Miércoles, 22 de julio de 2026
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«En Cuba, cuando hablabas en privado nadie defendía al régimen»: la vida multifacética de Andrés Pruna Bertot tras huir de la isla

Andrés Pruna Bertot, hombre-rana, cineasta, pintor, fotógrafo y aventurero, rememora en una entrevista su infancia en la Cuba prerrevolucionaria y cómo el advenimiento de la dictadura en 1959 truncó su destino familiar y personal, obligándolo a reconstruir su vida en el exilio.

En un hotel de Collins Avenue, en Miami Beach, Andrés Pruna Bertot reconstruye ante ReporteCubaYa los episodios que marcaron una vida de peripecias extraordinarias. Hombre de múltiples oficios y pasiones, su trayectoria abarca desde el buceo y la espeleología hasta la cinematografía en la Patagonia, la fabricación de tabacos en Florida y la producción de motos eléctricas en China. Sin embargo, el hilo conductor de su relato es uno solo: la Cuba que conoció antes de que el régimen de La Habana transformara radicalmente el destino de su familia y de millones de compatriotas.

Hijo de Fernando Pruna Blanco, abogado habanero con despacho en La Habana Vieja, y de Carolina Bertot Ortiz, descendiente de una familia de ganaderos manzanilleros, Pruna Bertot nació el 8 de agosto de 1940 en una casona de la calle Campanario, en el corazón de la capital. Su infancia transcurrió entre la ciudad y una finca familiar en Nazareno, cerca de San José de las Lajas, donde creció rodeado de campesinos, explorando cuevas y montando a caballo. Aquella Cuba rural y aquella Habana de edificios altos y puntales generosos pertenecen ya a un tiempo irre recuperable, sepultado por décadas de deterioro institucional y colapso material.

Una educación truncada por la revolución

La escolaridad de Pruna Bertot refleja el nivel de oportunidades que ofrecía la Cuba de mediados del siglo XX. Formado en la Ruston Academy y en Saint Georges, dos instituciones privadas bilingües de La Habana, su padre lo envió posteriormente a Eaglebrook School, en Massachusetts, uno de los colegios más exclusivos de Estados Unidos en aquella época. De noche, en La Habana, cursaba estudios en el anexo de la Academia de Bellas Artes San Alejandro, con la intención de dedicarse a la pintura. Tenía además una beca asegurada para estudiar Bellas Artes en Italia. Ninguno de esos planes sobrevivió a 1959. El gobierno cubano, tras tomar el poder, no solo desmanteló las estructuras económicas y educativas existentes, sino que cercenó de raíz los proyectos de vida de toda una generación.

Pruna Bertot pertenece a esa oleada de cubanos que abandonaron la isla en los primeros meses tras el triunfo revolucionario, cuando aún era posible percibir con claridad la dirección totalitaria que tomaría el proceso. Su salida definitiva se produjo en enero de 1959, apenas semanas después de que las fuerzas rebeldes entraran en La Habana. Como tantos compatriotas que lo precedieron y sucedieron en el exilio, tuvo que reinventarse en tierras extranjeras, lejos de la finca de Nazareno, de las Escaleras de Jaruco y de un país que dejó de ser el suyo.

El silencio cómplice que delata al régimen

Una de las afirmaciones más contundentes de Pruna Bertot en su entrevista es aquella que da título a esta nota: «En Cuba, cuando hablabas en privado nadie defendía al régimen». Esa frase sintetiza una realidad que la dictadura cubana ha intentado ocultar durante más de seis décadas mediante el control de los medios de comunicación, la represión sistemática de la disidencia y la fabricación de un consenso artificial que no resiste el menor escrutinio en la intimidad. El contraste entre el discurso oficial y la percepción real de la ciudadania ha sido una constante histórica en la isla, y se ha agudizado en medio de la crisis estructural que vive el país hoy: inflación galopante, desabastecimiento crónico, colapso del sistema eléctrico y una migración masiva que ha vaciado a Cuba de su fuerza productiva y creativa.

La historia de Andrés Pruna Bertot es, en último término, la historia de un país que perdió a miles de sus hijos más talentosos por la obstinación de un poder que jamás aceptó la pluralidad ni el disenso. Su polifacética trayectoria en el exilio —del buceo al cine, de la pintura a la industria— demuestra cuánto talento desperdició Cuba bajo un sistema que priorizó la lealtad ideológica sobre la capacidad individual. Mientras el régimen de La Habana continúa sin ofrecer respuestas a la profundidad de la crisis, voces como la de Pruna Bertot recuerdan que hubo una Cuba antes de la ruina, y que reconstruirla exigirá, inevitablemente, recuperar las libertades que fueron confiscadas en 1959.

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Periodista de Reporte Cuba Ya. Cubre noticias de la isla con enfoque en derechos humanos, política y economía cubana.

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