El médico internista Lázaro Elieser Leyva García ha cuestionado públicamente la narrativa del régimen de La Habana sobre la actual crisis epidemiológica que atraviesa la isla. A través de un análisis publicado en redes sociales, el especialista advierte que los cuadros clínicos reportados no coinciden con el comportamiento habitual de enfermedades como el dengue o la chikungunya, exigiendo transparencia y la apertura a nuevas hipótesis diagnósticas ante el colapso del sistema de salud.
En su exposición, Leyva García reconoce la circulación de arbovirosis en el territorio nacional, pero subraya que las neumonías fulminantes, el deterioro acelerado de los pacientes y el incremento de fallecidos sin diagnóstico claro no se explican exclusivamente por estos virus transmitidos por mosquitos. El galeno, con formación en España, insiste en que la incertidumbre diagnóstica obliga a las autoridades de la isla a considerar todos los escenarios posibles, incluido un repunte de la COVID-19, y a solicitar apoyo internacional ante la evidente falta de vigilancia epidemiológica.
Ante el escepticismo ciudadano sobre un posible rebrote de COVID-19 tras la campaña masiva de vacunación, el especialista ofrece una explicación inmunológica. Leyva García recuerda que las vacunas nacionales Abdala y Soberana, si bien redujeron complicaciones en su momento, no fueron evaluadas por la Organización Mundial de la Salud (OMS), carecen de verificación externa sobre la duración de su protección y no se estudiaron frente a variantes posteriores del virus. Esta falta de actualización de refuerzos, sumada al estrés inmunológico generalizado de la población debido a la crisis alimentaria y social, facilita la propagación de patógenos más evasivos.
Colapso asistencial y opacidad informativa
La alerta médica coincide con un profundo déficit de pruebas PCR y estudios de laboratorio, lo que ha llevado al sistema sanitario a diagnosticar basándose únicamente en síntomas inespecíficos. Según cifras del Ministerio de Salud Pública, el gobierno cubano registra cerca de 44.000 personas con \»síndrome febril inespecífico\», una categoría utilizada ante la carencia casi total de pruebas de confirmación. De los más de 37.000 casos reportados como positivos para chikungunya, apenas el 3% han sido corroborados mediante estudios de laboratorio. Actualmente, 107 personas permanecen en cuidados intensivos, incluyendo 25 menores de edad, mientras las autoridades sanitarias omiten detalles sobre el número real de fallecidos.
La incapacidad del ejecutivo cubano para garantizar un diagnóstico certero y el ocultamiento sistemático de la información reflejan el deterioro estructural del sistema de salud, otrora vitrina internacional del régimen. La falta de transparencia no solo impide un abordaje adecuado de la emergencia sanitaria, sino que pone en riesgo directo a la ciudadanía, especialmente a la población infantil y juvenil. Ante la pasividad institucional y la censura impuesta por la dictadura cubana a las voces críticas dentro del sector médico, urge que los organismos de salud regionales exijan acceso independiente a los datos para evaluar la verdadera magnitud de esta crisis.