La corporación militar Gaviota, vinculada al conglomerado GAESA, abrió las puertas de un nuevo hotel de cinco estrellas en Varadero en alianza con la cadena italiana Domina Hotels Group. La inauguración llega en medio del reconocimiento oficial de un fracaso rotundo en las metas turísticas para 2025, evidenciando la desconexión entre los negocios del aparato militar y la profunda crisis económica que atraviesa la isla.
La instalación, bautizada como Domina Marina Varadero, cuenta con más de 400 habitaciones y se presenta como un complejo de alta gama orientado al turismo familiar y náutico. Aunque la marca internacional gestiona la operación, el socio local es Gaviota, el mayor operador hotelero de Cuba y una entidad sancionada por el Departamento de Estado de Estados Unidos por su estrecha vinculación con las fuerzas armadas. El resort promociona servicios exclusivos como cuatro piscinas, spa, centro de convenciones y un puerto deportivo con capacidad para unas 1.200 embarcaciones.
Este lanzamiento comercial contrasta de manera abrupta con los pobres resultados del sector. El ministro de Economía y Planificación, Joaquín Alonso Vázquez, reconoció recientemente que los ingresos por turismo en 2025 apenas alcanzarán los 917,4 millones de dólares, cumpliendo solo con el 75,8 % de lo previsto. Asimismo, la llegada de visitantes se situaría en torno a los 1,9 millones, un escaso 73,1 % de la meta anual, lo que confirma la incapacidad del gobierno cubano para reactivar una industria que alguna vez fue el principal motor de la economía nacional.
Un modelo agotado y la exclusión del sector privado
El desplome turístico reaviva el debate sobre la ineficiencia del modelo estatal centralizado. El economista cubano Omar Everleny Pérez ha señalado la urgencia de abrir el sector a la iniciativa privada, eliminando las trabas burocráticas que asfixian a las mipymes y cuestionando el esquema de \»todo incluido\». Este formato, según el experto, confina el gasto de los visitantes dentro de los complejos hoteleros, impidiendo un derrame económico real hacia la población local, que continúa sumida en la inflación, el desabastecimiento y el colapso de los servicios públicos.
A pesar de la evidente crisis, las autoridades de la isla mantienen un discurso alejado de la realidad, proyectando recibir a 2,2 millones de turistas en 2026. Mientras el régimen de La Habana prioriza la apertura de instalaciones de lujo administradas por la cúpula militar, la ciudadanía no percibe mejoría alguna en sus condiciones de vida. La apuesta por un turismo elitista y encapsulado, en detrimento de una economía nacional integradora, refleja una vez más las prioridades de un sistema que privilegia el control y el lucro militar sobre el bienestar social de los cubanos.