La empresa australiana Melbana Energy Limited ha informado el cierre temporal del pozo Alameda-2, ubicado en el Bloque 9 de la costa norte cubana, tras confirmar que el yacimiento resultó ser acuífero en lugar de petrolero. El nuevo revés para las aspiraciones energéticas del régimen de La Habana se suma a la paralización del pozo gemelo Amistad-11, cuyo inicio quedó suspendido por la incapacidad financiera de su socio, la estatal angoleña Sonangol.
Según el informe presentado por la compañía, las pruebas realizadas en el yacimiento revelaron un reservorio altamente permeable pero carente de hidrocarburos. El bombeo alcanzó una tasa promedio de 1.220 barriles de agua diarios, con un volumen acumulado de aproximadamente 1.840 barriles y mínima caída de presión. Ante la ausencia total de crudo, la empresa decidió proyectar un nuevo pozo \»gemelo\», el Amistad-11, en un punto estructuralmente más alto para intentar lograr la separación deseada y alcanzar la profundidad óptima del reservorio, con una meta planificada de 1.000 metros de profundidad.
Sin embargo, la ejecución de este nuevo proyecto ha quedado estancada debido a asuntos financieros dentro de la asociación. Aunque Melbana Energy aseguró haber obtenido los permisos de las autoridades de la isla y la aprobación de sus socios, la movilización del equipo se detuvo tras la negativa de Sonangol a remitir más fondos. La empresa angoleña comunicó que no podía enviar capital y solicitó diferir la perforación hasta el próximo año, lo que obligó a la compañía australiana a desmovilizar inmediatamente a su personal.
Contexto de crisis energética y dependencia externa
Este nuevo tropiezo en la exploración petrolera ocurre en medio de la profunda y prolongada crisis energética que sufre la isla. El gobierno cubano ha depositado repetidas esperanzas en proyectos de extracción foránea para mitigar el colapso del sistema eléctrico y la escasez crónica de combustible, factores que han paralizado sectores estratégicos de la economía nacional. La escasa producción nacional —que en el último trimestre reportado apenas sumó 3.101 barriles de crudo entregados a almacenamiento, elevando el inventario total a 36.687 barriles— evidencia la incapacidad del ejecutivo cubano para garantizar la autosuficiencia energética o atraer inversiones sostenibles que no se vean lastradas por la ineficiencia y los obstáculos burocráticos.
El aplazamiento de las operaciones por parte de Melbana Energy y Sonangol augura un escenario aún más adverso para la población, que continúa enfrentando apagones prolongados y un desabastecimiento estructural agudo. Mientras el régimen de La Habana busca desesperadamente aliados internacionales para sostener una infraestructura obsoleta, la falta de resultados concretos en bloques exploratorios clave reafirma que la solución a la crisis energética no llegará en el corto plazo, profundizando el deterioro de la calidad de vida y agudizando la presión social sobre el poder.