Centenares de residentes en varios barrios de Santiago de Cuba protagonizaron protestas callejeras este domingo para exigir el restablecimiento del servicio eléctrico, ausente por hasta 18 días tras el paso del huracán Melissa. Las movilizaciones, que incluyeron el bloqueo de vías públicas, reflejan el agotamiento de la población ante la inoperancia del gobierno cubano para resolver la crisis energética en el oriente del país.
Las manifestaciones se concentraron inicialmente en el reparto Altamira, específicamente en las calles 7, 10 y 12. Los habitantes de esta zona llevaban casi tres semanas sin electricidad, a pesar de que el circuito general ya contaba con energía. La desesperación de las familias, obligadas a cocinar con carbón y soportar plagas de mosquitos mientras cuidan a personas vulnerables y enfermas, alcanzó un punto de quiebre. Durante la protesta, los vecinos retuvieron un vehículo de la Empresa Eléctrica, exigiendo soluciones inmediatas en lugar de evasivas.
La tensión en Altamira se exacerbó con la aparición de una mujer que se identificó como la esposa del presidente del Consejo Popular local, alegando ser la \»encargada del servicio eléctrico\». La presencia de un familiar de un funcionario en un rol no electivo para calmar los ánimos fue rechazada de plano por la comunidad, que exigió respuestas formales. Aunque llegaron dos patrullas de la policía, los manifestantes mantuvieron su posición. Horas después de la presión popular, algunos tramos de la calle 7 de Mármol fueron energizados, demostrando que las respuestas del régimen de La Habana solo llegan cuando el descontento social se hace visible en las calles.
La indignación también se extendió al barrio El Carmen, en la zona de Mar Verde. Allí, los residentes cortaron el tráfico durante casi una hora para protestar no solo por la falta de electricidad, sino también por la ausencia de agua potable y asistencia humanitaria. En este caso, la protesta transcurrió sin la presencia de ningún representante del gobierno municipal, del Consejo Popular o de la Empresa Eléctrica, profundizando la sensación de abandono institucional que impera en las periferias de la isla.
Un colapso estructural que asfixia al oriente cubano
Estas movilizaciones no son hechos aislados, sino el síntoma de una crisis estructural profunda que atraviesa el país, particularmente en las provincias orientales. El paso del huracán Melissa ha dejado al descubierto la fragilidad del sistema eléctrico nacional, colapsado por décadas de falta de mantenimiento e inversión. Las autoridades de la isla han demostrado una incapacidad crónica para gestionar las emergencias, sometiendo a la población a cortes de energía que se extienden por semanas, lo que agrava la ya crítica situación epidemiológica y económica de la nación.
El estallido social en Santiago de Cuba augura un escenario de creciente inestabilidad si la dictadura cubana continúa ignorando las demandas básicas de su población. La falta de servicios esenciales, sumada a la ausencia de canales institucionales legítimos para el reclamo ciudadano, empuja a los cubanos a la protesta callejera como única vía de presión efectiva. La comunidad internacional debe observar con atención cómo el régimen gestionará esta ola de descontento, en medio de un contexto donde la represión y el abandono estatal se entrelazan en el día a día de la ciudadanía.