El paso del huracán Melissa por el oriente cubano ha dejado un panorama de devastación e incomunicación, con graves inundaciones, derrumbes y un colapso total de las redes de telecomunicaciones. Las provincias de Guantánamo, Santiago de Cuba, Granma, Holguín y Las Tunas enfrentan severas afectaciones que evidencian la vulnerabilidad de la isla frente a eventos meteorológicos, agravada por la falta de preparación y el deterioro estructural de los servicios públicos bajo el régimen de La Habana.
La Empresa de Telecomunicaciones de Cuba (ETECSA) reportó que la infraestructura de red sufrió daños severos, dejando a millones sin acceso a servicios móviles y fijos. Guantánamo presenta un 92% de afectación, seguido por Granma con un 88%, Santiago de Cuba con un 86%, Holguín con un 78% y Las Tunas con un 59%. El apagón generalizado por la falta de fluido eléctrico y los problemas de conectividad han saturado las pocas radiobases operativas, aislando a comunidades enteras en medio de la emergencia.
Las autoridades de la isla han confirmado inundaciones críticas y derrumbes, especialmente en la provincia de Granma, donde el desbordamiento del río local en el municipio de Jiguaní sumergió un alto porcentaje de viviendas e instituciones. En Holguín, el río Sagua de Tánamo continúa en ascenso, mientras que el emblemático mirador Los Caneyes de Gibara colapsó. El fenómeno meteorológico, que se desplaza hacia el norte-noreste y comienza a abandonar el territorio nacional, ha dejado a su paso la pérdida de techos y caminos bloqueados en zonas urbanas y rurales.
Responsabilidad del Estado y denuncia internacional
Ante la crisis, la activista y funcionaria de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), Rosa María Payá, responsabilizó directamente a la dictadura cubana por la magnitud del desastre. En sus declaraciones públicas, Payá señaló que el gobierno de Miguel Díaz-Canel es culpable de la falta de recursos y preparación, acusando al sistema de obstaculizar la asistencia, robar la ayuda humanitaria y condenar a la población a la indefensión. \»Cambiar el sistema es una cuestión existencial. Salir de la crisis es salir de la dictadura\», enfatizó, subrayando la disposición de los cubanos en el exilio para brindar apoyo directo a la isla.
La tragedia expone con crudeza la crisis estructural que sufre la nación. El colapso del sistema eléctrico, la precariedad del parque inmobiliario y la ineficacia en la gestión de riesgos no son anomalías temporales, sino consecuencias directas de la mala gestión centralizada. Mientras el ejecutivo cubano mantiene el control absoluto sobre los escasos recursos, la ciudadanía enfrenta la emergencia sin margen de maniobra, en un contexto ya golpeado por la hiperinflación, el desabastecimiento crónico y un éxodo migratorio sin precedentes.
Organizaciones internacionales como UNICEF ya han comenzado a distribuir ayuda humanitaria de emergencia en el territorio nacional. Sin embargo, el futuro inmediato para los orientales se presenta incierto y complejo. La reconstrucción de las zonas afectadas se perfila lenta frente a la inoperancia burocrática, lo que obligará a la comunidad internacional a mantener una vigilancia estricta sobre la canalización de los recursos. La incapacidad del gobierno cubano para proteger a su población reaviva el debate sobre la urgencia de una transición que permita a la sociedad civil gestionar su propio destino y superar el ciclo de vulnerabilidad.