La ministra presidente del Banco Central de Cuba (BCC) compareció en la televisión estatal para anunciar la creación de una nueva tasa de cambio, una medida que, lejos de unificar la moneda, añade una tercera distorsión al ya colapsado sistema financiero de la isla y profundiza la incertidumbre económica de la población.
La intervención de la máxima autoridad del BCC ha generado profundas dudas entre analistas y ciudadanos. La funcionaria aseguró que, para corregir las distorsiones generadas por la existencia de dos tasas de cambio actuales, era imprescindible instaurar una tercera. Esta lógica burocrática recuerda a los errores de la llamada \»Tarea Ordenamiento\», cuando el gobierno cubano eliminó el CUC pero creó el sistema de MLC y reactivó el uso del dólar en un esquema de dinero virtual controlado por empresas estatales, el cual no permite extracción de efectivo, transferencias al exterior ni genera intereses.
El anuncio contrastó de manera evidente con declaraciones previas de la propia ministra, quien apenas 48 horas antes había reconocido que no existían las condiciones para establecer un mercado cambiario con una tasa flotante. La apresurada rectificación, leída visiblemente de un teleprompter, levantó sospechas sobre su verdadero propósito. La elección de la fecha y la redacción confusa del mensaje parecieron más un acto de desesperación institucional que una política económica estructurada, dejando a la mayoría de la población —que carece de acceso a divisas— sin respuestas reales a su crisis de liquidez.
Contexto de crisis y desconexión con la realidad ciudadana
La medida se inserta en un contexto de profundo colapso estructural. La inflación galopante, el desabastecimiento crónico y la total depreciación del peso cubano han empujado a la ciudadanía a depender exclusivamente del mercado informal, donde la tasa paralela marca el verdadero valor de la moneda nacional. Mientras las autoridades de la isla manipulan indicadores financieros, los cubanos enfrentan dificultades extremas para adquirir productos básicos, sufriendo las consecuencias directas de años de mala gestión y la falta de libertades económicas.
El intento de coqueteo con el dólar y la pretensión de sustituir la tasa del mercado informal no resuelven la miseria material de la población. Por el contrario, la creación de múltiples tasas cambiarias solo perpetúa la fragmentación financiera y la desigualdad. Ante la incapacidad del ejecutivo cubano para ofrecer soluciones reales, la ciudadanía continúa soportando el peso de un sistema fracasado, mientras la dictadura se enfoca en maniobras de distracción que no logran ocultar el agotamiento definitivo de su modelo económico.