas 1.160 MW frente a una demanda estimada de 3.040 MW, lo que mantiene a la infraestructura energética del gobierno cubano al borde del colapso operativo.
El panorama de generación es desalentador. Ocho unidades termoeléctricas permanecen fuera de servicio debido a averías y mantenimientos prolongados, incluyendo las plantas de Mariel, Nuevitas, Felton y Antonio Maceo. A este déficit estructural se suma la paralización de decenas de centrales de generación distribuida y las patanas eléctricas, inoperativas por la aguda carencia de diésel, lubricantes y combustible, un reflejo directo de la incapacidad del ejecutivo cubano para garantizar los recursos mínimos para el sostenimiento de la red eléctrica.
Una crisis que trasciende la ingeniería
El colapso del SEN no es un evento aislado, sino la consecuencia de décadas de falta de inversión, mala planificación y envejecimiento irreversible de la infraestructura bajo la administración del régimen de La Habana. Los apagones prolongados, que llegaron a afectar el servicio durante las 24 horas del día en jornadas recientes, profundizan la crisis económica que asola a la isla. La falta de electricidad dificulta la conservación de alimentos, paraliza los servicios de salud pública y reduce a su mínima expresión la ya mermada productividad industrial, actuando además como un catalizador del incesante éxodo migratorio.
Las proyecciones a corto plazo no ofrecen alivio para la ciudadanía. Incluso si la planta Antonio Guiteras logra reincorporarse tras un mantenimiento anunciado de entre 72 y 96 horas para corregir averías en su caldera, el déficit superará el umbral de lo soportable para la población. Mientras las autoridades de la isla continúan emitiendo partes informativos que resultan conservadores frente a la realidad de las calles, los cubanos se enfrentan a una jornada de oscuridad prolongada, con el agravante de la inflación, el desabastecimiento y la creciente incertidumbre sobre el futuro inmediato de la nación.