El secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, advirtió que el régimen de La Habana \»está en serios problemas\» y no descartó que sea el próximo objetivo de la política exterior de Washington tras la captura del dictador Nicolás Maduro. En comparecencias en medios nacionales estadounidenses, el funcionario evidenció el control ejercido por la inteligencia cubana sobre la cúpula chavista y reafirmó la presión económica contra el narcoterrorismo en la región.
Durante sus intervenciones en los programas Face the Nation (CBS) y Meet the Press (NBC), Rubio despejó dudas sobre la postura de Washington tras la detención de Maduro. Aunque evitó adelantar los próximos pasos respecto a la dictadura cubana, dejó entrever una posible escalada de acciones al ratificar su histórico rechazo al castrismo, principal aliado del líder chavista depuesto. El jefe de la diplomacia estadounidense fue contundente al señalar la injerencia de La Habana en Caracas, asegurando que el aparato de seguridad interna de Maduro estaba completamente controlado por agentes cubanos.
\»Quienes, al menos dentro del régimen, han colonizado el país, son los cubanos\», aseveró Rubio, desmintiendo la narrativa que acusa a Estados Unidos de rapacidad. El funcionario detalló que la custodia de Maduro no estaba en manos de guardaespaldas venezolanos, sino de personal de la isla, al igual que la red de espionaje interno encargada de vigilar y reprimir cualquier intento de traición dentro del chavismo. Esta revelación subraya el nivel de dependencia y subordinación que el gobierno cubano ha consolidado sobre Venezuela durante décadas.
Una dictadura acorralada y en crisis estructural
El señalamiento de Washington llega en un momento de vulnerabilidad extrema para las autoridades de la isla. La pérdida de su principal aliado y patrocinador en Caracas amenaza con agravar el colapso sistémico que ya asfixia a la población cubana. Con una economía estrangulada por la hiperinflación, el desabastecimiento crónico de combustible y alimentos, y un éxodo migratorio sin precedentes, el régimen de La Habana enfrenta el fantasma de su aislamiento definitivo. La inminente interrupción del flujo de petróleo venezolano, su principal sostén energético, podría precipitar escenarios de mayor inestabilidad social y, con ello, un endurecimiento de la represión estatal para contener el descontento ciudadano.
En relación a Venezuela, Rubio aclaró que Estados Unidos no está en guerra contra el país caribeño, sino que libra una batalla contra el Cartel de los Soles, el terrorismo y las amenazas a la seguridad nacional. El ejecutivo cubano-americano aseguró que se mantendrá la cuarentena petrolera y la incautación de barcos sancionados hasta que haya cambios reales que beneficien al pueblo venezolano. Asimismo, exigió el cese del narcotráfico, la expulsión de las FARC y el ELN, y el enfriamiento de la colaboración con Hezbolá e Irán. Sobre la presencia de tropas estadounidenses en territorio venezolano, Rubio negó su existencia, pero recordó que el presidente Donald Trump no descarta públicamente ninguna opción disponible.
La detención de Maduro y la advertencia directa a La Habana marcan un punto de inflexión en la geopolítica del hemisferio. Para la ciudadanía cubana, el cerco sobre la cúpula militar y de inteligencia que sostiene a la dictadura representa una de las pocas esperanzas reales de quiebre del modelo autoritario. La comunidad internacional observa ahora cómo las autoridades de la isla responderán a la pérdida de su escudo venezolano, en un escenario donde la presión diplomática y económica de Washington podría aislar definitivamente al gobierno cubano y acelerar el desenlace de una crisis que se prolonga por más de seis décadas.