El Sistema Eléctrico Nacional (SEN) enfrenta un nuevo colapso con un déficit de generación de 1.400 megavatios (MW), lo que obligará a las autoridades de la isla a aplicar cortes de luz simultáneos en aproximadamente el 48 % del territorio nacional. La medida confirma que la breve tregua energética durante las fiestas fue una maniobra coyuntural del gobierno cubano y no el resultado de mejoras estructurales en la red.
Según el informe diario de la Unión Eléctrica (UNE), para el horario de mayor consumo, durante la tarde y la noche, la disponibilidad apenas alcanzará los 1.550 MW frente a una demanda estimada de 2.950 MW. Esta brecha de 1.400 MW se traducirá en una afectación máxima de 1.430 MW, sumiendo a amplias zonas del país en la oscuridad. El reporte oficial detalla que plantas termoeléctricas clave, como Felton, Mariel, Santa Cruz y Cienfuegos, permanecen fuera de servicio debido a averías y mantenimientos prolongados.
A la obsolescencia de la infraestructura se suma la aguda escasez de combustibles. El ejecutivo cubano ha paralizado 79 centrales de generación distribuida por falta de abastecimiento, mientras que las embarcaciones eléctricas se mantienen inoperativas ante la carencia de diésel y lubricantes. Esta combinación de falta de inversión, envejecimiento del parque generador y desabastecimiento crónico evidencia la incapacidad del régimen de La Habana para garantizar un servicio básico y esencial para la población.
Una tregua ilusoria y el desgaste ciudadano
La reducción temporal de los cortes de luz durante los días festivos fue percibida por la ciudadanía como un mero alivio táctico para maquillar la crisis durante las celebraciones tradicionales. El regreso inmediato a los apagones prolongados ha exacerbado la indignación social. En los espacios oficiales de comunicación de la UNE, los cubanos han exteriorizado su cansancio ante una situación que se ha normalizado, denunciando que \»comer a oscuras\» es ya parte de la rutina diaria y cuestionando la opacidad en la gestión de los escasos recursos energéticos del país.
Para millones de cubanos, el inicio del año confirma la profundidad de la crisis estructural que atraviesa la isla, donde el colapso de los servicios públicos se entrelaza con la inflación galopante, el desabastecimiento y la falta de libertades. Sin proyectos viables de inversión o rehabilitación por parte de la dictadura cubana, la población continúa soportando las consecuencias directas de la ineficiencia estatal, con un horizonte a corto plazo que se vislumbra tan oscuro como los hogares afectados por los constantes cortes de electricidad.