El deterioro estructural de la sala de espera del Policlínico Sur de Palma Soriano, en Santiago de Cuba, ha dejado a recién nacidos, embarazadas y ancianos expuestos a un inminente riesgo de derrumbe. La denuncia, evidenciada mediante imágenes que muestran el colapso parcial del techo, refleja el estado crítico de la infraestructura sanitaria en la isla, donde la falta de mantenimiento y recursos compromete directamente la seguridad de los pacientes.
El comunicador independiente Yosmany Mayeta Labrada fue quien expuso la grave situación que atraviesa el centro de salud, específicamente en las áreas destinadas a Pediatría y Psiquiatría. Las fotografías difundidas revelan losas caídas, estructuras metálicas a la vista, cableado eléctrico expuesto y filtraciones de humedad. La gravedad del deterioro es tal que, en varios sectores de la sala, las aberturas permiten el paso directo de la luz solar y la lluvia, dejando a los usuarios prácticamente a la intemperie mientras esperan ser atendidos.
Ante esta situación, ciudadanos en redes sociales han señalado la inacción de la dirección del policlínico, aunque otros han precisado que la incapacidad para resolver el aseguramiento material responde a una falla sistémica que emana de las instancias superiores. El régimen de La Habana mantiene el control centralizado de los recursos, lo que imposibilita a los directores locales ejecutar las reparaciones necesarias para garantizar condiciones mínimas de higiene y salubridad en los centros asistenciales.
Un patrón de abandono en la salud pública cubana
El caso del Policlínico Sur no es un hecho aislado, sino la consecuencia directa de años de desinversión y abandono por parte del gobierno cubano en la red hospitalaria. En los últimos tiempos, han sido constantes los reportes de desplomes y evacuaciones en instalaciones de salud a lo largo del país. En La Habana, el Hospital Calixto García ha sufrido el desprendimiento de techos en múltiples ocasiones con pacientes en el interior. De igual manera, en Camagüey, el Hospital Universitario Manuel Ascunce Domenech tuvo que ser desalojado tras el levantamiento del suelo en su área oftalmológica debido a problemas estructurales severos.
La sucesión de estos episodios evidencia un colapso estructural que pone en peligro constante la vida de pacientes, acompañantes y personal médico. Mientras la dictadura cubana prioriza otros rubros frente al bienestar de la población, la ciudadanía se ve obligada a recibir atención médica en instalaciones ruinosas. El temor a una tragedia mayor crece entre los cubanos, quienes enfrentan no solo la escasez de medicamentos y especialistas, sino también la vulnerabilidad física de unos centros sanitarios que, lejos de ser refugios de salud, se han convertido en escenarios de riesgo permanente.