La empresa estatal RTV Comercial prepara una serie dramatizada sobre la adolescencia del fallecido líder cubano, con un presupuesto inicial de 90 millones de pesos solo para el capítulo piloto, un desembolso que ha generado rechazo generalizado en un gremio audiovisual sumido en la crisis y el desabastecimiento.
El proyecto, que se encuentra en fase de preproducción y no ha sido anunciado de forma oficial por la televisión estatal, se maneja con un hermetismo que un trabajador del sector calificó como ‘\»secreto de Estado’\». Las autoridades de la isla pretenden centrar la trama en los años del exmandatario en el Colegio de Belén. Sin embargo, fuentes consultadas dudan que el calendario de filmación pueda cumplirse ante la profunda crisis económica y energética que atraviesa el país, marcada por apagones constantes y escasez de recursos técnicos.
La producción quedó en manos de RTV Comercial, entidad dirigida actualmente por Rafael Yaech Solís, tras la destitución y sanción de su anterior director, Joel Ortega Quintero, por presuntas irregularidades administrativas. No obstante, el mayor foco de críticas dentro del gremio recae en la designación de Rolando Boet como director general de la serie. Boet, instructor de arte sin experiencia previa en realización audiovisual, tiene una trayectoria vinculada al teatro de aficionados y a la maquinaria de montajes para tribunas abiertas del Gobierno.
Impunidad burocrática y opacidad en la gestión cultural
La cercanía de Boet al aparato político-cultural, sumada a su relación sentimental con Lizette Martínez, viceministra de Cultura, ha levantado suspicacias sobre los criterios de meritocracia en la designación del proyecto. Para los profesionales del audiovisual, su colocación al frente de una producción de tal envergadura responde más a la confianza del poder que a la capacidad artística, evidenciando el control burocrático sobre los espacios de creación.
El dato que más reclamos genera dentro del sector es el presupuesto. La cifra de 90 millones de pesos para un solo capítulo piloto contrasta de forma abrupta con el estado de deterioro de la producción dramatizada nacional. El régimen de La Habana ha sometido al sector a recortes severos, dejando a los cineastas trabajando con recursos mínimos y lidiando con las deficiencias de la infraestructura pública.
El costo del culto a la personalidad en medio de la emergencia nacional
Mientras la inflación devora los salarios, el éxodo migratorio vacía las filas de profesionales y los servicios públicos colapsan, el gobierno cubano prioriza la financiación de proyectos propagandísticos por encima de la sostenibilidad de su propia industria cultural. La asignación de recursos millonarios para enaltecer la figura del líder histórico subraya la desconexión total entre las prioridades del Estado y las necesidades reales de la población.
Esta decisión evidencia una vez más cómo la dictadura cubana subordina la cultura a la propaganda, castigando al sector audiovisual con recortes y abandono mientras canaliza fondos millonarios hacia la exaltación de sus figuras históricas. La consecuencia inmediata será un mayor deterioro de la ya maltrecha infraestructura de producción nacional y la profundización de la brecha entre los creadores y el aparato estatal que los controla.