El mandatario cubano, Miguel Díaz-Canel, utilizó la red social X para celebrar \»imposibles vencidos\» y anunciar el 2026 como el año del centenario de Fidel Castro, en un discurso que ignora el colapso económico, la escasez alimentaria y el endurecimiento de la represión política en la isla.
En dos publicaciones consecutivas, el ejecutivo cubano llamó a la unidad bajo el legado fidelista y afirmó que el año nuevo es \»sinónimo de triunfo\». Estas declaraciones contrastan de forma abrupta con la realidad que enfrentan millones de cubanos, quienes a lo largo del año han padecido una inflación galopante, salarios sin poder adquisitivo y una escasez severa de alimentos que ha derivado en casos documentados de desnutrición, afectando especialmente a la población infantil y a los ancianos.
El régimen de La Habana ha mantenido un relato épico a través de un video institucional, en el que Díaz-Canel asegura que cada tarea emprendida llevará \»el espíritu fidelista\» y un \»compromiso con la justicia social\». Sin embargo, este mensaje se difunde en medio del colapso de los servicios básicos. El país ha sufrido apagones prolongados, un deterioro estructural que ha provocado derrumbes mortales en zonas urbanas como La Habana, y un sistema de salud pública en ruinas, donde la falta de medicamentos esenciales ha causado la muerte de pacientes por enfermedades plenamente tratables.
Represión y silencio ante la crisis carcelaria
El llamado a celebrar supuestos logros por parte de la dictadura cubana omite por completo la grave situación de los derechos humanos en el país. Organizaciones independientes documentan a más de mil personas encarceladas por motivos políticos. Además, se han reportado denuncias sobre muertes bajo custodia debido a la negligencia médica y a las condiciones inhumanas de reclusión, así como el fallecimiento de jóvenes durante el servicio militar, casos que las autoridades han intentado silenciar ante la falta de transparencia informativa.
Mientras el gobierno cubano insiste en repetir consignas históricas del poder, la ciudadanía enfrenta un éxodo migratorio sostenido que desintegra a las familias y vacía al país. El mensaje de fin de año evidencia, una vez más, la profunda desconexión entre la narrativa oficial y la precariedad extrema que dicta la vida cotidiana en Cuba, augurando un escenario de tensión social y crisis institucional que la retórica del Estado parece incapaz de resolver.