La Unión Eléctrica (UNE) anunció que concentrará la escasa energía disponible en las provincias orientales ante la inminente llegada del huracán Melissa, una decisión que profundizará los apagones en el resto del país. Mientras el Estado Mayor Nacional de la Defensa Civil declara la fase de alarma en seis provincias, el régimen de La Habana reconoce tácitamente la incapacidad del sistema nacional para responder a una crisis de esta magnitud.
El Centro Nacional de Huracanes de Estados Unidos (NHC) clasificó a Melissa como un huracán de categoría 5 en la escala Saffir-Simpson, con vientos máximos de 270 km/h. El organismo internacional advirtió que el núcleo del sistema se desplazará sobre el sureste de Cuba, trayendo consigo acumulados de lluvia de entre 15 y 20 pulgadas, inundaciones repentinas y una potencial marejada ciclónica con alturas de hasta 11 pies. Ante este panorama, el Instituto de Meteorología de Cuba (INSMET) prevé un deterioro acelerado de las condiciones meteorológicas en las zonas montañosas y litorales del oriente.
En el frente operativo, el director de la UNE, Félix Estrada Rodríguez, detalló que el déficit de generación rondará los 1.775 megavatios (MW) durante la noche. La entidad estatal procederá a la desconexión voluntaria del servicio cuando las rachas de viento superen los 60 km/h. Como medida de contingencia, el gobierno cubano ha ordenado la evacuación de cerca de 650.000 personas en las provincias orientales, además de suspender las actividades docentes y cancelar vuelos, trenes y viajes en autobuses hacia y desde Santiago de Cuba y Holguín.
Un sistema eléctrico al borde del colapso total
La decisión de sacrificar el servicio eléctrico en occidente para intentar blindar el oriente evidencia el colapso estructural del Sistema Electroenergético Nacional (SEN). Durante meses, la población cubana ha soportado apagones prolongados que en muchas provincias superan las 12 horas diarias, sumiendo a los hogares en la angustia ante la falta de refrigeración y el deterioro de los alimentos. Esta crisis energética se entrelaza con la inflación galopante, el desabastecimiento crónico de medicinas y la represión social que ha desencadenado un éxodo migratorio sin precedentes, dejando a la ciudadanía en una situación de extrema vulnerabilidad ante el embate meteorológico.
El impacto de un huracán de categoría 5 sobre una infraestructura colapsada augura un escenario crítico para los próximos días. La falta de recursos materiales y la ineficiencia burocrática del régimen de La Habana amenazan con ralentizar cualquier intento de recuperación en las zonas afectadas. Ante la inminente crisis humanitaria que se avecina, la comunidad internacional y la diáspora cubana deberán redoblar su atención, ya que la dictadura cubana ha demostrado reiteradamente su incapacidad para proteger la vida y los bienes de la población sin depender de la asistencia externa.